Del desdén del SNTE, a un nuevo sindicato

Los trabajadores de la cultura, que nunca consiguieron el cumplimiento de sus demandas mientras se agrupaban en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), buscan nuevas formas de lucha tras la creación de la Secretaría de Cultura; por ejemplo, los arquitectos del INAH intentan defender como patrimonio la imagen de sitios históricos urbanos, agredidos por las inmobiliarias privadas y “ejemplares extraños” de estilo internacional.

La creación de la Secretaría de Cultura (SC), a mediados de diciembre de 2015, terminó por atomizar la organización de los trabajadores de los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH), de Bellas Artes (INBA) y del extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), originalmente agremiados en diversas delegaciones al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Desde los primeros meses de este año se han formado nuevos sindicatos, incluso de carácter “nacional”, pero ninguno logró unificar a todos los empleados del antes llamado subsector cultura, dependiente de la Secretaría de Educación Pública.

En ese contexto se creó recientemente el Sindicato Nacional de Arquitectos Conservadores del Patrimonio Cultural, el cual al anunciar su afiliación a la Federación Democrática de Sindicatos de Servicios Públicos (Fedessp), expresó como uno de sus propósitos la defensa de los bienes culturales de la nación y señaló que el Paseo de la Reforma requiere de una declaratoria de zona de monumentos de manera urgente.

En voz de su secretario general, el arquitecto Alejandro Villalobos Pérez, la naciente organización laboral plantea que el patrimonio está vinculado con la soberanía y asume entonces como propia la tarea de garantizar la permanencia de estos bienes culturales.

Durante su presentación pública hace unas semanas, el arquitecto habló de un problema al cual se enfrentan en esta tarea: El acoso de los centros históricos ante la invasión de “ejemplares extraños de arquitectura de estilo internacional  que además de agredir el territorio como tal, aparecen como una imposición a la imagen urbana de esos lugares históricos.”

Señaló que el fenómeno es extensivo a poblaciones de diversos estados del país, en donde con una inversión mínima los desarrolladores adquieren predios, también con poca inversión construyen edificios y en cambio el beneficio que obtienen es “altísimo”, de tal manera que “estamos frente a una creciente andanada o acción de especulación sistemática sobre estos espacios por parte de los inversionistas y la iniciativa privada”.

Como ejemplos mencionó que lo mismo se da en Nayarit, que en Oaxaca o Chihuahua. En éste último se dio a conocer hace un par de semanas la demolición de varios edificios históricos en Hidalgo del Parral para erigir una gigantesca estatua, de 37 metros de altura, en honor del general Francisco Villa, quien fue asesinado en ese sitio.

Nuevo sindicato, mismo patrón

Villalobos señala que el INAH está obligado a abordar estos casos, es tarea de los arquitectos y del interés del nuevo sindicato.

Explicó que aunque la Secretaría de Cultura (SC) aún no tiene reglamento interno, los trabajadores se han agremiado en diferentes organismos:

Se han creado el Sindicato Nacional Democrático de los Trabajadores de la Secretaría de Cultura, el Sindicato Nacional de la Secretaría de Cultura, el Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, y hay una cuarta agrupación que reúne a los profesores de investigación científica y docencia del INAH. El Colectivo de Sindicatos de Educación y Cultura se mantiene como tal, con grupos de la SC y la SEP.

Cabe mencionar que en marzo pasado el secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, aseguró que el reglamento estaría listo en “el próximo mes” e integraría una nueva estructura administrativa (Proceso, 2055), pero hasta el momento no se ha dado a conocer ningún proyecto.

En entrevista con este semanario, se le pregunta al arquitecto Villalobos si el reglamento podría modificar la relación administrativa y jurídica entre el INAH y la secretaría, y si afectaría al recién creado sindicato de arquitectos. Confirma que no hay noticias de su contenido, pero dice que tuvieron una reunión con Tovar a finales de mayo y les aseguró que estaría listo en julio, pero tendría que seguir el proceso de ser analizado en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados y posteriormente aprobado.

Aunque no se conoce el contenido del texto, apelan al artículo cuarto transitorio del decreto de creación de la secretaría, donde se señala que tanto el INAH como el INBA “continuarán rigiéndose por sus respetivas leyes y demás disposiciones”. Y las atribuciones que estos ordenamientos daban a la SEP serán ejercidas por la de Cultura:

“Es deseable que se reitere su principio de órgano desconcentrado con la particularidad de que el INAH tiene ley orgánica y patrimonio propios. Es una figura muy especial, sale de la ley burocrática de 1976.”

