A golpes, la medalla más esperada

El triste desempeño de la delegación mexicana en Río fue paliado por un boxeador del que no se esperaba nada. Misael Hernández logró un bronce, y con eso concluyó tanto la sequía en Brasil como la del box mexicano en los Olímpicos. Integrante de una federación sumamente criticada y casi sin apoyos federales, el atleta hizo lo suyo. Eso sí, en cuanto triunfó, todo mundo se subió a su medalla. Incluso Telmex, empresa donde trabaja su madre y que le ha negado una beca para pugilistas.

El futbol y la natación fueron su pasatiempo. Y, por eso, el pequeño Misael Uziel Rodríguez pasaba horas en la cancha ubicada a escasos metros del hogar de sus padres en la colonia Kennedy, en Hidalgo del Parral, Chihuahua.

Cada 7 de abril, con motivo de su cumpleaños, le pedía a la madre un día de campo en un lugar con alberca. –“Le encantaba el agua”, recuerda la señora Aurelia Olivas.

Cierto día, y sin motivos aparentes, Misael Uziel se olvidó del futbol, de la natación y las albercas. Y poco después encontró el pugilismo. El gusto por dicha disciplina lo trae en la sangre: su abuelo materno tenía por costumbre escuchar las veladas boxísticas a través de un pequeño radio.

Después, sus tíos seguían las funciones sabatinas por televisión. El niño Misael creció en ese ambiente. De hecho, uno de sus tíos solía calzarle los guantes para ponerlo a pelear con su propio hijo. Siempre que el pequeño Misael era animado a boxear rendía al primo hermano. Tenía apenas cuatro años.

Para entonces, su padre, Jesús Manuel Rodríguez, asombrado por la destreza de su pequeño vástago, le preguntó: “Mi’jo, ¿quién te enseñó a boxear?”.

–En las maquinitas, papá, en las maquinitas…

La madre de Misael rememora que a través de las máquinas de videojuegos su hijo se aficionó al boxeo. Ella quiso quitarle al niño su nuevo gusto, y como el pequeño pasaba horas en el cuarto de la casa, jugando, Aurelia Olivas le urgió: “Tienes que hacer algo. No puedes estar así nada más engordando”.

El vástago le arguyó de inmediato: “Mamá, ya encontré un gimnasio de boxeo”.

–¿Y luego?

–Está chido. Voy a ir…

–Toma en cuenta que nada más debes considerar el boxeo como un simple deporte. Es decir, únicamente para entrenar. No quiero que andes por ahí peleando ni participando en nada…

Misael Uziel El Chino Rodríguez es el boxeador que el lunes 15 otorgó a México su primera medalla olímpica en Río 2016, para terminar así con una espera de 10 días de la delegación mexicana en Brasil. Es también el primer pugilista nacional que accede al podio olímpico desde Sídney 2000.

Ironías de la vida: esa presea se consigue por medio del boxeo, y el presidente de esta federación, Ricardo Contreras, ha sido duramente señalado por Alfredo Castillo –presidente de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte–, quien lo acusa de corrupción.

En medio de esa disputa sin tregua, Misael confirmó el color de la presea –bronce– el jueves 18, luego de perder la contienda contra el uzbeko Bektemir Melikuziev, por decisión unánime, en la categoría de 75 kilos.

En la primera ronda, el mexicano se impuso al iraquí Waheed Karaawi, por 3-0, y en la segunda fase avanzó en automático, gracias a la descalificación de su rival, el irlandés Michael O’Reilly, por dopaje. El lunes 15 clasificó a las semifinales y con ello aseguró la presea de bronce, tras imponerse al egipcio Hosam Hussein Bakr Abdin por decisión unánime.

A treparse a la medalla

Tan pronto como El Chino consumó uno de los más anhelados propósitos de la delegación mexicana en Río 2016, todos conocieron el caso: en las redes sociales se publicaron las imágenes del grupo de pugilistas –entre ellos Misael– “boteando” en las calles y microbuses de la Ciudad de México, en octubre pasado.

Para exhibir el sistema deportivo del país, y en particular al titular de la Conade, los pugilistas fueron enviados por el presidente de la Federación Mexicana de Boxeo a pedir dinero para financiar el viaje al Campeonato Mundial de la especialidad, que se realizó en Qatar. Ahí buscaron su boleto olímpico.

Así afloraron las acusaciones sobre menosprecio y discriminación por parte de Castillo. El lunes 15, por lo tanto, no sorprendió que Ricardo Contreras le pidiera al director de la Conade no presumir como suyo el solitario metal olímpico: “Esperamos que no se vaya a colgar esta medalla el señor Alfredo Castillo. ¡Felicidades Misael!”, publicó en su cuenta de Facebook la Federación Mexicana de Boxeo.

