El general que ya no cree en la guerra

BOGOTÁ.- Rafael Colón es un general atípico. Tanto que los oficiales más conservadores de las Fuerzas Militares lo ven con desconfianza y lo han tildado de “izquierdista”. Y no sólo porque piensa que toda estrategia de seguridad debe tener un fuerte componente de inversión social, sino porque es un partidario absoluto de la paz.

Además, Colón fue uno de los muy escasos mandos que combatieron a los grupos paramilitares la década pasada, cuando era parte de la “normalidad” que la cúpula de las Fuerzas Armadas tolerara o fuera cómplice de esas organizaciones ilegales que asesinaron y desaparecieron a más de 15 mil civiles.

Él sostiene que combatió por igual a los paramilitares ultraderechistas que a las guerrillas izquierdistas. De hecho, hace nueve años desarticuló el Frente 37 de las FARC. Pero hoy es un convencido de que el conflicto armado en Colombia no tiene salida militar.

“Yo ya no creo que la guerra sea la solución a este conflicto. Sólo una negociación política, como la que se ha hecho en estos últimos años con las FARC, puede conducirnos a la paz”, dice a Proceso este general en retiro de la infantería de marina.

Llegó a esa conclusión en 2006, durante el segundo gobierno del presidente Álvaro Uribe, quien desarrollaba una estrategia de guerra total contra las FARC.

Los jefes militares comenzaron a medir los resultados de la guerra por el número de bajas de guerrilleros. “Las bajas no es lo más importante. Es lo único”, dijo a sus tropas el comandante del Ejército de la época, general Mario Montoya.

Colón y decenas de oficiales de las Fuerzas Armadas comenzaron a enterarse en los cuarteles que colegas suyos asesinaban a jóvenes del campo y de los barrios populares de las ciudades para presentarlos como guerrilleros muertos en combates.

Esas ejecuciones extrajudiciales, que el país comenzó a conocer en 2008, rebasaron las 3 mil 400, según investigaciones de la Fiscalía colombiana.

“Ahí vi que la guerra se degradó y que no se podía ganar militarmente. Había que buscar la paz”, asegura Colón, quien ha formado parte de la delegación gubernamental que negocia un acuerdo con la guerrilla de las FARC en La Habana, Cuba.

En diciembre recibió el Premio Nacional de Paz 2015, una distinción que nunca había recibido un militar. Y en mayo anterior concluyó sus labores como director del programa contra minas antipersonales de la Consejería del Posconflicto para dedicarse a trabajar por la paz desde otra trinchera.

Los años duros

En 2001, cuando Colón era capitán y había participado como oficial de inteligencia en la lucha contra los cárteles de Cali, del Norte del Valle y de la Costa, la Armada lo nombró comandante del Batallón de Infantería de Marina del suroccidental puerto de Tumaco, donde el jefe paramilitar Guillermo Pérez Alzate, alias Pablo Sevillano, imponía su ley.

Sevillano, que era jefe del Bloque Libertadores del Sur de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), le mandó al batallón un taxi con dos neveras portátiles en la cajuela. El chofer le dijo que era “la carne y los langostinos para el mes”. Colón no quiso saber qué había en el fondo de las hieleras.

“Usted tiene 30 segundos para salir de acá o lo capturo”, le dijo al taxista.

En ocho meses sacó a los paramilitares del puerto, redujo las tasas de homicidios, controló la violencia y le incautó a Sevillano 70 toneladas de cocaína, más de 300 kilogramos por día en promedio. Además, le destruyó 15 “complejos industriales” para cristalizar esa droga, algunos de ellos con canchas de futbol.

Los golpes al Bloque Libertadores del Sur de las AUC alentaron al Frente 28 de las FARC, que tenía sus campamentos en la cordillera occidental, a bajar hasta las inmediaciones del puerto, lo que llevó al capitán Colón a enfrentar a esa guerrilla “hasta replegarla hacia la parte alta otra vez”.

Montes de María

En diciembre de 2001, el capitán fue nombrado comandante de las Fuerzas Especiales de la Armada, un cuerpo de élite integrado por 300 infantes de marina con entrenamiento de comandos.

El alto mando le ordenó trasladarse con sus tropas a Montes de María –una región de 15 municipios y 550 mil habitantes ubicada en los caribeños departamentos de Sucre y Bolívar– a fin de combatir a los paramilitares que operaban con toda impunidad en esa zona.

