El 5 de octubre próximo habrán transcurrido más de sesenta años desde que la Ciudad Luz ofreciera una visión integral del arte mexicano a partir de los tiempos precolombinos, cuando el más emblemático de los museos franceses abra la muestra “Le Mexique des Renaissances”, basándose en la idea de que el siglo XX tuvo en nuestro país una revitalización constante. Cubrirá hasta el 23 de enero de 2017 las paredes del recinto con las más diversas expresiones y variadas técnicas: 200 óleos, acuarelas, tintas sobre papel, gráfica, fotografía, dibujo, tapiz y escultura. Además, integrará artistas independientes y de movimientos poco reconocidos.
Escenario de la histórica Exposición Universal de 1900, el Museo Grand Palais de París inaugurará el próximo 5 de octubre la muestra Le Mexique des Renaissances (El México de los Renacimientos), que ofrecerá –por primera vez en Francia desde 1952– el más completo panorama del arte mexicano del siglo XX a través de un conjunto de cerca de 200 obras.
Organizada por la Reunión de Museos Nacionales del país galo y el Museo Nacional de Arte (Munal) del Instituto Nacional de las Bellas Artes (INBA), la exhibición toma su nombre del término que utilizó el pintor Jean Charlot (1898-1979) para referirse al primer periodo del muralismo, ubicado entre 1921 y 1923, cuando el entonces secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, convocó a los artistas a plasmar en los muros del Antiguo Colegio de San Ildefonso los preceptos ideológicos de la Revolución Mexicana.
En un dossier proporcionado a Proceso por la oficina de prensa del Grand Palais (el INBA y el Munal se negaron a dar información argumentando que será inaugurada por Enrique Peña Nieto y no pueden anticiparse), el curador Agustín Arteaga, exdirector del Munal y actual titular del Museo de Arte de Dallas, cuenta que la idea “Renacimiento Mexicano” aparece por primera vez en 1960 en una conferencia dada por Charlot –quien vivió en nuestro país y fue parte del movimiento estridentista– acerca del muralismo, impartida en la Universidad de Austin, Texas, Estados Unidos.
Más tarde, el pintor nacido en Francia publicó el libro El renacimiento del muralismo mexicano 1920-1925, cuya versión en español apareció aquí en 1985, y en el cual habla del arte mexicano desde el periodo precolombino hasta la época moderna. Charlot explica que aunque a lo largo de la historia ha habido simplificaciones acerca del vínculo entre el renacimiento mexicano y la Revolución Mexicana, es cierto que sin el movimiento armado no se habría dado una revolución estética.
Al destacar en una breve entrevista incluida en la información del Grand Palais en la cual responde por qué se utiliza para la exposición el plural “renacimientos”, Arteaga precisa que el artista francés hace alusión a la capacidad del arte mexicano de renovarse continuamente.
Añade que aunque la palabra renacimiento se refiere en concreto a un periodo de la historia europea, permite reflexionar sobre la cultura mexicana porque México es un territorio multicultural que ha renacido en varias ocasiones, desde la llegada de los primeros habitantes al continente americano hasta la actualidad.
Por ello considera que era difícil circunscribir la exposición sólo a la primera mitad del siglo XX y no extender la noción de renacimiento hasta el arte contemporáneo. El propósito de esta magna exhibición es mostrar asimismo que los artistas mexicanos fueron muy sensibles a las vanguardias europeas, como el impresionismo o el cubismo, como otros artistas extranjeros en París, sólo que la riqueza del pasado cultural de nuestra nación le dio un carácter diferente a las manifestaciones artísticas.
Es el caso –ejemplifica el curador–, de Saturnino Herrán, quien hizo una “síntesis perfecta” con diferentes influencias, al añadir a una imagen de la diosa azteca Coatlicue un Cristo español. Esta obra, titulada Nuestros dioses, La Coatlicue, es una acuarela sobre papel perteneciente al Museo de Aguascalientes, y se incluye en la muestra de quien se exhibirá Alegoría y Alegoría del trabajo.
