Única sobreviviente de las tres grandes compañías de danza contemporánea en México durante la segunda mitad del siglo XX (con Ballet Nacional fundado y dirigido hasta su muerte por Guillermina Bravo y el Ballet Teatro del Espacio fundado y dirigido siempre por Michel Descombey y Gladiola Orozco), el Ballet Independiente (BI), creado por Raúl Flores Canelo en 1966, llegó victoriosamente a sus 50 años de vida y lo celebró con una noche de nostalgia pero también de esperanza y mirada hacia el futuro. Esto aconteció el martes 19 en Bellas Artes.
No exento de las nefastas políticas oficiales que propiciaron la desaparición de las otras dos compañías, el Ballet Independiente en más de un momento se las ha visto verdaderamente negras y, justamente por eso, resulta verdaderamente admirable y digna de encomio esta celebración de medio siglo de tozudez, lucha, golpes, zigzagueos, caídas, pero siempre levantadas.
Y, claro, como no podía ser de otra manera, una noche de apoteosis dancística fue la que tuvimos al festejarse al unísono a Flores Canero, tal y como fueron concebidas por él y presentadas por primera vez sus coreografías, reproduciendo con exactitud en sí y en el vestuario, escenografía, luces y hasta voces: El bailarín (1988), Jaculatoria (1979) y Poeta (1988), dedicadas al alter ego de Raúl, el poeta zacatecano Ramón López Velarde.
Todas sus coreografías tuvieron siempre un inmenso sentido e intención lúdica; Flores Canelo llegó a la danza para desacralizarla, desolemnizarla, hacerla “callejera”, ponerla al alcance general para que pudieran manejarla, gozarla, manosearla al sentir que era suya. De aquí su éxito porque, sin perder rigor y estando clarísimo en todo momento que la danza escénica es arte, de lo que “habló” siempre en sus creaciones fue de la gente de la calle, del albañil, de la criadita, de “la señora”, el policía, de la gente con la que se cruza en la calle día a día porque, a querer o no, somos esa gente. Aunado a esto, los personajes, las situaciones y entornos, el retrato popular de usos y costumbres que, en combinación con los protagonistas, nos producen ese todo que es el que habitamos y quienes lo habitamos.
Por eso puedo sostener aquella afirmación: “Raúl Flores Canelo es a la danza lo que Chava Flores es a la canción”. Y vale agregar que ningún parentesco familiar unía a estos dos Flores, cada uno en lo suyo.
Por eso y mucho más, albricias por los 50 años de Ballet Independiente y a la terquedad creativa, poética y danzaría de sus integrantes de ayer, hoy y mañana, en primer lugar, desde luego, a Magnolia Flores.








