“Cementerio del esplendor”

El 36 Foro Internacional de la Cineteca incluye el último trabajo de Apichatpong Weeserathakul, aclamado autor tailandés cuya filmografía ha podido apreciarse en México en festivales internacionales. Cementerio del esplendor (Rak ti khon kae; Tailandia, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Malasia, 2015) invita a la contemplación en sentido estricto de la palabra, el de vincularse o identificarse con el templo; el cine, forjado de luz y ritmo, es el medio de lograrlo.

El ejército de Tailandia improvisa un hospital donde albergar a soldados aquejados por una extraña epidemia de narcolepsia; Jen (Jengira Pongpas Widner) visita el lugar y de alguna manera adopta a uno de los soldados, Itt (Banlop Lonmoi), a quien ningún familiar visita; como Itt a veces logra despertar y alimentarse por sí mismo, Jen lo lleva un día al cine. En Tailandia, antes de comenzar la proyección, aparece la imagen del rey con el himno nacional de fondo y el espectador tiene que ponerse de pie, so pena de multa y hasta cárcel. Aquí esto ocurre en la oscuridad, corte, toma de dos ventiladores de techo, ciclos de color, regreso al hospital donde los médicos experimentan una cura de cromoterapia.

Hijo de médicos, Weeserathakul creció y estudió en Hhon Kaen, la ciudad donde ocurre la historia; el hospital, lugar en el cual se mezclan vida y muerte, sexo y espiritualidad, es un ambiente familiar para el director. Uno de sus filmes anteriores, Síndromes del siglo, que evoca la historia de sus padres, fue severamente censurado en su país. El malestar político es un tema recurrente en la obra de este cineasta independiente; sólo que en vez de tratar al militar como máquina de matar, la mirada se dirige al desperdicio de esta juventud, al material humano derritiéndose, como velas de colores, por la somnolencia, y la incapacidad de actuar. La fuerza curativa está en la mujer, como Jen, quien a pesar de su cojera cuida y nutre a estos hombres impedidos; o en la fuerza mágica de Keng, la vidente capaz de comunicar con ellos a través del sueño. Por maternales que sean las caricias de estas mujeres, el contacto nunca está desprovisto de erotismo y de fuerza germinativa.

Aunque político, Weeserathakul nunca cae en la alegoría política; la zona del hospital era un antiguo cementerio asociado también a un santuario de los reyes jemer; un par de bellas jóvenes que aparecen por ahí se rebelan como deidades; la función de cine a la que acude Jen con Itt es una película de horror, género que en el cine tailandés está asociado básicamente a problemas emocionales no resueltos: karma, en la jerga de este país mayoritariamente budista.

Decir que Apichatpong Weeserathakul mezcla realidad y fantasía es reducir al mínimo su visión poética; para este realizador tailandés la realidad abarca todos esos aspectos que muestra su cine; él sólo trata de articularlos.

También hay que felicitar al fotógrafo mexicano Diego García, quien supo captar y modular con la cámara las imágenes, convertir colores en emociones, mantener el campo profundo de la visión para sostener la propuesta del director: nada menos que una experiencia contemplativa.