Muralismo, abstraccionismo y más
Como anticipó en estas páginas la corresponsal en Francia, Anne-Marie Mergier en su reportaje “Ecos Mexicanos en París” (Proceso, 2074), la exposición del Grand Palais se anuncia como la más importante realizada en la Ciudad Luz luego de más de medio siglo.
En efecto, entre mayo y julio de 1952 el Musée National d’Art Moderne ofreció una visión panorámica en la muestra El arte mexicano, del precolombino a nuestros días. Visitó además Londres y Estocolmo, organizada por el museógrafo Fernando Gamboa para quien la fuerza creadora de los artistas era la misma a lo largo del tiempo, según consigna la historiadora del arte Ana Garduño (https://discursovisual.net/dvweb16/aportes/apoana.htm).
Ello coincide con la idea de la continua revivencia de Le Mexique des Renaissances. El conjunto de obras ocupará la planta baja y el primer nivel de la galería lateral Clémenceau del emblemático recinto. La creación mexicana más sobresaliente del siglo XX cubrirá las paredes con diversas expresiones y las más variadas técnicas: óleos, acuarelas, tintas sobre papel, gráfica, fotografía, dibujo, tapiz y escultura.
Se eligieron, entre otros artistas, a Ramón Alva de la Canal, Lola Álvarez Bravo, Manuel Álvarez Bravo, Abraham Ángel, Raúl Anguiano, Jean Charlot, Miguel Covarrubias, Germán Cueto, Francisco Díaz de León, Gabriel Fernández Ledesma, Mathias Goeritz, José Horna, María Izquierdo, Frida Kahlo, Agustín Lazo, Mardonio Magaña, Oliverio Martínez, Carlos Mérida y Gerardo Murillo Dr. Atl.
Además Ezequiel Negrete Lira, Juan O’Gorman, Luis Ortiz Monasterio, Wolfgang Paalen, Fermín Revueltas, Diego Rivera, Manuel Rodríguez Lozano, Rosa Rolanda, Rómulo Rozo, Julio Ruelas, David Alfaro Siqueiros, Juan Soriano, Rufino Tamayo, Edward Weston, Ángel Zárraga y Francisco Zúñiga. De la época actual expondrán Rafael Lozano Hermmer y Gabriel Orozco, nacidos ambos en los años sesenta del siglo pasado.
Las obras provienen de colecciones públicas de los museos de Arte Moderno, Nacional de Arte, Carrillo Gil, Regional de Guadalajara del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de Aguascalientes, de Arte Moderno de Nueva York y de la Secretaría de Relaciones Exteriores, así como privadas, entre ellas Pérez Simón, Andrés Blaisten, Jesús Drexel y Juan Rafael Coronel Rivera.
Se presentará incluso la fotografía Guitarra, canana y hoz, tomada por Tina Modotti para El Machete (órgano del Partido Comunista Mexicano), donada apenas en 2015 al Munal por la Familia Maples Arce.
De México al mundo
El recorrido inicia desde el siglo XIX y las obras se organizarán en cuatro secciones: “México antes de la Revolución”, en la cual se da cuenta de cómo la modernidad se inspira en el imaginario colectivo y las tradiciones del siglo XX; la segunda, “México y la Revolución”, aborda cómo tras el movimiento armado se planeó un nuevo proyecto nacional, y se detonaron las vanguardias en las cuales los temas autóctonos y la utopía social fueron revisitados desde la óptica de la modernidad.
La tercera parte es “Los otros rostros de la Escuela Mexicana de Pintura”, en la cual se incluyen, justamente, artistas de importantes grupos y tendencias del siglo XX a menudo fueron opacados por la notoriedad del muralismo y de los más influyentes de esa escuela, tales como el Movimiento Estridentista –cuyo lema fue “¡Viva el mole de guajolote!”– fundado por el poeta Manuel Maples Arce, el escultor Germán Cueto y el pintor Fermín Revueltas.
