La confrontación de los poderes fácticos en contra de la población mexicana cobra tintes de crispación. Nuestros ricos le suben el volumen, sin que se encuentre un respaldo sensato a las exigencias que proclaman. Eso de que los empresarios le marquen al gobierno un “ya basta” de tolerancia, en referencia a los plantones y a los bloqueos de la CNTE, es discurso que se sale de toda lógica política y rompe con la sensatez que ha de primar en las discusiones de gobierno o de consulta entre éste y las partes interesadas.
El gobierno federal se nota secuestrado por las bandas de sicarios mercantiles, a quienes gusta autodenominarse empresarios. El paquete en disputa de la reforma educativa sintetiza los mandatos que hacen los ricos del mundo a nuestro gobierno. No ocupa el aval de los locales, pero éstos lo aportan aun sin que se lo requieran. El tinglado se cocinó en las oficinas perfumadas del primer mundo, las del BM, del FMI, de la OCDE e instancias similares. Todo parecía ir sobre ruedas, cuando sus empleados en el gobierno y en los partidos mayoritarios se pusieron de acuerdo en su “pacto por México” y dieron paso a las famosas “reformas estructurales”. Pero se les descarriló el convoy y hasta ahora parecen no hallar forma de poder enderezarlo.
El litigio proviene de la cerrazón de las partes. El gobierno invoca para sí, o a favor de sus pretensiones, la rigidez de la ley. Es ley ya. Está nimbada con los santos óleos de lo estatuido, de lo que ha de imponerse hasta con la fuerza si se requiere. Los ricardos del país se ven todos desatinados porque sus empleados en el poder no echan mano del brazo armado y aplican la fuerza. Les parece extraño el espectáculo de que se les vaya a convertir en letra muerta.
Entre nosotros hay muchos casos de leyes que son letra difunta. Pero es destino para leyes patito, destinadas a la boruca, para acallar ruidos, para hacer creer que se generarán beneficios. La extrañeza que muestran los corsarios, sedicentes empresarios, viene de que les estén aplicando una sopa de su propio chocolate. Pero no es chanchullo clásico del gobierno, su mucama, sino fuerza que proviene del sur. La población se volcó en apoyo a los maestros en esto de la resistencia a la mentada reforma educativa.
La población arma las barricadas y las cuida, para no dejar pasar al brazo armado del gobierno, sean policías o soldados, a aplicar una ley lesiva para el gremio magisterial y al público en general. Los padres de familia, que llevarán a sus hijos a las escuelas públicas, van a tener que cambiar sus hábitos de erogación, si se empiezan a aplicar las medidas de la combatida reforma. Lo entienden todos a la primera y se han lanzado a formar filas de combate. El público conoce las leyes muertas. Pero a ésta la identifican como lo que es, como una medida lesiva a la economía popular y, en contraste, favorable a los oligarcas del país. De ahí su resistencia organizada.
El conflicto lo entienden bien ambos frentes de beligerantes. Los señores comerciantes, acuerpados en Mexicanos Primero, en las televisoras y otros espacios no desfilan hacia trinchera alguna. Exigen al gobierno, como a un empleado, a marcarle un “hasta aquí” a la resistencia popular. Lo juzgan de pusilánime. No les remuerde la conciencia la ejecución de páginas negras como la de Ayotzinapa y la de Nochixtlán. Su discurso autoritario no se mueve un ápice del formato de la dureza de la ley. ¿Arreglos, acuerdos, negociaciones, para qué? Conminan a su empleado a cumplirles hasta el último capricho. El público, liderado por los maestros de la CNTE, tampoco se mueve un centímetro de sus barricadas. El conflicto se mantiene endurecido.
Vía clásica usada desde el poder para que no brotaran conflictos, es la manipulación gremial. En el SNTE se aplicó la fórmula del corporativismo extremo. Siempre se sometió a los posibles inconformes y mediatizó toda bandera de reivindicación enarbolada por quienes toman en serio las instancias de conducción y trabajo gremial. Es muy conocida la simbiosis entre las instancias administrativas educativas y los cubiles sindicales del magisterio.
Hace 30 años con la aparición del segmento disidente de la CNTE, el modelo amenazaba con hacer agua. El sindicato, con el apoyo permanente de la legalidad, marginó toda inconformidad. Aisló a quienes no se plegaron a la “vida legal” del sindicato. A pesar de los embates y la persecución oficial, interna y externa, en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y otros espacios prendió la resistencia. En el centro y norte sigue vivo el control oficial. Con la sacudida presente este férreo control ya sufre descalabros. Los opositores sienten la cadena menos pesada.
Las tandas de beneficios que proporcionaba el gobierno a través del sindicato se han adelgazado. Lo atractivo del sindicato radicaba en los beneficios a obtener por su vía. Ésta ya se les muestra magra e inútil. ¿Cómo despertarle una lealtad masiva que va en desplome? Es lo que muestran los resultados electorales recientes obtenidos en las dos secciones sindicales del SNTE en Jalisco. La Sección 47 agrupa a los estatales. Ahí pareciera que no se mueve todavía una hoja del árbol sin la voluntad de sus señores exsecretarios. Los que mandan son José García Mora, Juan Alcalá y otros personajes menores. En la remoción de hace dos meses, los maestros que podrían mostrar alguna disidencia o afinidad con la CNTE, agrupados en la planilla Dignidad, simplemente no recibieron registro. Se les negó la participación electoral y no obtuvieron ninguna cartera de las que reparte el gabinete de la directiva electa. Arnoldo Rubio Cárdenas, abanderado de la planilla oficial Unidad arrasó con su planilla única. Repartió los puestos del nuevo comité entre sus cuates.
Un poco distinto vino a ser el resultado de las elecciones en la sección 16, que agrupa a los maestros federales en Jalisco. Ahí sí hubo disputa. La planilla Dignidad logró registro y contendió frente a la oficialista Unidad. Carlos Banderas Rentería, maestro de telesecundarias, obtuvo 288 votos como independiente. El triunfo se lo llevó Elpidio Yáñez Rubio, contabilizando 432 votos. Los puestos del nuevo comité se repartieron de manera proporcional a los números obtenidos. En el proceso se vivió una serie inacabable de chanchullos y trampas, contra las que les cuesta a los mentores hallar el antídoto. No podrá derribarse este edificio de malas mañas, tan bien apuntalado en Jalisco, en tanto los maestros de aquí no sigan los pasos a sus colegas del sureste y se enfrenten a los manipuladores que los atan al carro oficial.
Tal vez la perspectiva de luchar por su independencia gremial, para luego engrosar las trincheras de la lucha en la defensa de los intereses generales de la población, no los estimule tanto. Pero es la perspectiva que dan las luchas de los pueblos. Es la danza que nos ha tocado bailar y no nos queda otra sino saltar a la pista y tomar nuestro turno. ¿Cuándo veremos a nuestros mentores locales encabezando estas reivindicaciones? No habrá que desesperar. Ya llegará.








