Hace una centuria, Mariano Azuela (1873-1952) publicó Los de abajo, iniciando así el ciclo “La novela de la Revolución”. Mientras el Salón de la Plástica Mexicana festeja aquel libro y a su autor con una exposición, el Fondo de Cultura Económica ha sacado la obra en pasta dura pero, según Óscar González Azuela, nieto del escritor, “nos debe una edición monumental para todos los mexicanos”. A su vez, en recuadro aparte, el investigador Víctor Díaz Arciniega analiza la jerga popular en Los de abajo y Rafael Olea Franco cataloga dicha novela –cuyas ventas hace años rebasaron el millón de ejemplares– como “la primera visión escéptica de la Revolución Mexicana”.
Después del fallecimiento del escritor y médico Mariano Azuela, el 1 de marzo de 1952 en la Ciudad de México, el pintor Diego Rivera estampó en el mural Historia del teatro en México (situado en la parte alta de la fachada del Teatro de los Insurgentes) cuatro escenas de Los de abajo, célebre iniciadora de “La novela de la Revolución” que hoy cumple cien años de publicada.
Óscar González Azuela, nieto de Mariano Azuela, narra a Proceso cómo Demetrio Macías, el personaje principal de Los de abajo, se distingue en el frontispicio del Insurgentes, uno de los recintos teatrales más importantes del país:
“En la parte central se encuentra a Cantinflas; a la derecha se ve el teatro de los ricos con Corona de sombra, de Rodolfo Usigli, donde los ricos lloran por la monarquía; la muerte de Maximiliano de Habsburgo, parados sobre lingotes de oro, en fin. Y a la izquierda, se aprecia la historia del teatro del pueblo, la pastorela, el corrido, y Cantinflas toma el dinero de los ricos para dárselo a los pobres. Junto al telón, primero se observa cuando los soldados se meten a la choza de Demetrio y él defiende a su esposa e hijo.
“Después, en segundo lugar, está el combate contra el ejército de los pelones. Tres: vemos luego que Demetrio sale herido de ese combate y es curado por Camila, y al final, ya observamos que él yace sobre la tierra, pero de él surge la vida (con Zapata).”
No obstante, en el libro El Teatro de los Insurgentes, 1953-1993, de ediciones El Milagro y coordinado por Tolita Figueroa y Pablo Moya, el croquis de identificación allí incluido no especifica que se trata de Demetrio Macías y su esposa, sino que lo explica como un pasaje de la obra teatral El gesticulador, de Rodolfo Usigli.
En el segundo argumento de González Azuela, donde están los hombres combatiendo, el volumen explica únicamente que son revolucionarios. A continuación, donde supuestamente está Demetrio herido, no se precisa nada. Y lo que sería la cuarta escena y final, en el croquis a secas del lujoso libro se advierte que es un “revolucionario sacrificado”.
Óscar González Azuela, cronista de Lagos de Moreno, Jalisco, donde su abuelo literato nació el 1 de enero de 1873, enfatiza que “es un gran orgullo ver que un artista de la talla de Rivera rescatara en ese mural esas cuatro escenas”, y se destaque “este ‘descubrimiento’ en la exposición A cien años de la edición de la novela Los de abajo, de Mariano Azuela”, que alberga el Salón de la Plástica Mexicana (SPM) desde el 26 de agosto pasado y hasta el 25 de este mes de septiembre.
Allí, se muestran alrededor de 110 obras, de las cuales sobresalen las de artistas miembros del SPM alusivas a dicha novela; reproducciones de ilustraciones y grabados de la Revolución Mexicana vinculadas al texto y elaboradas por el Taller de Gráfica Popular, y diversas ediciones de Los de abajo en periodos varios, así como la traducción al inglés, The Underdogs, con ilustraciones de José Clemente Orozco (Brentano’s, Nueva York, 1929, 225 páginas); las de Diego Rivera para el libro y un fragmento de impresiones de su mural en el Teatro de los Insurgentes.
Demetrio en la Alameda
También miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, González Azuela, precisa que el además autor de Mala yerba escribió Los de abajo entre 1915 y 1916:
“Entonces no tuvo éxito. A mi abuelo le pagaron 12 dólares porque la serie del diario Paso del Norte, de Ciudad Juárez, no se vendió, pasó totalmente inadvertida. Se conoce hasta 1925 y 1926. Había una polémica periodística en la cual el escritor Francisco Monterde describió a Los de abajo como ejemplo de la literatura viril mexicana, porque se decía que no existía, y a partir de ahí empieza a conocerse. Así sale a luz Los de abajo.
“En aquel tiempo, aún sin conocerse, el muralista y litógrafo José Clemente Orozco creó grabados para Los de abajo en su versión inglesa, que es una de las obras que están en la muestra, The Underdogs. Esos son los primeros grabados que realizaron para la novela.”
