Repudia la “amnistía” ofrecida por AMLO

Señor director:

En el número 2077 del semanario que usted dirige se publicó, con la firma de Álvaro Delgado, el texto “Amnistía anticipada, una acción de política pragmática”. En él, dos destacados intelectuales mexicanos dan su punto de vista en relación con el “perdón” que ofrece el señor Andrés Manuel López Obrador a los corruptos y a los integrantes de “la mafia del poder”.

Primeramente hay que agradecer al doctor Lorenzo Meyer el contenido, que hoy hace público, de la conversación que, dice, sostuvo con el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, en 2005. En ella, según el historiador, y “ante la posibilidad que (López Obrador) tenía de ser presidente de la República”, el entonces perredista supuestamente reconoció que no podía hacer gran cosa, pues los poderes fácticos eran enormes.

Aunado a lo anterior, el prestigiado miembro del El Colegio de México genera la sensación de que al mismo tiempo que cuestiona el ofrecimiento de perdón a los corruptos y a la “mafia del poder”, del dirigente de Morena, ya que “está haciendo la mar de tibio”, ofrece argumentos para justificar tal postura, entre otros el de que “lo que ha hecho Andrés Manuel es aprender de sus fracasos”.

Por su parte, de lo dicho por el doctor Octavio Rodríguez Araujo tan sólo se desprende el fundamento del “perdón” mencionado, lanzado desde 2012 a través del libro La mafia que se adueñó de México.

Al respecto, y con independencia de los puntos de vista de los entrevistados, me parece que el perdón ofrecido por el tabasqueño es otra más de sus ocurrencias con alto grado de irresponsabilidad. En primer lugar, porque los beneficiarios de la corrupción que permea y lastima al país simple y sencillamente no deben de ser perdonados. El daño ocasionado con sus conductas, no sólo ha perjudicado la imagen que se tiene en el extranjero sobre los mexicanos, sino, más grave aún, ha sumido en la más vergonzosa miseria a millones de compatriotas, a los que, en los hechos, se les ha impedido el acceso a los más elementales niveles de vida, de salud, de educación y de progreso.

Ello no es cualquier cosa. Enriquecerse a costa de los demás, y de la forma en que lo han hecho los Salinas de Gortari, los Hank González, los miembros del Grupo Atlacomulco, los Azcárraga y tantos otros, aprovechándose de los espacios de poder, tanto públicos como privados, merece ser castigado de manera ejemplar. Y ese castigo no puede ni debe confundirse con la venganza, como maniqueamente pretende explicarlo el excandidato presidencial. Castigar el abuso del poder, la corrupción y a quienes se benefician de ella significaría cumplir efectivamente con la ley. Aquél que roba es un delincuente y, de conformidad con la norma penal, tiene que ser sancionado.

Al proponer lo contrario, no sólo pretende desconocer el estado de derecho que nos rige, sino también incurre en un acto que en nada se acerca a la ética que tanto presume. Por el contrario, y lejos de atacar el fenómeno de la corrupción, se abriría aún más la puerta para que ésta se siga cometiendo. Y ello no sería otra cosa más que pura y evidente complicidad.

La situación del país es delicada y no está para bromas, mucho menos de mal gusto. El futuro de la nación y del pueblo está en juego. No se debe de jugar más con él. (Carta resumida).

Atentamente:

Miguel Ángel Hernández Jiménez

Ciudad de México