Pocos estudios acuciosos se dedican en México a la importancia de las expresiones de la música popular. Sin embargo, Luis Díaz Santana Garza, intérprete e investigador regiomontano de la Universidad Autónoma de Zacatecas, acaba de publicar una historia del género norteño, que abarca ya un siglo. El académico repasa desde su origen –en la ola migratoria de trabajadores europeos, provenientes de la zona escandinava, bretona e italiana– hasta el narcocorrido actual. El libro de Plaza y Valdés revela, en suma, la importancia del género en la identidad nacional.
Para borrar prejuicios en contra de la trascendencia de la música popular como conformadora de identidad fronteriza septentrional y la cultura nacional, el guitarrista e investigador Luis Díaz Santana Garza publica en Plaza y Valdés Editores las 227 páginas de Historia de la música norteña mexicana: desde los grupos precursores al auge del narcocorrido.
El volumen ganó el Primer Premio Museo de la Historia Mexicana, Estudios sobre el noreste de México.
En la capital zacatecana donde radica y es catedrático de la Unidad Académica de Artes en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), el fundador del ensamble Capilla Barroca, Luis Díaz-Santana (Monterrey, Nuevo León, 1970) dice a Proceso sobre esta obra con enfoque multidisciplinario que combina la nueva historia cultural, musicología, análisis de arte popular, sociología y antropología:
“La música de los conjuntos norteños va a ser centenaria en muy pocos años y prácticamente no se había hecho un estudio completo de su historia. Mi libro es un trabajo pionero, ofreciendo un panorama general del conjunto norteño, como bien lo dice su título: desde los precursores hasta nuestros días con el fenómeno del narcocorrido.”
El objetivo general del agudo estudio ha sido “analizar el origen, evolución y difusión del conjunto norteño y conjunto tejano, en tanto ensamble musical que representa históricamente una identidad local”; la cual se transforma en una identidad “primeramente del noreste, para luego dar paso a todo el norte de México y sudoeste americano, y más tarde ser asimilada nacional e internacionalmente”.
–¿Existe un estancamiento en la música norteña por exceso de baladas sosas y narcocorridos, habiendo tanta riqueza de géneros de música popular norteña, o es sólo un momento de transición musical para fusionar tendencias?
–Lo que he encontrado en fecha reciente es que efectivamente muchos grupos quieren lograr fama pronto y se ponen a cantar letras muy duras, hablando de narcocorridos. Pero en Monterrey, por ejemplo, hay casas grabadoras de música y promotoras que tienen decenas de miles de grupos que pueden contratar en la región, o sea que muchos de ellos hacen lo que se llama despectivamente ‘norteño light’, como del tipo grupo Duelo o del conjunto Pesado, que han hecho grabaciones así.
“Siempre tratan de regresar a las raíces y de pronto salen con cosas románticas o de ‘norteño pop’, como el auge grupero que hubo en los noventa y todavía sigue, no se ha acabado. Si bien ha decaído, todavía hay muchos grupos que cantan baladas así o de ‘norteño-cumbia’; pero existe una muy amplia gama de variedad de opciones en la música norteña y además el corrido vive, se siguen haciendo corridos como el de las muertes del Perro Aguayo y Juan Gabriel, por Gonzalo Peña, El pantera del corrido.”
Abunda asimismo el creador de Tradición musical en Zacatecas, una historia socio-cultural (1850-1930):
“Yo siento que en general por todo el país se siguen escribiendo los corridos. Dios quiera que pronto acabe esto de la guerra contra el narco, pues siento que el narcocorrido así dejaría de ser significativo. No desaparecería pero sí va a decaer, como sucedió en los años 30 y 40 cuando comenzó precisamente el tráfico de drogas en la Unión Americana. Y esto tiene que ver con la famosa prohibition de los EU en el alcohol, y todos estos mexicanos que estaban traficando con licor dicen: ‘O nos quedamos sin chamba o ahora le entramos a la cocaína, a la marihuana y al opio’, ¿verdad?
“Pero después vino la Segunda Guerra Mundial y los narcocorridos que se compusieron en esos años se apagaron, hay un impasse, un espacio donde ya no hay producción, hasta cuando llega el llamado milagro mexicano.”