“Habían cometido masacres, torturas, ejecuciones de mujeres y niños y toda clase de vejámenes aberrantes. Violaban a las mujeres y a las niñas, y a los campesinos que ellos consideraban colaboradores de la guerrilla los torturaban de manera infame en la finca El Palmar.  Hacían todo eso y no pasaba nada”, dice Colón, quien en ese tiempo fue ascendido a coronel.

El oficial dejó a su familia en Cartagena, sede de la Armada, y partió al encuentro del Bloque “Héroes Montes de María” de las AUC, comandado por Rodrigo Mercado Peluffo, alias Cadena, y por sus lugartenientes Marco Tulio Pérez Guzmán, El Oso, y Luis Sánchez Barrera, El Profe.

Ellos se dedicaban a combatir a la guerrilla y a mantener un dominio de la zona basado en el terror, los negocios ilegales –principalmente el narcotráfico– y el control del aparato estatal.

“Todo estaba cooptado por las AUC: las alcaldías, los presupuestos de salud y educación, los contratos de obra pública. Todo…”, asegura.

El coronel Colón organizó a sus tropas en pequeños grupos que se desplazaban por toda la zona a bordo de camionetas pick-up Chevrolet Luv 4×4 de doble cabina, iguales a las que usaban los paramilitares.

A mediados de 2002, mientras patrullaba con tres infantes de marina un área rural, se cruzó en su camino un vehículo conducido por un ganadero que detuvo la marcha y lo saludó: “Mi comandante, ¿cómo me le va? Ahí en la finca están sus hombres”.

Colón se dio cuenta que el ganadero lo había confundido con un comandante paramilitar y le dijo:

–¿Usted con quién cree que está hablando?

–Disculpe, coronel, qué pena. Me equivoqué.

–Hágame favor y siga su camino –le dijo Colón–. Lo voy a seguir y vaya despacio. No acelere porque si acelera le voy a disparar con mi fusil a las llantas de atrás, y de pronto tengo mala puntería y me equivoco y se van los tiros a la cabina.

–Entendido, coronel –dijo el ganadero.

El coronel y sus hombres lo siguieron a su finca y al llegar a la casa principal encontraron al Profe con un enjambre de escoltas. Después de un enfrentamiento en el que Colón vació varias veces el magazine de su fusil M16, el jefe paramilitar se entregó.

Con esa captura, recuerda, comenzó a ganar la confianza de la población, a la que conminó a denunciar a los jefes del Bloque “Héroes Montes de María” de las AUC, en especial a Cadena y al Oso, quienes obligaban a las mujeres más hermosas de la región a participar en concursos de belleza en el municipio de Libertad con el único fin de violar a las ganadoras y a las niñas vírgenes.

Los fines de semana, el comandante de las Fuerzas Especiales de la Armada entraba a los billares y en un pizarrón escribía: “Soy el coronel Rafael Colón. Estoy buscando a alias Cadena. Pago 50 millones de pesos (unos 18 mil dólares de la época) y mi celular es…”.

El jefe paramilitar, quien eufórico de alcohol y drogas solía cortar a sus víctimas en la vena femoral y colgarlas de un árbol de la finca El Palmar hasta desangrarlas, tuvo que pasar a la clandestinidad.

Cuando eso ocurrió, los paramilitares habían cometido en la región más de 40 masacres y unos 4 mil asesinatos políticos, además de provocar el desplazamiento de 230 mil personas.

“Fue una lucha dura, muchas veces contra las mismas autoridades, pero a las autodefensas las erradicamos en Montes de María”, asegura Colón.

La gente de Montes de María contaba que cuando Cadena preguntaba a sus sicarios quién descubrió América, ellos debían responder “Simón Bolívar” para no mencionar el apellido “Colón”. El paramilitar fue asesinado en julio de 2005 por sus antiguos socios.

Hoy, el general Colón cree que es hora de poner fin al conflicto armado y trabajar por la reconciliación nacional. Por eso, asegura, votará por el “Sí” en el plebiscito para refrendar los acuerdos de paz con las FARC.

Y no sólo eso: también hablará con cien personas cercanas para alentarlas a hacer lo mismo y tratará de convencer incluso a quienes lo han llamado “traidor” por creer en la paz.