La diva Cristina Ortega revive a La Típica

Posiblemente usted no lo sepa, pero la Orquesta Típica de la Ciudad de México (más y simplemente conocida como “La Típica”), ostenta desde el 21 de enero del 2011, es decir hace cinco años, el título de Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México porque, dice la declaratoria oficial, es formadora de identidad, revela un espíritu social, preserva tradiciones musicales de México, y arraiga sentido nacionalista entre su público.

Pese a esto, repito, es posible que usted desconozca no sólo esa declaratoria sino la existencia misma de esta orquesta ya que, pese a una trayectoria de 132 años (la fundó el 1 de agosto de 1884 el maestro Carlos Curti), y de contar en su historia con momentos verdaderamente gloriosos, así como con directores y solistas de auténticas polendas, La Típica está pasando por un momento realmente gris y, como dice una canción, de aquel gran chorro de voz solo le queda un chisguete.

Una de las grandes etapas de La Típica fue la encabezada por el maestro Tata Nacho, teniendo como solista a una joven que se mostraba ya como la gran estrella que llegaría a ser, Cristina Ortega. Otra enorme solista de la orquesta en esa misma época era nada menos que Lola Beltrán, Lola la grande.

Ortega está ya casi retirada, pero cuando canta lo hace de tal manera que cada audición es una auténtica lección gracias a la técnica que heredó de uno de los grandes, grandes maestros mexicanos del siglo XX, Ángel R. Esquivel. Es en estas condiciones que se produjo el reencuentro entre La Típica y la Diva Cristina Ortega que culminó en un único concierto efectuado en el bellísimo Teatro de la Ciudad Esperanza Iris el 1 de septiembre.

Sin embargo, no crea usted que este reencuentro fue fácil: Ella, enamorada de aquella orquesta que fue, les propuso –por lo menos desde el año pasado–, hacer este concierto, y sin cobrar un centavo. A más de esto, generosamente cedió a la orquesta los arreglos que, especialmente para ella, se hicieran de algunas canciones del maestro Tata Nacho. A pesar de ello, las autoridades (hay que decirlo sin ningún tapujo) se resistían, y cuando al fin accedieron, lo hicieron como haciéndole un favor. ¡Hágame usted el canijo idem!

El teatro se llenó a reventar y mucha gente se quedó en la calle, demostrando lo que esta cantante significa, no obstante que Bellas Artes le sigue negando la Medalla de Bellas Artes.

Ortega interpretó cuatro canciones nuevas para la orquesta; el resto del programa –muy atractivo, hay que decirlo– lo constituyeron piezas del repertorio de la orquesta, y fue así como, entre otras, pudimos escuchar en una dimensión vocal especial el bellísimo “Caminante del Mayab” de Guty Cárdenas, “Primaveral” de Tata Nacho y “La pajarera” con arreglos de Félix Santana, a más de (en un concierto como éste) las infaltable “Bicicletas” de Salvador Morlet, “Qué bonita es mi tierra” de Rubén Fuentes y “Conga del Fuego Nuevo” de Arturo Márquez.

Es decir, un delicioso paseo musical de finales del siglo XIX a principios de este nuestro siglo XXI.