Luis Díaz-Santana presentó su libro durante el Tercer Festival del Corrido Zacatecas 2016, “dedicado a don Antonio Aguilar”, donde explicó:
“La música de conjunto norteño fue traída a México a finales del siglo XIX por la tendencia migratoria de trabajadores europeos, provenientes de la zona escandinava, bretona e italiana que se fueron estableciendo en la zona minera del norte de México, que hoy conforman los estados de Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Coahuila y San Luis Potosí.
“La datación del origen de la música norteña se basa en la hipótesis reforzada por los datos registrados que se constituyen en el desarrollo del acordeón tal y como se conoce, ya como instrumento tradicional musical dentro del género; a mediados de 1880 aparece el acordeón de doble botonadura (una para ambas manos) que es el instrumento insigne y que caracteriza principalmente a la música norteña.”
A mediados del siglo XX, a consecuencia de la migración masiva de personas del medio rural a las ciudades en crecimiento, se presentó un fenómeno de divulgación del género en las grandes ciudades de todo México, “tanto es así que ahora se pueden ver grupos norteños en zonas bajas, que aunque no son originarios de dichos estados se consideran como elementos culturales adoptados (Sinaloa, Nayarit, hasta lugares lejanos del norte como lo son Michoacán y Guerrero)”.
Arte sin barreras
Siguiendo las propuestas estéticas y estudios etnográficos de Bártok, Florescano, López Cano, Sammartino y Sans, y al tiempo que cuestiona omisiones de historiadoras como Yolanda Moreno Rivas y Josefina Zoraida Vázquez, en la introducción de Historia de la Música Norteña mexicana Díaz-Santana estipula:
Hemos visto que, incluso en nuestros días, la música popular sigue siendo considerada por algunos investigadores como un objeto poco digno de análisis, seguramente por los prejuicios que dominaron la educación musical durante gran parte del siglo XX, los cuales tendían a mezclar los gustos personales con los juicios de valor (…) Pero si de manera general la música popular es rechazada, el espacio del conjunto norteño y tejano ha tenido un horizonte aún más oscuro (…) Destacados compositores e intérpretes de música norteña, como Ramón Ayala y Julián Garza han expresado su deseo de ver más trabajos académicos en torno a su arte, mencionando la escasez de los mismos en comparación a las publicaciones de su contraparte texana…
–Tanto en Monterrey como en Zacatecas rifa la música de banda…
–Lo que yo planteo en mi libro es que esta música surge en la zona rural de Nuevo León y Tamaulipas, pero que gracias a los migrantes se va pronto hacia la frontera norte y la cruza, ya que a los músicos les pagan más los paisanos en las cantinas allá y ganan más que acá de este lado.
–Como a don Leonardo Flaco Jiménez…
–Sí, por Monterrey, Reynosa, San Antonio, el Valle del Río Grande, hay muchos migrantes de Zacatecas, que es de los estados que pronto asimilan esta tradición a inicios del siglo XX, y gusta mucho aquí también esa música.
–¿Cómo gestiónó este nuevo libro?
–Con Plaza y Valdés Editores, editorial que tiene convenio con Porrúa Hermanos, que son quienes lo distribuyen. Yo lo envié para que me lo evaluaran, porque está en coedición con el Instituto Zacatecano de Cultura (IZC), Conacyt, Conaculta y Fernando Valdés, quien me mandó una carta que resultó favorable. Muy pronto lo presentaremos en la Ciudad de México.
La investigación nació en 2011 por una beca a Díaz Santana, maestro en Humanidades y doctor en Historia, de Conacyt y la UAZ.
“Son cinco capítulos, viene una introducción mía de treinta cuartillas, y el capítulo uno es un panorama general para las personas que no conocen esta región de la que hablo: Territorio de la frontera Nuevo León y Texas, de la colonia al siglo XIX. Este capítulo es el más histórico. Casi no es musical sino un acercamiento a la región con antecedentes para que, si Dios quiere, los que lean en Colombia o Argentina se enteren.”
Al final de las 227 páginas con una veintena de fotografías, se incluyen conclusiones generales, un glosario de términos musicales utilizados, la bibliografía, fuentes discográficas, audiovisuales, documentales, y hemerográficas desde el siglo XIX, listado de entrevistas y archivos consultados. Concluye Luis Díaz Santana así:
“La música es mi vida, porque es lo que siempre he estudiado y difundido por medio de publicaciones y conciertos. La música se escucha pero también hay que hablar de ella, conlleva muchas actividades que son fundamentales en la vida del ser humano que a menudo las pasamos por alto, nos acompaña desde que nacemos hasta que nos entierran.”








