“Tur” de Cine Mexicano

Con su selección de largometrajes de ficción y documentales, “El Tur” (sic) se encarga de promover por diferentes ciudades de la República Mexicana el trabajo de cineastas independientes nacionales que no encuentran acomodo en otros circuitos de exhibición: documentales como El Patio de mi casa, retrato de familia de Carlos Hagerman; Viviana Rocco, revelación de una artista y activista transgénero, de Daniel Reyes; o ficciones alucinantes como Todos hemos pecado, de Alejandro Ramírez.

Responsable de escribir, dirigir, producir, fotografiar, diseñar arte y vestuario o editar, Rich Valverde encaja en el perfil del cineasta independiente por excelencia. Rodado en apenas 13 días en la Universidad de Sidney donde este director mexicano estudiaba su maestría, Dog’s Breakfast (México-Australia; 2015) es un thriller tarantinesco que costó –por que no había más– 5 mil dólares.

Claro, la hazaña pulpo de este realizador sólo es digna de mencionar en tanto que el producto es formidable; la táctica de anunciar de entrada la proeza podría sugerir la advertencia al espectador de una película que justifique defectos y limitaciones. Ni alto ni bajo presupuesto garantizan una buena película, mejor habría que dejar la anécdota al margen, a manera de mito, como ocurrió con Mariachi de Robert Rodríguez, un director, además de Tarantino, al que Valverde celebra en esta ópera prima.

Los dos ladrones de poca monta, obligados por policías corruptos a robar un misterioso maletín, encarnan a la típica pareja dispareja de cómicos de situación; el descenso al infierno al que conduce la búsqueda del objeto ocurre de forma gradual, a base de vueltas de tuerca que, pese a la tentación fársica con personajes estrambóticos, terminan por componer un engranaje apretado y bien armado. Dog’s Breakfast proclama la vocación por el cine de género, como si las series de causas y efectos dentro de la exigencia de coherencia potenciara la creatividad del director, lo mismo que la restricción económica. No basta una buena idea para un guión, hay que explorarlo y llevarlo hasta sus últimas consecuencias.

En el cine negro moderno, basado en policías corruptos, psicópatas desorbitados y héroes más allá del bien y del mal, los personajes se estereotipan al máximo, de ahí la afinidad con el cómic; los prototipos que utiliza el director, en este caso, ayudan a precisar el trabajo de sus actores, los cuales van encarnando sus papeles, de simples marionetas a tipos de carne y hueso, por lo menos en los roles principales, porque el malo es el malo y todos quieren que lo maten; pero el desenlace sorprende.

Los diálogos parecen insípidos al principio; luego se hacen sabrosos en la medida en que cada personaje se apropia de ellos con su habla distintiva, sus frases hechas y tics a manera de sellos que permanecen en la memoria del espectador. Rich Valverde posee las dos cualidades más importantes en un director de cine: pulso firme para dirigir actores y un extraordinario sentido del ritmo en la edición.