“La federación que fue desconocida por la Conade y a la que le retiró el apoyo económico, a la que vituperó hasta el cansancio, es la que le está sosteniendo la chamba, hasta ahorita, al licenciado Castillo. El presidente (Enrique Peña Nieto) debe poner a alguien que tenga sensibilidad, primero, que sepa de deporte”, insistió Contreras.

Aún más: el directivo ventiló que, derivado de las carencias económicas, la federación se vio obligada a pedir fiados los uniformes de los competidores a la empresa Adidas. La indumentaria que utilizaron los seis peleadores seleccionados, los managers y asistentes en Río todavía no se paga.

Castillo fue de los primeros en felicitar a Rodríguez en su cuenta Twitter: “Nuestros deportistas han dado todo en #Río2016, hoy Misael corona su esfuerzo, es #orgulloMéxico #México estoy contigo”.

Enrique Peña Nieto también se unió a las felicitaciones al pugilista originario del estado de Chihuahua, y hasta Arturo Elías, yerno del magnate Carlos Slim, director de Alianzas Estratégicas de Telmex, director general de la Fundación Telmex y director de Uno Noticias, celebró el éxito en su cuenta de Twitter: “Además del gusto de una primera medalla, el orgullo de que Aurelia, la mamá de Misael Rodríguez, sea mi compañera de trabajo en Telmex”.

Olivas es secretaria de Telmex en su pueblo, Hidalgo del Parral, desde hace 27 años, y desconoce la forma en que Elías Ayub se enteró de que labora en dicha empresa.

La Fundación Telmex, por medio su programa Ring Telmex, apoya a los pugilistas con becas y estímulos económicos, pero no es el caso de Misael Rodríguez, quien al menos en dos ocasiones ha ingresado en vano las solicitudes para tener derecho a ese tipo de apoyo. Simplemente “no ha tenido suerte. Entonces, ahora que ya se dieron cuenta, ¿verdad?, a ver qué sucede”, dice la señora.

El marido de Olivas, quien también fue empleado de la empresa de Slim, falleció en un accidente automovilístico en octubre de 2001. Desde entonces, la señora se ha hecho responsable de los cuatro hijos varones.

Misael intentó por última vez ingresar a la Fundación Telmex en mayo de 2015, días después de conquistar el título nacional. “Y no hemos tenido suerte… me siento muy orgullosa, porque gracias a esa empresa he podido sacar a mis hijos adelante, y lo poco que les he podido dar es porque trabajo ahí”.

La angustia de verlo

Aurelia nunca estuvo encantada de que Misael se decantara por el boxeo. “Es muy difícil para mí, pero como le dije a mi Chino: ‘Está bien, si a usted le gusta eso, va a entrenar bien duro, porque no quiero que me lo golpeen. Sólo de esa manera lo apoyo y quiero que le eche ganas. No quiero que ande ahí a ponerse para que le estén dando. Ese es el trato: yo lo apoyo hasta donde pueda’, y aquí estamos sus hermanos, que saben que en ocasiones le tengo que enviar para sus cosas al Chino, y están de acuerdo”.

Ella está al pendiente de lo que le haga falta al hijo, ya que la beca otorgada por el gobierno del estado de Chihuahua tarda en llegarle hasta cuatro meses. De alguna u otra forma, la madre contribuye en la preparación de Misael como atleta de alto rendimiento.

Por ello, Aurelia ha procurado cubrirle todas sus necesidades, ya sean guantes, careta, tenis, vitaminas e incluso tiempo aire para el celular. “Claro que le pago su celular. Donde quiera que él esté recibe llamadas o bien lo utiliza para el internet. Para mí es un gasto, pero con que mi hijo esté bien, con eso estoy feliz”.

Aurelia tampoco estuvo de acuerdo con que otro de sus hijos, el menor de la familia, incursionara en el boxeo. Pese a ello, el chico fue campeón hasta que ella ya no le permitió continuar, después de seis años en el pugilismo.

“Los dos, incluido Misael, tenían muchas posibilidades de sobresalir en el boxeo, pero les advertí: ‘Hijos, me van a volver loca entre los dos, si ya con uno no puedo. Créanme que no aguanto’. Entonces, el menor dijo que ya no seguiría, se fue a estudiar veterinaria a Ciudad Juárez, donde el gimnasio le queda muy lejos. Para ir a entrenar se hace como hora y media de camino tan sólo de ida. Ahora nomás entrena ocasionalmente.”

Desde el momento en que Misael se presentó al gimnasio en Hidalgo del Parral, a los 15 años, ya quería subirse al ring. Empero, se suscitó otro inconveniente: el adolescente se negaba a correr como parte del entrenamiento. “Eran pleitos con él, hasta que un día el entrenador decidió ponerlo a boxear. Enseguida le pusieron el ojo morado, pues no tenía ninguna práctica ni preparación”.