Rememora que en 1929, la Secretaría de Educación Pública le encargó a Diego Rivera sus grabados para Los de abajo:
“Estaba en proyecto una edición monumental y Rivera creó los bocetos, a una línea, que se encuentran en la muestra. ¡Cada uno de esos dibujos son unas editoriales geniales! Pero se quedaron en el tintero, incluso un boceto de mi abuelo.”
Estos dibujos se publicaron apenas hace poco: en el 2012.
“Igual, en 1929, la promotora cultural y escritora Antonieta Rivas Mercado montó en el Teatro Ferrocarrilero Los de abajo. Obviamente le da un toque sensacionalista, ya de su propia mano. Los vasconcelistas la tomaron como bandera y censuraron la obra y aparte, el trabajo de Rivera se interrumpió… Son únicamente cinco o seis imágenes las que realizó.”
–¿Cómo es que hasta el 2012 se publicaron esos dibujos de Rivera?
–Una investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Azcapotzalco) no daba crédito que no se hubieran publicado… Yo acababa de conocer a la hija del muralista, Guadalupe Rivera Marín, por los festejos del Bicentenario de la Independencia y los cien de la Revolución Mexicana, y le comenté de esos grabados.
“No los conocía, y me pidió una copia. Entonces ligué el trabajo de la UAM-Azcapotzalco, con permiso de Rivera Marín, y se editaron por primera vez los dibujos de Rivera aquí en México.”
Otra revelación hace González Azuela. Que en el mural de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Rivera dejó una estampa de Los de abajo:
“No es tan clara. Es el diálogo entre los personajes Alberto Solís y Luis Cervantes, hay un fuego que irrumpe atrás de ellos y están disparando hacia Los de abajo, ahí está Demetrio Macías. Eso me lo confirmó la hija de Rivera porque se lo pregunté. Yo necesitaba un poquito más de certeza. Ella le ayudó en esa obra y me lo confirmó, sí, era Demetrio Macías.”
El nieto del además crítico literario Mariano Azuela aclara que supo de esas cuatro escenas del Teatro de los Insurgentes por tradición oral:
“Uno de los hijos de mi abuelo, Enrique, nos llevaba a ver esas escenas, y quienes habíamos leído la obra nos quedaba clarísimo. Pero no sé si todos en la familia las conozcan. Yo le informé este aparente descubrimiento a Cecilia Santa Cruz, coordinadora general del SPM del INBA”.
–Orozco, Rivera y su abuelo Mariano Azuela fueron buenos amigos ¿cómo se da esa amistad?
–Cuando se funda El Colegio Nacional, hacia 1943. A mi abuelo lo invita Octavio Véjar Vázquez, quien fuera secretario de Educación Pública (1941-1943), a que forme parte de esa institución. Al principio aceptó; pero cuando vio que ahí estaban Alfonso Caso, Carlos Chávez, Orozco, Rivera y José Vasconcelos, en fin, le comentó a Véjar que no le correspondía estar porque no era maestro, y Vejar, con mucho tino, le dijo:
–Muy bien doctor, no cree usted que debe estar aquí como literato en El Colegio Nacional. Entonces, propóngame una persona en lugar suyo, nada más que sea una persona vertical, que haya escrito lo que pasó en la revolución mexicana, deme el nombre.
“Mi abuelo lo pensó dos veces, tomó la renuncia que había escrito y la dobló, y aceptó participar en El Colegio Nacional. A partir de ahí se da esa relación cercana con los dos pintores.”
Azuela en el olvido
El Fondo de Cultura Económica (FCE), goza de los derechos de Los de abajo, y conmemora los cien años de publicación de la novela con el lanzamiento del libro con pasta dura, ilustraciones de Rivera y prólogo de Víctor Díaz Arciniega. González Azuela comenta: “(el FCE) nos queda a deber una edición monumental para todos los mexicanos”.
Rememora que desde el año pasado la Universidad de Guadalajara sí efectuó una edición de lujo, “tremenda”, pero no ha sido presentada. “La realizó Avelino Sordo Vilchis, el mejor editor de ese estado, estoy tratando de pedirle permiso al rector de esa casa de estudios para presentar ese volumen monumental en Lagos de Moreno, en la tierra de mi abuelo”, manifiesta.
Rememora que la historiadora Teresa Franco, cuando estaba al frente del Instituto Nacional de Antropología e Historia, “prometió que sacaría un libro de lujo, y lo quedó a deber”. Enseguida alude:
“La obra es vigente. El pueblo se ve retratado por eso se continúa leyendo, pero insisto, creo que el FCE quedó a deber algo más grande para este centenario.”
–El FCE, ¿no se acercó a la familia?
–Nosotros les cedemos los derechos, y pensé que se hablaría más de la novela, en la Feria de Minería no se incluyó, ni trató, en la de Guadalajara presentaron el libro, pero no fue una presencia fuerte. No sé, quizá a las personas que ahora nos representan en la cultura, no les gusta ese tipo de historias o piensan que ya pasó de moda.
