Que la izquierda está “en la Luna”

Señor director:

Por lo visto la izquierda electoral mexicana se encuentra en la Luna. Y desde allí se mira dotada de una gran fortaleza. Quiere creer que está lista para enfrentar las grandes batallas por venir.

Nada más falso y lamentable. En su condición actual no tiene posibilidad alguna de ganar la Presidencia de la República.

Así lo indican las tendencias electorales de la última década. De 2006 a la fecha esa corriente, representada por la partidocracia electoral PRD-Morena, ha venido constantemente a la baja. De 35.31% que logró en la contienda de aquel año frente a Felipe Calderón y Roberto Madrazo, bajó en 2012 a 19.38% ante Peña Nieto. Es decir, 16 puntos porcentuales menos entre un proceso y otro.

No obstante, ni sus dirigentes ni sus bases se atrevieron a hacer un análisis serio sobre las causas de tales resultados. No se tuvo la iniciativa ni la curiosidad de revisar qué pasó para que esa izquierda se viniera abajo.

¿Acaso fue el diagnóstico del cual se partió? ¿O la táctica? ¿O tal vez la estrategia? ¿O incluso el propio candidato? Interrogantes para las que no se intentó encontrar respuesta.

Por el contrario, se optó por silenciar la crítica y la autocrítica. No existió el mínimo reconocimiento de haber cometido error alguno. Todo fue culpa, se dijo, del fraude electoral y de la mafia en el poder que mece la cuna. Ése ha sido el discurso repetido desde entonces.

Para nada influyó la guerra interna entre las tribus del PRD. Mucho menos la designación autoritaria de un buen número de candidatos a puestos de elección popular. Ni qué decir del corporativismo reproducido a lo bruto en relación con los movimientos sociales. Mucho menos la designación de desertores de otros partidos que no encontraron eco en sus ámbitos de origen. De nada tuvimos la culpa, faltaba más. Fuimos la perfección revelada.

Pero la realidad es terca y de nueva cuenta nos coloca frente a su espejo. La imagen que proyecta no es motivo de alegría. Da pena.

El último proceso electoral registrado en estos tiempos, el del pasado 5 de junio, mediante el cual se eligieron gobernadores en varios estados y a los integrantes de la Constituyente de la Ciudad de México, es una muestra más del declive de la izquierda electoral.

En tanto que el PAN y el PRI alcanzaron, a nivel nacional, una votación de 28% cada uno, la izquierda referida logró en conjunto 24%. Esto es 9.4% para el PRD y 14.8% para Morena. No está por demás aclarar que dichos porcentajes sólo corresponden a la votación emitida y no al total del padrón electoral.

Y por lo que se ve, en el futuro inmediato, es decir el de los procesos electorales de 2017, el panorama no parece ser mejor.

Y no será mejor mientras prevalezca esa división entre “puros” e “impuros”, esa falta de análisis sobre la problemática nacional, esa ausencia de crítica y, sobre todo, de autocrítica para reconocer, con honestidad, los errores y torpezas que se han cometido: entre otros, el centralismo con el que se toman las decisiones o con el que se imponen las candidaturas.

Es tiempo de cambiar. Y si realmente queremos un cambio benéfico para el país, tenemos que empezar a cambiar nosotros mismos. Para ello es indispensable la reflexión crítica y autocrítica sobre nuestro actuar, a la que están todos invitados. (carta resumida)

Atentamente,

Miguel Ángel Hernández Jiménez