Explica que existe la figura de órgano descentralizado, igualmente con patrimonio y ley orgánica propios, pero no ejerce actos de autoridad. En cambio los desconcentrados sí y el INAH está tipificado como tal.

“Así lo mandata una ley anterior a la ley burocrática del 76. En esas condiciones está previsto que el instituto no tenga modificación alguna en su estructura, ojalá la tenga en el presupuesto, pero no en su forma de operar al interior de la secretaría.”

Se le pregunta si habría cambios en cuanto a las condiciones laborales. Explica que no pues en su caso no aplicaron la figura de patrón sustituto, su patrón seguirá siendo el INAH y no la SC, por lo cual “permanecen nuestras condiciones generales de trabajo, están suscritas con el instituto”.

Añade que entre las nuevas organizaciones de trabajadores de la cultura hay algunas que pretenden discutir nuevas condiciones generales de trabajo, “para regularizar sobre todo a sus agremiados que procedentes del INBA no han disfrutado de este instrumento, digamos, de relación laboral”.

Villalobos informa que el INAH tiene suscritas con sus trabajadores condiciones generales de trabajo desde 1975, no se revisan con estricta periodicidad pero sí en algunos momentos, y en cambio sí se revisan cada determinado tiempo las prestaciones laborales.

En una entrevista concedida a esta reportera por Antonio Hernández Brito, entonces responsable de Asuntos Laborales del INBA para el reportaje “Jaloneos, aportaciones, demandas y pendientes del sindicalismo cultural”, aparecido en el libro 1988-2012. Cultura y transición (UANL/Instituto de Cultura de Morelos, 2012, coordinada por Eduardo Cruz y Carlos Lara), admitió que en el subsector cultura había condiciones laborales, salariales y prestaciones diferentes para cada institución. Por eso la lucha de varios trabajadores ha sido la homologación. El nuevo sindicato de arquitectos, según Villalobos, tendrá facultades jurídicas para opinar sobre las condiciones laborales de otras agrupaciones.

En el ámbito de los servidores públicos existen dos federaciones: La de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), encabezada por el senador priista Joel Ayala Almeida, y la Fedessp, que preside Noé Rodríguez García, exdirigente de la sección 30 del SNTE.

–¿Por qué deciden agremiarse a la Fedessp? –se le pregunta a Villalobos.

–Hubo siempre una reserva por parte de la base de los trabajadores en la casi nula relación que tuvimos con la FSTSE y la intermediación que el SNTE hacía de cara a la SEP. Formábamos parte de la sección X del SNTE bajo protesta de muchos compañeros. Pertenecer al SNTE era como una formalidad necesaria para tener interlocución con la SEP.

“Al convertirnos en sindicato nacional la FSTSE no constituye, desde nuestra perspectiva, un espacio que nos permita una interlocución con la Federación, cosa que sí encontramos en la Fedessp sobre todo conociendo la estructura más de cerca en las últimas fechas, y la garantía que nos ofrece al ejercicio autónomo de las representaciones sindicales nos hizo inclinar la balanza hacia acá. Es decir, tenemos el ofrecimiento amable de incorporarnos y por otra parte refrendar el compromiso de autonomía, autodeterminación, e independencia de nuestro sindicato nacional, estamos enterados y conformes.”

Cabe recordar que así como los titulares de la SEP fueron declinando de sus obligaciones en materia de cultura en los últimos sexenios, hasta que el actual, Aurelio Nuño, declaró no tener tiempo para la cultura, en el capítulo del libro antes mencionado se deja en claro que en el SNTE no hubo interés por el sindicalismo cultural (Proceso, 1986).

Asimismo que la sección D-III-24 del INAH, que agrupa a los investigadores y académicos, intervino a finales de los años setenta del siglo XX en la lucha por su democratización contra el movimiento que encabezaba el dirigente Carlos Jongitud. Participaron en la fundación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y finalmente volvieron al SNTE. Su lucha fue guía para que otras agrupaciones gremiales buscaran mejores condiciones de trabajo, por ejemplo las de Radio Educación.