El instructor, Rubén Castrejón, enfrentó los reclamos de sus discípulos, inconformes con que subiera a Misael al cuadrilátero con el mínimo entrenamiento. Para todos, el manager tenía el mismo argumento: “Si El Chino gana sin entrenar, pues ahora entrenando derrotará al diablo”.

Luego la madre decidió enviarlo a Chihuahua. De inmediato su nuevo instructor, Rodolfo Picos Montes, le detectó cualidades: “Señora, su hijo es un boxeador nato. Apenas le voy a dar la indicación cuando ya está haciendo los ejercicios. Sin duda, será un gran peleador, nada más que he notado que en el tercer round denota inseguridad, y eso le ocasiona mucho nerviosismo”.

Preocupada, Aurelia consultó con el hijo: “¿Qué te pasa: sientes miedo o quieres ayuda?”, pero El Chino simplemente le respondía que no notaba esa deficiencia de su boxeo. En Juegos Olímpicos, los combates son pactados únicamente a tres episodios.

El lunes 15, en su pleito contra al egipcio Hosam Hussein Bakr Abdin, Misael botó el protector bucal en cuatro ocasiones. Tras el combate, Rodríguez llamó por teléfono a su madre, quien se lo hizo notar: “Mi’jo, otra vez tiraste el protector”.

El Chino no pudo contener las risas. “Es que él tira el protector en la mayoría de sus peleas. Es una mala costumbre o serán los nervios. En realidad mi hijo está trompudito, y tal vez por eso se le sale el protector (risas)”.

Sin los reflectores de otros deportistas que llegaron a Río con etiqueta de favoritos, El Chino fue hasta antes del lunes 15 un integrante más, casi anónimo, de la selección nacional de boxeo.

La madre relata que, de pequeño, Misael solía contarle: “Mamá, es que en mi escuela les platico algo a mis compañeros y no me creen nada”. Según Aurelia, “cómo le iban a creer a mi hijo, si todo el tiempo está con risas y risas”.

Firme, fuerte y decidido, como lo define la señora, Misael le prohibió a su madre asistir a sus peleas. El Chino le dice: “Mamá, si tú estuvieras ahí me pondría muy nervioso y no pelearía igual. Trataría de hacer las cosas bien para que me veas ganar, pero a lo mejor voy a hacer las cosas mal. Entonces no vayas, no vayas”.

En la única ocasión que Aurelia acudió a una pelea de Misael lo hizo de incógnito. Fue durante el combate por el título estatal en Hidalgo del Parral. Ese día, en 2013, el adversario le fracturó la nariz a Misael, de tal manera que aunque ganó la corona ya no pudo disputar el campeonato nacional.

“Yo estaba en medio de la porra para que no me viera. Ahí fue cuando comprendí que nada tenía que andar haciendo ahí, que bien podría apoyarlo con oraciones desde mi casa. Ahora, en estos Juegos Olímpicos, mi deseo de madre era estar ahí afuera de la arena, sin verlo pelear, esperando que terminara su participación para poder abrazarlo. Ese era mi deseo.”

Misael nació el 7 de abril de 1994. Mide 1.80 metros de estatura. Apenas tiene dos años como seleccionado nacional y en la única ocasión que participó en la Olimpiada Nacional –el mayor certamen deportivo organizado por la Conade– conquistó el oro, en 2014.

Ese año también ganó la plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Veracruz, y obtuvo el bronce en los Panamericanos Toronto 2015.

“Mi mayor fortaleza es la de nunca rendirme, salir siempre a buscar el combate. Represento el estilo mexicano de ir siempre hacia adelante, entrar en la distancia corta. Me gustan los uppers y mi mayor potencia es la derecha”, explicó Rodríguez antes de viajar a Río 2016.

–¿Qué significaría para ti una medalla olímpica?

–Claro que es una meta importante. Soñaba con ir a unos Olímpicos y la meta obligatoria es alcanzar la medalla y devolverle la gloria al boxeo mexicano, porque un paisano, Cristian Bejarano, es el último que ganó una presea y me gustaría que otro chihuahuense regresara a las medallas.

–¿Te queda claro por qué el boxeo mexicano no ha podido ganar otra medalla desde Sídney 2000?

–Son muchos factores, pero no trato de ver eso. Sólo busco enfocarme en hacer mi mejor papel. No me gusta meterme en esos asuntos que no me incumben mucho, pero sí en devolverle esa gloria a México.

–¿Te da temor decir que vas por la medalla? Varios atletas aseguran que no pueden cargar con algo tan pesado…

–No hay nada seguro en esta vida. Tampoco me gusta ser de ésos que prometen. De lo que sí estoy seguro es que voy a morir en la raya. Eso me hace pensar que voy a ganar…