Señor director:
Le ruego publicar el siguiente comentario, relacionado con “256 conflictos sociales. México, un país irritado”, tema de portada del número 2066 de Proceso.
Es lamentable, preocupante y a la vez peligroso lo que acontece actualmente en nuestra nación, que no sólo se encuentra irritada y con “mal humor social”, como pretende hacernos creer el presidente Enrique Peña Nieto a fin de minimizar los graves e interminables conflictos sociales que suceden en las diversas entidades del territorio nacional.
Hay que reiterarlo: el país no sólo está irritado y a sus habitantes no sólo los afecta un creciente “mal humor social”. Lo que real y evidentemente sucede va mucho más allá de lo expresado oficialmente. Es como si todos los mexicanos padeciéramos la enfermedad de Alzheimer, para no analizar los gravísimos sucesos de sangre que se han suscitado desde el arribo del PRI a Palacio Nacional aquellos aciagos días de 2012.
Es del conocimiento de todos los mexicanos que los hechos sangrientos que acontecen en el México actual son un rosario de eventos de violencia, de intimidación, amenazas cumplidas, represión, hostigamiento y sangre. Pero, sobre todo, de violación a los derechos más elementales de los mexicanos. Ejemplos sobran. Pero como botón de muestra sólo uno, el más reciente, violento y lamentable: la masacre de Nochixtlán, Oaxaca, es una inocultable evidencia y la realidad de lo que en la actualidad acontece en uno de los estados más pobres y atrasados de México.
Si se dice que el gobernador Gabino Cué tiene una papa caliente entre las manos, el presidente Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio Chong y otros funcionarios de la federación tienen cartuchos de dinamita en la cabeza a punto de estallarles. Porque si se hace un recuento de todos y cada uno de los abusos, mentiras, crímenes perpetrados por soldados y policías con la protección y bajo órdenes oficiales, así como los hechos de impunidad, exceso y corrupción de la élite presidencial en México, sobran razones para que exista un elevado descontento social generalizado en el territorio mexicano.
No cabe duda que Oaxaca será una vez más, después de 10 años con la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, el detonante y escenario para esta sangrienta lucha social que sólo divierte a los hombres del gobierno federal. Y que conste que esta lucha no sólo es de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, sino de los pueblos de uno de los estados más saqueados, pobres y atrasados de la geografía nacional. (carta resumida)
Atentamente,
Alberto Ortega Cruz








