El proyecto de presupuesto enviado a la Cámara de Diputados pone énfasis en el recorte al gasto social: salud, educación, investigación. Destaca también que los tres rubros mencionados alcanzan una cifra inferior: 556 mil millones de pesos, a lo destinado al pago de la deuda externa que es de 568 mil millones de pesos. A este desequilibrio agreguemos que el despilfarro en publicidad oficial sigue tan campante.
Según cifras de la prensa en 2015, la presidencia de la República gastó 7 mil 423 millones de pesos; de acuerdo con informes oficiales fueron más de 4 mil millones. Aún si fuera lo segundo, el gasto continúa aumentando, pues en 2014 se registraron 3 mil 439 millones en el mismo rubro.
A su vez cada Estado derrocha de manera discrecional para hacerse publicidad. La suma nacional que Fundar y Artículo 19 dieron a conocer, es que en 2013 se erogaron en 27 estados 5 mil 639 millones de pesos, y el resto la federación, con lo cual se llegó a 13 mil 640 millones en un año.
Por su parte, el gobierno de la Ciudad de México hace lo propio: en 2013 distribuyó a los medios 291 millones de pesos. Hace algunas semanas inició una campaña en medios impresos, incluyendo revistas de moda, de farándula, periódicos, así como en radio y televisión. Esta es muy parecida, aunque tiene visos de mayor credibilidad, a las del gobierno federal bajo el formato de documental. “CDMX, La más grande”, tiene por slogan. Gente de la calle afirma: “Yo soy Carlos Fuentes”, “Yo soy Bellas Artes”, entre otras frases de identidad. Está bien musicalizada.
En ésta no aparece el jefe de gobierno, sólo los supuestos ciudadanos. La cantidad exacta que nos cuesta a quienes pagamos impuestos no ha sido revelada.
Mientras tanto los pobladores de los estados sufren carencias. Las calles de la capital del país están llenas de baches, de basura sin recoger, de camiones de gran tonelaje estacionados en doble fila. Abundan los puestos ambulantes de fritangas cuya grasa va a parar a las alcantarillas. El más pequeño restaurante invade con mesas y sillas las banquetas para proporcionar un obstáculo más al tránsito de personas.
Los autos toman las vías peatonales para estacionarse, lo mismo sucede con las motos. La autoridad permite que establecimientos de todo tipo dejen apenas unos centímetros para los peatones; recortan las banquetas para que sus clientes puedan aparcar el auto justo enfrente, en batería. Los microbuses siguen circulando por todas partes, el ruido pasa de los decibeles soportables para el ser humano. La contaminación, inmune a toda mejoría, el tránsito rodando a vuelta de rueda. Sí que se trata, para quien vive en ella, de “la más grande” en todo tipo de problemas.
¿Es eso lo que tratan de tapar con la publicidad oficial? ¿No sería más adecuado que ese recurso se destinara a darle mantenimiento a una ciudad que lo requiere de manera inmediata?








