En el actual movimiento de los profesores, han “subido” a YouTube algunos videos como el titulado En pie de lucha (de grupos de rap, raggae y son jarocho) convocados por el artista gráfico mexicano Gran OM (Omar Insunza) apoyando a los maestros, y también corridos: “El corrido del magisterio de Chiapas”, “El corrido magisterial de la CNTE” y “El corrido del Magisterio”.
Estos retratan, en el fragor de la lucha, la problemática cotidiana de los movilizados y las características de la ofensiva en su contra, recordemos que el objetivo principal del corrido es contrastar, cuestionar y confrontar lo que dice el gobierno y los medios de información afines a éste, ofreciendo una narrativa alternativa, una “verdad no oficial”. El tema requiere de un mayor tratamiento; pero dejémoslo para otro momento, y ahora centrémonos en ciertos puntos que surgieron en relación a la Mega Marcha Cultural en apoyo a los docentes, que tuvo lugar el 9 de junio en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
La marcha fue convocada en un inicio por los estudiantes de la Escuela de Música de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), aunque tomó una dimensión mayor cuando apareció una invitación, en las redes sociales, para participar en ella el maestro Rubicel Gómez Nigenda, Patrono de los Parachicos de Chiapa de Corzo. La movilización logró una convocatoria inédita y fue un gran acontecimiento que puso en la mesa de discusión aspectos actuales y controvertidos en torno a la música tradicional que es necesario retomar.
En el diario electrónico Chiapas Paralelo del 9 de junio, el periodista Isaín Mandujano (corresponsal de Proceso en el estado) tituló su nota “Con marimba, tambor y pito, parachicos, chiapanecas y zoques tuxtlecas apoyan movimiento magisterial”. El texto plantea que por primera vez atuendos y expresiones de la tradición “se usaron para apoyar un movimiento político y social en Chiapas”, en donde los líderes de la coordinadora “agradecieron el apoyo de miles de danzantes y señalaron que gracias a estas muestras de apoyo ellos seguirán en la lucha hasta ver caer la Reforma Educativa”.
En la página en línea Enlace Zapatista, fechada el 17 de junio, en el texto Apuntes sobre la guerra en el Magisterio en resistencia… se hace mención de la marcha cultural y nombra a los participantes: “parachicos, danzantes, musiqueros, trajes regionales, personas en sillas de ruedas, marimba, tambores, pitos y flautas, lo mejor del arte zoque y miles de personas saludando la resistencia del magisterio”.
Una de las características que hace de la magna marcha única y a todas luces relevante es la intervención de músicos de la tradición que tienen varias diferencias de fondo y forma con los artistas que mencionamos al inicio del presente trabajo. Los músicos tradicionales están inmersos en prácticas y contextos comunitarios (nacen y se desarrollan en dichos espacios), desde los festivos-seculares hasta los sagrados-religiosos. El aprendizaje de su música es de transmisión oral, vía directa de maestros o familiares músicos, va de generación en generación; muchas veces adquieren el “don” por medio de sueños o del otorgamiento de deidades o “encantos” que moran en los sitios sagrados (cuevas, cascadas, rocas, ríos): su conocimiento no tiene nada de académico, ni de enseñanza formal.
El patrimonio musical que crean y recrean continuamente en sus fiestas (fandangos, mitotes, mequés, guelaguetzas, etcétera) es un patrimonio vivo y vigente en todos los sentidos, siendo profundamente antiguo y contemporáneo a la vez. Su música no está hecha para los escenarios, sino para reforzar redes comunitarias e invisibles enlaces con las deidades, ya sean santos, vírgenes o divinidades originarias.
Desde esta concepción, los músicos que intervinieron en la marcha no acompañaron simplemente a los maestros ni son músicos reconocidos en los medios de comunicación (así sean alternativos); tampoco se adhirieron a los maestros por una inesperada o casual toma de conciencia, sino que están íntimamente ligados al movimiento: han hecho suyas las demandas de los maestros, tienen vínculos y mantienen lazos sociales con los profes. Algunos de ellos son maestros o tienen familiares o amigos cercanos al magisterio disidente, es decir, conocen la problemática de fondo. A su vez, los profesores a través de muchos años han logrado construir una respetuosa ligazón con los pueblos y padres de familia, conformando estrechas relaciones de solidaridad que implican, incluso, defender hasta sus últimas consecuencias sus reivindicaciones.
Un aspecto de gran trascendencia que ha acercado a los maestros con sus alumnos, es la certera elaboración de contenidos educativos acordes con las realidades regionales y con una visión clara de lo que es realmente la diversidad cultural, y una adecuada aplicación de la educación intercultural alejada de manuales y engorrosos documentos oficiales. Es así que la música, danza y otras manifestaciones del patrimonio cultural están presentes en las clases, investigaciones y fiestas en las escuelas. Estos elementos no están tomados en cuenta en la Reforma Educativa y sus ideólogos y comparsas intelectuales no tienen ni idea de esta realidad que no sólo permea “el sur de la República”, sino que constituye una innegable situación en el centro y norte del país. Es por ello que los músicos tradicionales, al igual que amplios sectores del magisterio, se encuentran en permanente resistencia defendiendo sus espacios vitales.
El viernes 17 de junio, músicos y danzantes de la antigua Coita, ahora Ocozocuautla, también se manifestaron en Tuxtla Gutiérrez en apoyo al magisterio, y el 26 de junio, con música de pito o carrizo fue despedida la nutrida comisión que viajó a la Ciudad de México. El 18 de julio marcharon miles de peregrinos, provenientes de 50 parroquias de San Cristóbal de las Casas, solidarios al movimiento de docentes; los grupos de músicos tradicionales de tambor y pito se hicieron presentes, y el llamado de alerta y reunión del caracol sonoro prehispánico se oía de vez en vez.
En la marcha cultural convocada por el Patrono de los Parachicos participé con mi tambor zoque (construido por uno de los pocos lauderos que mantienen viva esta práctica en Tuxtla), y al saludar a un joven tamborero, me contestó:
“¡Aquí andamos los músicos de tambor, al lado de mis maestros, con el puño en alto!”
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* Promotor cultural, investigador independiente y productor fonográfico radicado en Chiapas. Este texto lo ofrece para los lectores de Proceso, y es un fragmento de su estudio La música y el puño, en prensa.








