“Sucia y muy chingona historia de amor”

Dos jóvenes que no son el uno para el otro, pero que a lo largo de diferentes encuentros descubren todo lo contrario. Sucia y muy chingona historia de amor habla, con humor y ligereza, del amor, de las heridas del pasado y de la incapacidad de comunicarse.

Ana González Bello y Manuel Calderón actúan y escriben esta pieza bajo la dirección de Aída del Río y Manuel Calderón. Una historia sencilla con elipsis de tiempo que nos cuenta desde su estado de soltería y el día en que se encuentran en un antro, hasta llegar a lo que sabíamos desde el principio: el encuentro y su declaración de amor.

La historia es divertida y el público conecta desde el principio. También es cursi y con un sonsonete al usar textos en verso que más que melódicos se convierten en ripios. Y la constante narración hacia el público a manera de monólogos de acción y pensamientos, tan usados en la actualidad, a veces la vuelven cansada. Atinadamente, el romanticismo se corta, por lo general, por medio de situaciones cotidianas, equívocos y comentarios chuscos, con los que reímos gustosos.

La obra está basada en Dirty great love story, escrita y actuada, también en verso y prosa, por los ingleses Katie Bonna y Richard Marsh, que se presentaron en 2012 en el Festival de Edimburgo y en 2013 en el Soho de Nueva York. En la Ciudad de México es la cuarta temporada en la que este equipo creativo ofrece con éxito Sucia y muy chingona historia de amor.

La historia empieza cuando ella tiene su corazón roto y un dolor que la machaca por el abandono de su exgalán, y él se siente un “teto” que no sabe cómo abordar a las mujeres. Ambos tienen dos amigos confidentes, él un norteño y ella una “pipirisnice” a los cuales interpretan con diferentes caracterizaciones. También caracterizan a la espectacular novia brasileña y al exnovio prepotente, macho y egoísta. Los personajes son una caricatura de ellos mismos, sobre todo los amigos, y el fingimiento en la voz y la actitud exagerada en el comportamiento y la expresión de las emociones convierten la pieza en una farsa, donde los personajes secundarios se ridiculizan con el objetivo de contrapuntear y diferenciarlos, y donde el público llega a enternecerse con los protagonistas.

Los encuentros de esta pareja son desafortunados y provocadores de risas, pues las fuerzas de atracción van y vienen con el tiempo. Los malos entendidos los alejan aún más pero la vida los invita a conocerse casi en contra de su voluntad. Este movimiento contradictorio de estira y afloja hace dinámica la obra y, sobre todo, atractiva por las actuaciones frescas y sueltas de Ana González Bello y Manuel Calderón. Su naturalidad y energía hace que la obra no decaiga. La dirección es práctica y se refuerza con la escenografía de Iván Sotelo, conformada por dos baúles de múltiples usos y lámparas chinas de diferentes tamaños iluminadas desde fuera con colores, que hacen la propuesta teatral visualmente atractiva.

La trama de Sucia y muy chingona historia de amor se basa en la necesidad de encontrar novio, y una generación de chicas adolescentes puede identificarse, pero también se pregunta acerca de los estereotipos. Hay molestia cuando ven al personaje femenino creyendo que sólo puede estar completo si encuentra a su media naranja y piensa en eso obsesiva y depresivamente, a diferencia del otro, a quien aunque también le pesa la soledad, va y viene, se divierte y tiene sexo sin problemas.

En Sucia y muy chingona historia de amor, que se presenta los miércoles en la Teatrería, el público se divierte y pasa un rato agradable. Las risas son frecuentes y las carcajadas también. Por algo esta puesta en escena ha tenido tan buena recepción de público.