Amealco de Bonfil, QRO.–Estudiosos de las políticas culturales del Estado mexicano que contribuyen a reconstruir el tejido social, Carmen Pérez Camacho y Andrés López Ojeda visitan por segundo año el campamento de la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM), en esta localidad, para conocer de cerca la experiencia de los niños y jóvenes que participan y sus impactos en la formación de valores.
En entrevista con este semanario adelantan que en breve publicarán un libro en el cual presentan los resultados de las investigaciones y estudios que han realizado en sitios como Michoacán, donde se lleva a cabo el programa Cultura para la Armonía (Proceso, 2056). El volumen contiene un apartado sobre el Sistema Nacional de Fomento Musical y la OSIM.
López Ojeda, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, explica que han trabajado temas de patrimonio cultural y turismo, y se interesaron particularmente en el programa de orquestas porque “en México, constitucionalmente, la cultura es un derecho humano, ciudadano”.
En ese sentido, considera que la razón de ser de un programa como el de Fomento Musical es brindar ese derecho, y se convierte entonces en “un ejemplo de buenas prácticas de política pública cultural”.
El doctor en antropología dice que en tanto programas basados en la institucionalidad pública, el Sistema y la OSIM deben de tener impactos y metas más allá de lo musical, deben de ser sociales. Y en su opinión cumplen con el propósito del artículo cuarto de la Constitución Política, relativo al derecho a la cultura.
Su propósito al acercarse al estudio del Sistema es conocer “cómo a partir de un programa de naturaleza musical hay otros efectos: el nivel social, la solidaridad, la formación de valores, aquí están además articuladas una serie de instancias”.
Se refiere a instituciones de los gobiernos federal, estatal y municipal.
Para Pérez Camacho la labor de la OSIM va más allá de la educación técnica musical pues “está impactando en otras dimensiones de los jóvenes, como la social porque los vincula con otros chicos que tienen los mismos deseos de ser músicos, también les proporciona una serie de valores (como la solidaridad) y es también una plataforma para continuar desarrollándose en otros espacios de la música. En el ámbito familiar también es importante porque los valores que crean se los llevan a su familia y su ámbito comunitario”.
Le sorprende a la doctora en antropología encontrar entre sus entrevistados niños que tienen una vocación musical muy definida, que incluso logran ir al campamento por sus méritos, pero que no han contado con el apoyo de sus padres, pues les dicen que la música no rinde frutos económicos.
Otra circunstancia que ha encontrado, es que en algunas entidades del país se ve mal que las niñas estudien música porque creen que podrían dedicarse “al talón”, que significa tocar en fiestas que podrían comenzar a relacionarlas con la delincuencia organizada.
Pero lo que ella ve en la convivencia en el campamento, es el despertar de una solidaridad que se extiende a las familias de los participantes y aun a sus comunidades.








