El XXVI evento internacional que conmemorará el cuarto centenario del fallecimiento del narrador más emblemático de la lengua española, Miguel de Cervantes –en el marco del Festival Internacional Cervantino–, estaría incompleto este octubre sin Sergio Fernández, radicado ya en la capital guanajuatense. El maestro emérito de la UNAM conversa en su casa sobre El Quijote, la “misteriosa” obra de un soldado que, tras su prisión en Argel, dice, se volvió un mito.
Guanajuato, GTO.– Leer el Quijote por primera vez es fácil, comienza diciendo el escritor, académico y cervantista Sergio Fernández, antes de añadir:
“Pero releerlo es difícil, a menos que uno se sumerja en las nada pacíficas aguas de la obra cervantina.”
Tal es la descripción, apenas un asomo a esas quijotescas aguas profundas que el también ensayista y novelista –Los peces– lleva a cabo en un libro largamente esperado y para el que debió realizar la proeza, reto autoimpuesto, de recorrer algunos de los caminos que hizo Miguel de Cervantes: El Mediterráneo de Cervantes, su juventud: Italia y Argel (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes/UNAM, 2009).
Entrevistado en su casa de Guanajuato, a propósito de la conmemoración de los 400 años de la muerte de Cervantes, sorprende saber que Fernández no participará en los eventos preparados por el Festival Internacional Cervantino, el Gobierno de Guanajuato y el Museo Iconográfico del Quijote para la ocasión.
En concreto al Coloquio Cervantino Internacional.
¿Por qué?
Simplemente, no fue invitado.
Este año el FIC se une al evento –fundado por el publicista Eulalio Ferrer para la revisión de la vida y obra del escritor– en un programa conjunto por primera vez, por lo que Proceso solicitó al también autor de Los desfiguros de mi corazón aclarara, de inicio, no formar parte de los cervantistas y escritores invitados al encuentro:
–¿Va a estar en el Coloquio?
–No sé, no me han invitado.
–Pero es la conmemoración de los 400 años de la muerte de Cervantes.
–Pero cómo me voy a invitar a mí mismo. Usted está mucho más informada que yo, yo no sé nada.
“Si me quieren invitar, yo encantado; pero si no, tampoco voy a levantar la mano.
El XXVI Coloquio Cervantino Internacional “Trascendencia de Cervantes en las Artes” se desarrollará en el Museo Iconográfico del Quijote del 2 al 6 de octubre.
El misterioso Cervantes
Cumplido el viaje a Argel, Fernández afirma que ya cumplió consigo mismo en relación a Cervantes, y apunta al libro: “Ahí está todo”.
Cuenta sobre el recorrido que realizó hace seis o siete años:
“Estuve primero en Argel y después en Egipto, fue muy pesado porque los árabes odian a los occidentales… si es que me puedo llamar occidental, porque ya no sé México dónde está.
“Fue muy difícil, pero en fin. Ya cumplí conmigo mismo ese propósito. Y cada vez entiendo menos a Cervantes.”
–¿El libro es estrictamente el resultado de su viaje?
–En parte. En parte es una investigación sobre la intimidad del Quijote, o más bien, la intimidad de las novelas del Quijote, que son dos: El capitán cautivo y El curioso impertinente.
O, citando de nueva cuenta al propio Fernández en este libro, “nadie tan esquivo como él (Cervantes), nadie tan sinuoso como él, de tan torturante lectura”. Afirma:
“Un escritor de sus características posee una torturada línea literaria que puede estar, decimos, emparentada con su biografía.
“Todo en él es sorprendente, todo es contradictorio y todo excepcional.”
Así explica Fernández que la intimidad de la novela del Quijote tiene mucho por escudriñarse:
“En cierto modo se explica a través de la novela de El capitán cautivo, que es una novela del propio Cervantes. Y luego, la de El curioso impertinente, que también es una forma de autobiografía, en tanto que se ha dicho mucho que Cervantes tuvo sus quereres con aquél árabe que lo aprisionó. Este libro es en parte ese escudriñamiento de esas dos novelas y en parte es una observación última que yo he dado con Cervantes.”
Y aunque ahora, por ejemplo, lee a Tolstoi, admite que en la cabeza está “dale que dale” con Cervantes.
“Estoy leyendo muy afanosamente a Tolstoi, La guerra y la paz, y estoy enloquecido de fascinación; que cita a Cervantes, cita a Don Quijote. Estoy muy contento con eso.”
