Defensa del INAH frente al reglamento de la nueva secretaría

Para el doctor en historia Bolfy Cottom, hay una tendencia a restarle fuerza al Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuando debiera dársele mayor presupuesto para reforzar sus atribuciones. Y no, como pretende el reglamento que circula, otorgarle a Sitios y Monumentos las facultades que ya detentan por ley tanto el INAH como el INBA. Cottom desarrolla un andamiaje analítico que cuestiona toda la política cultural oficial.

Contrario a lo señalado por Rafael Tovar y de Teresa, secretario de Cultura, en el sentido de que no hay razón para que los trabajadores del sector participen en la discusión y elaboración de su reglamento interno, para el antropólogo y especialista en legislación cultural Bolfy Cottom es deseable que se tenga capacidad para el diálogo.

Sin ello, subraya, podría abrirse otro frente de conflicto entre las ya múltiples inconformidades que se están viviendo.

Se debe comprender que es un asunto “de la mayor trascendencia para el país”, dice el investigador ante la posibilidad de que en detrimento de las atribuciones y funciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se fortalezca a la Dirección de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural, como se establece en el borrador  del reglamento (que a decir de Tovar no es la versión definitiva sino una de las más de veinte que se han trabajado).

En su opinión es irresponsable pretender debilitar, por la vía de un reglamento administrativo, a instituciones como el INAH, que además de haber sido creada por ley del Congreso y contar por ello con personalidad jurídica y patrimonio propios, recoge en sus objetivos y atribuciones más de 200 años de interés del Estado por preservar el patrimonio cultural de la nación.

El investigador de la Dirección de Estudios Históricos de dicho instituto, autor de libros como Los derechos culturales en el marco de los derechos humanos en México, destaca en entrevista con Proceso en su centro de trabajo que se debe defender el futuro de la institución:

“Y cuando digo futuro del instituto es determinar qué papel juega la historia, la memoria histórica, en la dinámica cultural en este modelo de país, en este proyecto de nación del actual gobierno.”

Control político

Cuando en diciembre de 2015 se aprobó la creación de la Secretaría de Cultura (SC), su titular ofreció tener listo su reglamento para abril de este año. La entrega se ha venido postergando y recientemente declaró a los medios que “se ha sobrevalorado el papel del reglamento… se le ha visto casi como una ley”. Dijo que en realidad es un documento para organizar la dependencia y no importa que se retrase más.

En su momento se dijo también que la SC eliminaría la duplicidad de funciones. Como han consignado Proceso y la agencia Apro, los trabajadores han demandado participar en la creación del reglamento. En días pasados hubo una reunión –para Tovar tersa, para los sindicatos ríspida–, y no se logró ningún acuerdo pues el secretario insistió en que es tarea del ejecutivo. Ahora, al inaugurar la XXVIII Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, el funcionario destacó el viernes 23 la importancia de instituciones como el INAH e INBA y se dijo abierto al diálogo con los trabajadores.

El jurista Cottom manifiesta la importancia de que en la discusión del reglamento participen las distintas dependencias culturales y se tome en cuenta el proceso histórico de su conformación administrativa para comprender la razón de ser de cada una.

Recuerda que la Dirección General de Sitios y Monumentos se creó con otro nombre en la desaparecida Secretaría del Patrimonio Nacional (1958), para atender los monumentos históricos de propiedad federal (particularmente los de carácter religioso, como los templos). En tanto, el INAH tiene como propósitos investigar, conservar y difundir los patrimonios arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de la nación “con el fin de fortalecer  la identidad y memoria de la sociedad que lo detenta”, según dicen las páginas web de cada dependencia.

Para el doctor en historia lo lógico es fortalecer al INAH, darle mayor presupuesto para hacer mucho más fuertes sus atribuciones, dotarlo del personal necesario. Y no, como pretende el reglamento que circula, otorgarle a Sitios y Monumentos las facultades y atribuciones que ya detentan por ley el INAH y el INBA. Sería duplicar funciones.

En este sentido menciona que también se ha dicho que hay duplicidad en materia editorial pues diversas áreas editan libros, revistas y otros materiales (Bellas Artes, INAH, dirección general de Publicaciones, Culturas Populares, entre otras). Y advierte del peligro de centralizar en una sola área un trabajo que requiere de órganos colegiados, evaluadores, dictámenes que tienen su especialidad en cada institución:

“Si eso se llega a centralizar sería una especie de control no sólo administrativo, sino un control político de las publicaciones. Creo que sí tiene una razón de ser que cada dependencia, cada organismo, mantenga esa área.”

Personalidad jurídica

En el decreto de creación de la SC se atribuyeron al titular funciones en materia de monumentos que corresponden a los institutos INAH e INBA, Cottom explica que es así por tratarse de que la SC es ahora la nueva cabeza de sector. Lo que es preocupante, añade, es que se reconociera al INAH como una institución desconcentrada, con personalidad jurídica, pero no se mencionara que tiene patrimonio propio pues eso podrá causar en el futuro un conflicto que habrá de resolver el poder judicial. Al INBA ni siquiera se le reconoció personalidad jurídica propia.

Plantea que tarde o temprano se habrá de reconocer que ambos institutos deben ser organismos descentralizados, con otra estructura orgánica y otra manera de gobernarse, con mayor autonomía técnica y administrativa del poder central. Podrían tener, por ejemplo, un órgano de gobierno colegiado, que quien lo dirija sea elegido por una junta de gobierno (como en la Universidad Nacional Autónoma de México), o con un mecanismo donde la comunidad pueda participar, independientemente de que al final el presidente de la República elija de entre algunas propuestas y haga el nombramiento.