Esta sección permite descubrir a los artistas cuyo lenguaje estético presenta una alternativa frente a los discursos ideológicos de la época. Cueto es considerado el primer artista abstracto del país, viajó a París en 1927 y se integró al grupo Círculo y Cuadrado. Además de Revueltas se incorpora obra de y Ramón Alva de la Canal, a los miembros del grupo ¡30-30!, a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), y al Taller de la Gráfica Popular (TGP).
Finalmente, la cuarta parte, “Reencuentro de dos mundos: Hibridaciones”, habla de la relación de los artistas mexicanos con Estados Unidos a partir de 1929, cuando el país vecino estuvo sumido en una gran crisis, así como entre los años 1933 y 1945. Al mismo tiempo México recibió a artistas tanto estadunidenses como europeos, y el encuentro entre el surrealismo y el realismo mágico dio origen a un nuevo ensamble.
Los temas se dividen a su vez en subtemas. Por ejemplo, la primera parte tiene una sala dedicada a los antecedentes de la Revolución, y una más al tema “Los mexicanos en París”. Los llamados tres grandes del muralismo tendrán cada uno su propia sala: Orozco, “La revolución de los hombres”; Siqueiros, “La lucha de clases”; y Rivera, “La utopía social”.
En el segundo nivel habrá también un apartado para “Las mujeres fuertes”. Se explica que la Revolución Mexicana modificó profundamente la estructura social, pues mientras los hombres tomaban parte de la guerra o en la búsqueda de trabajo y medios de subsistencia, las mujeres asumieron nuevas labores, incluso en la lucha armada, como las denominadas “soldaderas” que seguían a los grupos revolucionarios.
La exposición estará abierta al público hasta 23 de enero de 2017. Y se debe mencionar que cuenta con un catálogo complementario con los mismos temas:
I. El arte antes de la Revolución Mexicana, con los textos “México de los Renacimientos”, de Agustín Arteaga, y “El simbolismo de las vanguardias. Roberto Montenegro, Diego Rivera, Ángel Zárraga y algunos otros autores mexicanos de París”, de Juan Manuel Bonet.
II. El México y la Revolución. “La Escuela Mexicana de Pintura”, de Laura González Matute, y Artistas mujeres, artistas poderosas”, de Paulina Bravo Villarreal.
III. La Escuela Mexicana. “Las pinturas ‘francs-coureurs’ (francotiradoras) de la Escuela Mexicana”, de Sylvia Navarrete Bouzard.
IV. El reencuentro de dos mundos, con los ensayos “El exilio feliz. Los artistas mexicanos en la Babilonia de Fer”, de Antonio Saborit, y “El surrealismo y México”, de Emmanuel Guigon.
Cuenta también con una cronología escrita por Sharon Jazzán Dayán, y las biografías de los artistas presentados.
La magna muestra conlleva un programa paralelo de actividades, como las conferencias del propio Arteaga, la artista Betsabée Romero, un concierto de la soprano Lourdes Ambriz y el pianista Alberto Cruzprieto, y la proyección de Frida, película de Julie Taymor, con Salma Hayek y Alfred Molina.
Habrá asimismo un ciclo cinematográfico en el cual se proyectarán ¡Qué viva México! (1939), de Grigorio Aleksandrov y Sergei M. Eisenstein; La Perla (1947) de Emilio Indio Fernández; Los olvidados (1950), de Luis Buñuel; y los documentales En la casa de Frida Kahlo (2011), de Xavier d’Arthuys y Xavier Villetard, y Un retrato de Diego-La revolución de la mirada (2007), de Gabriel Figueroa Flores.
En suma, un amplio panorama de la modernidad del México durante la centuria pasada, que el historiador Guillermo Tovar enmarcó dentro de una “Revolución Cultural Consumada” en el prólogo a México: Su apuesta por la cultura (Proceso-UNAM-Grijalbo, 2003), “acaso la única en su especie en todo el mundo y en todo el siglo”.