–¿Por qué se tomó esa decisión de cederle los derechos al FCE?
–A la muerte de mi abuelo, Alí Chumacero estuvo mucho tiempo en la biblioteca de mi abuelo y se hicieron los tres tomos de sus obras completas para el FCE, y desde entonces mi abuela, la viuda, cedió los derechos, y hasta ahora cada año se les sigue traspasando.
–¿Quién decide la renovación de los derechos?
–Bueno, somos varios, existe un hijo de mi abuelo que todavía vive, Antonio Azuela Rivera, de 98 años; mi primo Mariano Azuela Güitrón, quien también firma por los derechos, y a mí me dieron una comisión administrativa. Somos los tres que tenemos alguna relación ahí por el FCE, pero por el centenario yo sí que esperaba otra cosa…
–Los de abajo es una lectura obligatoria con los estudiantes, ¿qué tan importante es el libro en México?
–En el FCE no me han dado los datos precisos nunca, creemos que va entre 4 o 5 millones de ejemplares. Para el primer millón de ejemplares salió una edición muy buena, conmemorativa, se sigue vendiendo.
“Y también con la piratería nacional e internacional, ¡bendita piratería! Porque lo que nosotros queremos es que se conozca la obra, hay ejemplares que nos han llegado de muchas partes del mundo. Fue libro de texto en Francia para entender la literatura mexicana. Yo creo que sí es una obra que se lee en el mundo.”
–¿Fue la primera novela que critica a la Revolución Mexicana?
–Mi abuelo fue atacado como reaccionario… Cuando fue víctima de esos ataques dijo: “Yo siempre he estado con los de abajo. Si los de abajo de ayer ahora son los de arriba, y no se han dado cuenta de eso, yo no tengo la culpa, ¡yo sigo con los de abajo!”, entonces, de alguna manera geométrica hace esa defensa muy hábil.”
Existen dos largometrajes basados en la novela de Azuela: uno lo filmó Chano Urueta en 1940 con Isabela Corona, Miguel Ángel Ferriz, Esther Fernández, Emilo El Indio Fernández, Carlos López Moctezuma e Ignacio López Tarso, entre otros. El segundo lo dirigió Servando González en 1976. La adaptación del guión estuvo a cargo de Vicente Leñero, con actuaciones de Eric del Castillo, Enrique Lucero y Jorge Victoria.
El nieto del también autor de La malhora platica que la primera cinta “no fue muy afortunada, no es considerada como clásica pero es un buen esfuerzo”. Evoca:
“Mucha gente peleó los derechos de la segunda versión. El Indio Fernández creo que hubiera hecho un trabajo extraordinario, pero no le dieron los derechos e ignoro por qué, a mí todavía me los reclamaba su hija Adela Fernández cuando llegué a ver las ofrendas que organizaba y ponía para Mariano Azuela. ¡Casi me pega Adela cuando me dijo que su papá se atacó cuando supo que le dieron los derechos a Servando González! El mismo Anthony Quinn quería hacer de Demetrio Macías, y no le dieron los derechos.
“Servando estaba por filmar la batalla de Zacatecas con armamento militar, sin parque por supuesto, cuando recibió una llamada: era la directora de Radio, Televisión y Cinematografía, Margarita López Portillo, quien le exigió que al otro día entregara todo. Como ella era hija de un huertista, no le gustó a la señora que se hiciera esa súper producción.”
–Pero Servando González logró el filme, ¿verdad?
–El director de cine me decía que llamó a todo el pueblo vestidos de manta, en Hidalgo fueron las locaciones, y mandó a pedir toda la barbacoa de la región para que fuera mucha gente. Lo único que debían decir era: “¡Nos vamos para Zacatecas!”, pero Servando no sabía que junto con la barbacoa venía el pulque, entonces cuando se dio cuenta pues toda aquella gente ya estaba mareada, y primero hizo un gran coraje, porque pensó que le habían echado a perder la película.
De pronto, relata, al cineasta se le prendió el foco.
“Vio el rostro de la Revolución Mexicana en ese pueblo bruto, y los captó así, bebiendo y comiendo con las manos. Además, a Carmen Toscano le pidió los derechos de Memorias de un mexicano para incluirlas en la película por la censura de la cual estaba siendo objeto. Hubo un problema ahí, en la segunda versión, porque Servando se peleó con don Vicente Leñero, quien es el que iba a hacer la adecuación de los diálogos; entonces ya vemos una obra sin pies, ni cabeza, en donde salen insultos, malas palabras, mujeres desnudas, que realmente no era el contexto de la novela.”
Y concluye:
“A mí me gusta el principio, que es fundamental, de la segunda versión, y el final de Demetrio, con la gran música de Manuel Esperón.”