Coda final
En El Mediterráneo de Cervantes, su juventud: Italia y Argel, Sergio Fernández dedica un capítulo a cada uno de estos territorios; describe la situación sociopolítica y literaria de los tiempos del Manco de Lepanto, y en un apéndice incluye documentos; algunos relativos a sus actividades como militar, su salario, relaciones familiares, vida cotidiana –sus gastos personales y familiares– y otros.
Como “Coda final”, el autor describe sobre el asombro que le provocó encontrarse a un Cervantes (no al Quijote) vivo, heroico, en Argel:
“Y todo el mundo –todo– sabe quién es Cervantes; incluso la biblioteca española y la escuela de estudios hispánicos deben derivar de la pasión que tienen por su antiguo enemigo, pues festejan a quien luchó contra Argel en tiempos de Felipe II. Cervantes es, ya, un mito…
“Vuelvo a Cervantes, conocido en Madrid como el gran escritor que fue y en Argel como el héroe del que se han apropiado. ¿Por qué no un turco o un moro? En la capital española existen una estatua suya, al lado de la embajada de México; y una lápida en el suelo que conmemora la batalla de Lepanto en el jardín de las afueras –más bien enfrente– del Palacio de Oriente. Nada más.”
Fernández escribió impresionado al saber “que sólo un escritor de gran altura puede cambiar, de hecho, los acontecimientos de la gran historia. Me refiero a que si Argel sostiene una lucha desgarrada que habrá de vencer la propia ciudad, gana en cambio al mayor escritor en lengua castellana”.
–Entonces, ¿este viaje le ha dejado más incógnitas que respuestas?
–No, siguen siendo las mismas. Es decir, yo parto de la base de que muy difícilmente podemos conocemos a nosotros mismos, tanto es así que desconocemos al prójimo. Pero tanto menos a un genio como es él.
“No se puede, y para qué lo escudriñamos más, si nos basta con El Quijote. Lo demás no es bueno. Las novelas no son buenas, son fallidas. La única buena es El casamiento engañoso. ¡Ah!, y El coloquio de los perros. Pero lo demás… la crítica dice que es porque es italianizante, pero todos los genios se equivocan. Lo mismo Shakespeare que Cervantes, el que sea.
“Fue bastante con haber escrito aquello.”
–¿Después de tantos años de leerlo y estudiarlo, encontró una clave para leer al Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha?
–Yo creo que son muchas claves, no hay manera de leerlo por un solo lado. Pero nos basta con que nos lo haya regalado. No creo que ni usted ni yo vayamos a tener una clave, son muchas. Y nos damos de santos con que El Quijote sea un amigo nuestro, porque nos acompaña para siempre. Y yo ya no quiero seguir buscando.
–¿Y descubrir los momentos en que Cervantes escribió El Quijote?
–¿Qué va uno a saber? No se puede, no sé… Ni por mis propias lecturas, ni por mis propios libros, que ya son muchos. No puedo entender nada.
En el capítulo 1 de El Mediterráneo de Cervantes… Sergio Fernández inicia confesando esas búsquedas: en la intimidad con su recorrido y la documental, por archivos en Madrid, Salamanca y Sevilla, para mostrar la impresión facsimilar de un primero de numerosos oficios, cartas y mensajes; éste, fechado en Madrid un 15 de septiembre de 1569 y rubricado por los alcaldes Gaspar Arce, Hortiz, Fernán Velázquez, Álvaro García de Zalce, Juan de Elorregui, en el cual se condena a Miguel de Cervantes a un destierro de 10 años y a que le sea cortada la mano derecha por haber herido a Antonio de Segura, “andante de esta corte”.
Escribió el profesor emérito de la UNAM:
“El documento da cabida a encontrar otras pautas que me permitan recorrer el camino hasta la intimidad, si ello es posible, de un escritor que huye de la pluma en el refugio de las armas y de las armas en la pluma hábilmente, pues leer a Cervantes es uno de los grandes retos que todo lector acucioso debe enfrentar.”
–Esto parecería más fascinante que haber resuelto el misterio, ¿no lo cree?
–Pues sí, evidentemente.
“Es el misterio de la historia del soldado que se apoderó del idioma”, dijo Fernández en una conversación en enero de 2005 con el reportero Armando Ponce Proceso, 1473).
Once años después, la fascinación permanece intocada, y justo así concluye la conversación:
“Fue Cervantes el soldado que se apoderó del idioma para siempre.”