Lo que ya no se puede, subraya, es seguir con “esa dependencia política que lo único que hace es debilitar a las instituciones”.

Menciona como el ejemplo más claro el hecho de que en lo que va de esta administración se haya cambiado de director general en el INAH dos veces (Sergio Raúl Arroyo y María Teresa Franco) pues “es señal de debilitamiento, de inestabilidad” y “no es posible que estemos dependiendo de los apoyos o no apoyos y de las bendiciones del superior jerárquico.

“No podemos estar al vaivén de los intereses políticos, de la conveniencia de quien está al frente. Eso es grave y más en una institución como el INAH.”

Cottom detalla que el INAH es la única institución en el país que desarrolla tres papeles fundamentales:

Es centro de investigación (cuenta
con diversas áreas para el estudio
de investigación de arqueología, antropología, historia, etnología, antropología social, etnohistoria, lingüística y paleontología, entre otras áreas).

Centro de educación superior (a través de las escuelas nacionales de Antropología e Historia; de Conservación, Restauración y Museografía; y de Antropología e Historia del Norte de México, ésta última en Chihuahua).

Y es autoridad en materia de monumentos, pues es responsable de la aplicación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, así como de la Ley General de Bienes Nacionales en lo relativo a monumentos arqueológicos e históricos.

“Es impresionante, inmenso el tamaño del INAH y el trato que le dan es tontamente de menor de edad.”

Se recordará que el etnólogo Arroyo fue sustituido por Teresa Franco en julio de 2013, a unos meses de haber tomado el cargo. Y el 16 de agosto pasado renunció Franco en medio de rumores , y en su lugar se nombró de manera interina al antropólogo Diego Prieto. El primer cambio se atribuyó a la posible negativa del etnólogo a autorizar las obras que el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, realizaba en su entidad, como el teleférico de la ciudad y el Parque de las Siete Culturas en Cholula.

Cottom indica que fue un despido disfrazado de renuncia por esos factores y otros, como el que “muchos de los grandes empresarios, miembros de los patronatos, se quejaron porque se les acotó el margen de manejo y manipulación de centros culturales con sus propios fines.

“El instituto estaba mermado en sus atribuciones: El Museo Nacional de Antropología, utilizado como galería, a veces salón de modas para pasarelas o para fiestas de esas de dj, y esas cosas, evidentemente era una afrenta a la atribuciones del Estado.

“Por otro lado, había una reacción de varios gobernadores de los estados que no querían someterse, por decirlo de esta manera y con todo respeto, a las atribuciones o a las facultades del gobierno federal que le correspondían a la Secretaría de Educación Pública a través del INAH.”

Todo ello, dice, generó inconformidades y nunca se tomó la versión del etnólogo para que dijera con la mayor objetividad lo que estaba sucediendo, los intereses fueron “como una aplanadora”. Al final “se tomó una decisión, desde mi punto de vista irresponsable, de pedirle la renuncia”.

Con la salida de Franco, el académico ve más claro el propósito de desmantelar al INAH. Y con el pretexto de que existen ahora diferentes patrimonios (intangible, artístico, mixto), se busca quitarle al instituto sus atribuciones en esas áreas para que formen parte de la estructura orgánica de la secretaría quizá en una subsecretaría (en el reglamento que circula se atribuyen al subsecretario de Diversidad Cultural y Fomento a la Lectura).

Juzga que en suma es una merma al trabajo del instituto a la cual se suma el recorte presupuestal, la falta de apoyo a la investigación y la docencia. Solicitar apoyo –dice– es como pedir limosna, no se compara con los recursos que recibe la UNAM. Parte de estas tareas se realizaban con los ingresos autogenerados (obtenidos por la entrada a zonas arqueológicas y otros servicios), pero se le están dando al INAH menos de 30% de ellos.

El problema entonces, dice el investigador, es que se pone en riesgo la viabilidad del instituto cuando recoge una tradición que viene desde el Museo Nacional en el siglo XVIII de preservar el patrimonio de la nación.

“Imagínese echar toda esa historia por la borda.”

Considera irresponsable que a la renuncia de Franco no se tuviera un director sustituto,  justo en los momentos en que se discute el reglamento. Piensa que un interino simplemente mantendrá el barco a flote, pero no puede tomar decisiones pues éstas le corresponden por ley al director general. Y expresa preocupación ante la posibilidad de que el nuevo director traiga la línea de permitir un mayor desmantelamiento del instituto. Aunque advierte:

“Si no les interesa el INAH, entonces ya no les interesa nada en términos de movimientos sociales, de regiones culturales, de la historia, y entonces avanzaremos a una especie de robotización y de estricta mercantilización como sucede hoy con el tema de la cultura y de la historia.

“Y entonces no nos lamentemos por la descomposición social, este arremetimiento en contra de familias y comunidades completas, porque entonces la partida ya nos la ganó una ideología del desastre, del desdén, del sinsentido de las cosas. Y ahora basta con que alguien tenga un aparato electrónico, un teléfono inteligente, y a partir de ahí se construye nuestra identidad.”

Confía, sin embargo, en que formalmente, un reglamento no podrá pasar por encima de la ley que creó al INAH.