Nueva despedida de Teresa Franco

Considerada como integrante del equipo cultural salinista que arribó al sector con la llegada al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de Rafael Tovar y de Teresa en abril de 1993, y se quedó durante el sexenio zedillista, la historiadora María Teresa Franco renunció a la dirección general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el pasado lunes 15, que ocupaba por segunda ocasión desde julio de 2013.

La salida de la segunda directora de la institución académica y responsable del patrimonio arqueológico e histórico de todo el país en lo que va del sexenio (el etnólogo Sergio Raúl Arroyo fue el primero), se da en medio de rumores que la colocaban como posible reemplazo de Tovar, titular y fundador de la Secretaría de Cultura, enfermo en los últimos meses (aunque oficialmente no se da información sobre su padecimiento).

Desde el jueves 11 el conductor radiofónico Martín Espinosa comentó sobre el probable salto de Franco a la Secretaría de Cultura (SC), y el rumor se propagó pronto en la comunidad del instituto y por redes sociales.

En su columna La República de las letras del lunes 15 de agosto, Humberto Musacchio­ dio la primicia antes que la propia SC y el INAH. Aunque destacó que las razones no son claras, planteó como una posible “el magro presupuesto que le tocaría al INAH después de los recortes presupuestales ya decididos y los que faltan”. Y, como otra, que estaba “tratando de ocupar el cargo de Tovar” y que éste “se habría ofendido”.

Mencionó entre las personas para sucederla a la actual coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, Teresa Uriarte; Moisés Rosas, titular del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes; Alfonso de Maria, quien ya ocupó el cargo durante el gobierno de Felipe Calderón (con la desaprobación de buena parte de los trabajadores del instituto); y César Moheno, exsecretario técnico del INAH, de quien dijo incluso ya despacha como director pero desde la SC.

En la tarde de ese día se dio el anuncio oficial de la “renuncia” de Franco, y el nombramiento, en calidad de “encargado de la dirección general”, del antropólogo Diego Prieto, entonces secretario técnico. Sorprende que al cierre de esta edición no se brindara ya el nombre del tercer director del INAH en este sexenio, cuando se está esperando también conocer los términos jurídicos y administrativos en los cuales quedará la señera institución, con 77 años de historia, en el reglamento de la SC prometido por Tovar para antes del próximo 1 de septiembre.

El secretario de Cultura dijo a los medios que, en tanto no salga el reglamento, no tiene facultad para hacer nombramientos, y descartó que la salida de Franco se deba a conflictos con él, “sólo cumplió su ciclo”.

Dudas

Franco no rompe el ritual de quienes salen de la administración pública: se va en completo silencio sobre las razones de su partida.

Como en su primera gestión, estos tres años fueron de claroscuros. Cuando regresó, a mediados de julio del 2013, un grupo de profesores, investigadores y trabajadores de la institución expresaron, en una carta dirigida a Enrique Peña Nieto, su repudio a la funcionaria que había permitido la construcción de un mall en Teotihuacán durante su primera gestión.

En medios poblanos se destacó la cercanía que Franco tuvo con el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, de quien –se mencionó– fue asesora antes de regresar al INAH. El mismo jueves 11 de agosto se difundió que la ahora exfuncionaria tuvo una reunión de trabajo con Moreno Valle, considerado uno de los gobernadores que más ha dañado el patrimonio por la pretensión de construir un parque turístico en Cholula y la creación de un teleférico.

La actuación del INAH dirigido por Franco frente a las afectaciones provocadas a la escultura ecuestre de Carlos IV, conocida como El Caballito, por una mala intervención ordenada por el gobierno de la Ciudad de México, también fue cuestionada. El INAH argumentó que no autorizó las obras, aunque el arquitecto Sergio Zaldívar, especialista en monumentos históricos, señaló en estas páginas que el instituto era corresponsable de los daños por no haber intervenido en su momento y “dejar hacer”.

A finales de 2015 otro tema polémico marcó la gestión de Teresa Franco: la anuencia para que el gobierno del Estado de México, de Eruviel Ávila, presente en la Zona Arqueológica de Teotihuacán un espectáculo de luz y sonido, que se ha querido deslindar del que en su momento planeó el entonces gobernador Enrique Peña Nieto.

Cuando Franco sustituyó al etnólogo­ Arroyo se temió que diera luz verde a la creación del Museo del Chocolate en Chichén Itzá; pero ordenó demoler los avances de la empresa belga Choco Story Chichén S.A. de C.V.

Apenas en junio pasado organizó en el Castillo de Chapultepec la mesa “Autenticidad e integridad en los paisajes urbanos históricos”, para hablar sobre la desmedida construcción de torres en la Ciudad de México. Unas semanas antes alertó sobre el impacto de los rascacielos en las zonas de monumentos y declaró que estaban inmersas en esos proyectos “cuantiosísimas inversiones”.

En cambio, la exdirectora del INAH no hizo durante su gestión ningún pronunciamiento sobre los proyectos mineros y turísticos que presionan a las zonas arqueológicas y a pueblos con culturas y orígenes milenarios, que incluso han sido despojados de sus territorios.