El estreno mundial del ballet Blancanieves de Irina Marcano se verificó el pasado 6 de agosto en el Centro Nacional de las Artes.
“Se trata de una obra muy gozosa, un ballet para niños”, comenta para Proceso Irina Marcano, originaria de Venezuela, quien es la autora del guión, de la musicalización, concepto y coreografía de este ballet.
Desde 2012 es bailarina de la Compañía Nacional de Danza del INBA (CND). Ya había incursionado con éxito en la creación de diversas coreografías en Ecuador. En 2014 y 2015 obtuvo el primer lugar en el concurso interno de coreografía de la CND, por lo que sus dirigentes decidieron invitarla para crear un ballet nuevo e incorporarlo a su repertorio.
El tema que escogió Irina Marcano fue el popular cuento de los hermanos Grimm (Jacob Karl y Wilhelm Grimm); su colección consta de 210, muchos de los cuales son recopilaciones de relatos antiguos, entre los que destacan “La Cenicienta”, “Barba azul”, “Hänsel y Gretel”, “Rapunzel”, “La Bella Durmiente”, “El gato con botas”, “Juan sin miedo”, “Pulgarcito” y el que nos ocupa.
Manzana envenenada, madrastra mala que se transforma en bruja, siete enanos mineros, animalitos del bosque, príncipe que despierta a Blancanieves del sueño mediante un beso de amor –igual como sucede con la Bella Durmiente.
Para llevar a cabo el proyecto se conjuntó un equipo creativo de primera: Escenografía de Jorge Ballina, iluminación de
Xóchitl González, vestuario de Sara Salomón, arreglos musicales de Dimitri Dudin, dirección orquestal de José Luis Castillo
–comandados todos por la autora Irina Marcano–, y el resultado: un éxito más para ella.
La coreografía estilo contemporánea recurre aquí y allá a elementos de baile clásico y, por supuesto, a la pantomima, mímica y a un gran histrionismo, sobre todo de las brillantes protagonistas: Michele Cutri en el personaje de Blancanieves y Mónica Barragán como la Bruja, estupendas ambas.
El resultado es teatralmente novedoso gracias a la escenografía minimalista y funcional y al colorido vestuario. Un simpático detalle muy mexicano es que los animalitos del bosque carecen de forma y color identificable, pues son alebrijes.
El público reaccionó favorablemente desde un principio y se divirtió siguiendo los pormenores de una música y un cuento con el que ya está muy familiarizado.
Con un poco más de una hora de duración, este ballet cumple de maravilla con el propósito de iniciar al público infantil en el fascinante mundo de la danza. Treinta y un bailarines en escena. Calidad y alegría por bailar es lo que manifiesta la CND ahora bajo la dirección del maestro Mario Galizzi.
Esta obra está destinada por méritos propios a formar parte del repertorio regular de la compañía para que mucho público de la CDMX y de los estados de la República la disfrute en sucesivas reposiciones.