“Oportunismo” del Grecu

Uno de los aspectos que han mantenido los trabajadores de la cultura es la defensa de su materia de trabajo: el patrimonio cultural. Al respecto, Villalobos comenta que han hecho llegar un texto a los diputados en el cual les explican la importancia de elevarlo a rango constitucional como un recurso estratégico del país, “porque es intelectual, provee elementos para la identidad, porque nos reconoce como nación, etcétera”.

–¿Lo ven como recurso estratégico para el desarrollo económico o turístico, como en la UNESCO?

–Eso es consecuente. Es decir, ¿de qué va a disfrutar el turismo si ese patrimonio ya no está? Lo primero es garantizar su integridad en términos de permanencia. Y nosotros nos ocupamos de que esos bienes edificados persistan en el tiempo. Turismo no tiene cuadros de profesionales que intervengan los espacios donde pretenden hacer sus negocios, eso es tarea nuestra, y para llevarla a cabo el Estado nos ha colocado a la Secretaria de Cultura, que en boca del señor secretario reiteró ese compromiso con nosotros: El de apoyar toda acción que conduzca a la garantía de permanencia de los bienes patrimoniales.

Se ha hablado de que la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos que data de 1972 ya no es suficiente para proteger el patrimonio. La cuestión es si debería modificarse.

El arquitecto explica que es enunciativa y su reglamento es el instrumento para aplicarla. Opina que no es necesario cambiarla, pero quizá sí actualizar ámbitos de competencia porque “la historia nos ha mostrado que el INBA no ha dispuesto de los recursos suficientes y competentes para actuar como garante de los bienes”.

En cambio el INAH tiene ventaja por su antigüedad, que data de 1925 con la entonces Dirección de Antropología de la Secretaría de Agricultura, pero desde el siglo XIX se hacía inspección de monumentos arqueológicos e históricos, y ese conocimiento se ha transmitido por generaciones.

En su opinión un problema para el INBA fue resguardar bienes del siglo XX en el siglo XX, lo cual hizo que los presidentes de la República y funcionarios consideraran que no requerían de grandes recursos e inversión porque estaban en funciones, por ejemplo el Palacio de Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte o el Palacio de Correos.

Para Villalobos es necesario que el INBA actualice sus catálogos de bienes inmuebles artísticos, pues algunas construcciones se han logrado salvar de la destrucción por intermediación de particulares, como la del Colegio de Arquitectos Restauradores, “que han actuado cara a cara con los propietarios para salvar un inmueble en la colonia Juárez en medio de este Manhattan”.

En el contexto de la creación de una Ley de Cultura, comenta que platicaron con el secretario de Cultura sobre la pertinencia de que el patrimonio edificado del siglo XX pasara a jurisdicción del INAH, “no rehuiríamos esa situación siempre y cuando podamos contar con el recurso humano, técnico e infraestructura que nos permita enfrentar esta tarea, porque en quince o veinte años más va a quedar cada vez menos”.

Hace unas semanas el Grupo de Reflexión en Economía y Cultura (Grecu) pidió en estas páginas que se declare monumento artístico nacional el Paseo de la Reforma (Proceso, 2068). El INBA le respondió que es al INAH a quien compete impulsar la declaratoria de “tan importante avenida”, puesto que el trazo, la construcción “y la mayoría de los monumentos emplazados” en ella son del siglo XIX, cuando lo cierto es que monumentos como la Columna de la Independencia son de su jurisdicción.

El arquitecto Villalobos dice al respecto que la petición del Grecu carece de especificaciones técnicas, por ejemplo pedir que “el conector vial conocido como el Paseo de la Reforma, su contenido arquitectónico monumental de bienes inmuebles, inmuebles por destino, bienes muebles, equipamiento, infraestructura, etcétera”, sean declarados. A ello atribuye una respuesta como la del INBA.

No obstante coincide en la necesidad urgente de la declaratoria, pues mientras más tiempo pase, “más presuntos especialistas en patrimonio nos vamos a encontrar y el Grecu es uno de estos oportunistas que creen saber de estas cosas”. Declara que los arquitectos del INAH están abiertos  a ser consultados, preparar una buena monografía, un buen estudio documental, cronológico, hemerográfico e iconográfico del Paseo de la Emperatriz, hoy Paseo de la Reforma.

Lo estarán igual, añade, en las obras de restauración de los monumentos afectados como la Escultura Ecuestre de Carlos IV –conocida como El Caballito– y el Hemiciclo a Juárez, o el espectáculo de luz y sonido en Teotihuacán.

No van a rehuir ningún tema, lo promete.