Terapias de muerte

Un grupo de exinternos de la asociación civil Comunidad Terapéutica Volver a la Vida describen ese lugar como “un campo de concentración” en el que presuntamente hay una fosa clandestina.

En un escrito enviado a la redacción de Proceso Jalisco hablan también de personas que han fallecido, según testimonios, “durante los tratamientos disciplinarios o cuando han tratado de escapar” de esa comunidad ubicada en calle Cielo Azul número 2, fraccionamiento Agua Escondida, a la altura del kilómetro 44 de la carretera Guadalajara-Chapala, municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos.

“No existen registros que permitan aclarar cuántas y quiénes son las personas que han fallecido, y a quién se le entregó el cuerpo o si existe una fosa clandestina donde oculten estos crímenes”, agregan, por lo que piden a las autoridades de los tres niveles iniciar una investigación.

Lamentan que en ese lugar cohabiten 110 alcohólicos y drogadictos –mujeres, maleantes, sicarios, menores de edad y seropositivos– que presuntamente están en rehabilitación.

Los inconformes cuestionan el tratamiento que se ofrece al interno para su recuperación, que consiste en humillar, golpear, hacerlos permanecer de pie frente a un muro por más de 16 horas durante varios días sin permitirles ir al baño.

Uno de ellos es Rodrigo Calderón Gómez, un activista de los derechos de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales (LGBTTTI) y escritor. Él llegó a la comunidad el año pasado, cuenta al reportero.

Habla también de la “patrulla espiritual”, que actúa cuando alguna persona se comunica a un centro para pedir ayuda porque tiene algún familiar con problemas psicológicos y de adicciones. Los integrantes de esa patrulla van por el susodicho y lo internan, como pasó con él.

“Lo primero que le quitan a los internos es la autoestima –dice–, pues los someten a castigos o terapias psicológicas y físicas, que les provocan ansiedad”. Habla de Lucero, una compañera que huyó del lugar porque no aguantó:

Se brincó la guardia y se salió del fraccionamiento donde se encuentra el centro de recuperación y tomó la carretera, donde un automovilista la arroyó. La trasladaron al hospital, donde murió poco después.

Al conocerse su caso, varias internas también decidieron escapar, entre ellas Frida, quien había llegado al centro ese mismo día, resalta el entrevistado.

Y como en las instalaciones los padrinos o custodios sólo permiten a los internos calzar chanclas, Frida buscó unos tenis, por lo se demoró un poco. Finalmente los encontró, se los puso y ayudó a las demás a salir. Les dijo que se adelantaran. Pero los padrinos la descubrieron y comenzaron a golpearla.

Fue brutal. Uno de ellos la arrastró 100 metros por una zona empedrada; tenía heridas en piernas y brazos y rasguños por todas partes. También la cacheteó y le dio de patadas en sus piernas.

En otra ocasión, dos custodios sacaron de su dormitorio a un joven llamado Oliver. Se lo llevaron al baño para obligarlo a practicar sexo oral con cada uno de ellos:

“Le decían: si no nos haces un bolis, la vamos a hacer de pan y verga…”. Él se enojó y trató de impedirlo. Al día siguiente estuvo castigado en un rincón, donde permaneció de las 6:00 a las 23:00 horas con los pies juntos, las manos atrás y la vista al frente, sin tocar la pared.

“También le aplicaron el ‘método del fantasma’, un castigo en el que nadie te hace caso. Y si alguien te ayuda, te voltea a ver o responde cuando le hablabas, entonces se le castiga. Oliver enfrentó todo eso y estuvo 10 meses encerrado y sin visitas”, sostiene Calderón.

Eduardo Cárdenas, otro exinterno, añade: “Nosotros fuimos a avisarle a su familia porque él nunca tuvo permiso de ninguna entrevista, todo el tiempo estuvo encerrado, no vio ni la luz del sol”.

Juan José Cordero, un abogado y contador que ha intervenido en el rescate de un interno, habla de las cuotas que se cobran en Volver a Nacer: 12 mil pesos de inscripción y pagos de 8 mil cada mes. Y como hay entre 90 y 110 internos, las ganancias oscilan entre 800 mil y un millón de pesos mensuales.

La inversión que realizan los dueños del centro de recuperación en los internos es mínima debido a que los costos de operación son pequeños. No hay agua caliente en las regaderas, cocinan con leña, y la luz se la roban del cableado de la Comisión Federal de Electricidad, las comidas son preparadas con desechos o con alimentos que están a punto de echarse a perder, sostiene Cárdenas, quien es contador.

Dice que los dueños tienen otros dos centros, según el portal de internet, uno de ellos Puerto Vallarta, que actualmente está cerrado.

Otro castigo consiste en amordazar y amarrar por uno o tres días al interno que no se disciplina, a las sillas, o a las camas que usan para inmovilizarlos. Los obligan a tomar alimentos y agua. Y cuando tienen que defecar u orinar, deben hacerlo en el lugar donde están amarrados.

También reciben golpizas multitudinarias hasta dejarlos inconscientes, o “hidroterapias”, es decir baños de agua helada que se prolongan hasta una hora y permanecen todo el día con la ropa mojada.

Pese a las denuncias documentadas, dicen, las autoridades no actúan para terminar con esas prácticas irracionales contra los internos, dicen los firmantes de la carta entregada a Proceso Jalisco. Se quejan también de los uniformados de Ixtlahuacán de los Membrillos y de Chapala, pues sólo se dedican a perseguir a quienes huyen de la Comunidad Terapéutica Volver a la Vida.