Señor director:
En la edición 2071 de Proceso aparece el artículo “Qué es el populismo”, de Judith Amador Tello, que expone las concepciones de Armando Bartra, Lorenzo Meyer y Carlos Tello. Agradezco a usted publicar el presente comentario, por considerar que los citados intelectuales no expresan la esencia verdadera del populismo.
Los cultos personajes en mención afirman que con el populismo los mexicanos conseguimos el derecho a la salud universal, educación digna, redistribución del ingreso, mejores salarios, inclusión social, nacionalismo y defensa de la soberanía. Pero si ello fuera cierto no lo fue gracias al populismo, sino a la lucha del pueblo, sobre todo de la clase obrera, que con su acción revolucionaria sólo arranca migajas al régimen burgués para no morir de hambre y sobrevivir para seguir siendo explotado. En esencia niegan la lucha de clases.
Afirman que el populismo puede ser de derecha o de izquierda y se refieren al gobierno del general Lázaro Cárdenas, argumentan que tenía una conciencia social progresista, que usó el poder para algo muy positivo y que daba respuesta inmediata a las peticiones del pueblo beneficiando a los campesinos y a los obreros. Al respecto, quiero recordar que las reformas económicas y sociales del cardenismo afectaron a ciertos sectores burgueses, sobre todo a los grandes terratenientes, pero sus reformas, a la postre, contribuyeron al desarrollo del régimen capitalista, porque elevó la capacidad del mercado interno, movilizó la fuerza de trabajo al incrementar la industria, permitió al Estado una mayor capacidad económica al servicio de la clase dominante, pero este desarrollo económico del país se fincó precisamente en una mayor explotación de la clase obrera. Aun antes de finalizar el régimen cardenista ya se proyectaba una política de congelar los salarios, a finales de 1939 acordó no elevar el salario mínimo y desde entonces vivimos salarios de hambre.
También cabe recordar que en el régimen cardenista, 35 mil proletarios agrícolas de la comarca lagunera de Coahuila y Durango exigían a sus patrones contrato colectivo, un salario mínimo y otras prestaciones de ley; el gobierno contestó a esas demandas obreras repartiendo tierras y formando ejidos para la producción mercantil, pero actualmente los beneficiarios de esas tierras y del agua son las empresas trasnacionales, como Lala, Soriana, etc., mientras que la gran mayoría de los campesinos siguen arruinados y emigran al extranjero en busca de sustento económico.
Si nos remontamos a la historia del populismo es posible que encontremos que la consigna “tierra y libertad” que enarboló Emiliano Zapata se haya originado de los populistas que en 1876, en Rusia, crearon la organización Tierra y Libertad, defensora de la economía mercantil y de las comunidades campesinas. Para ellos no existía el capitalismo, incluso hasta llegaron afirmar que era un fenómeno en retroceso de la sociedad. Esta teoría del populismo, como muchas otras, le sirve a la burguesía porque niega la lucha de clases y embellece el capitalismo. En las obras Quienes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas y Los aditamentos del populismo a la “herencia”, Lenin refuta teóricamente esa ideología filosófica porque la considera defensora del orden burgués establecido.
En esencia, el populismo es una ideología demagógica, como la que hace el gobierno federal de llevar alimento chatarra a Oaxaca, que en realidad no la entregó al pueblo, sino a los grandes comerciantes, y trata de desviar la heroica lucha de la CNTE que impugna la mal llamada “reforma educativa”, que es anticientífica, y que defiende Nuño por consigna del capitalista sanguinario Bailleres, explotador de las minas del país.
Atentamente,
José Asunción Luna Ortiz








