Señor director:
Nosotros, alumnos de la Universidad de la Tercera Edad, campus Mixcoac, hacemos del conocimiento público la serie de atropellos y vejaciones que la coordinadora del plantel, Norma Hernández López, comete contra nosotros, adultos mayores, y los despidos injustificados que, el pasado 30 de junio, aplicó a dos de nuestros profesores: Noé Martín Gabriel Esparza y Roberta Collado Orozco, aun cuando estamos a mitad del cuatrimestre.
Desde el pasado febrero, cuando Hernández López tomó las riendas del plantel, ha incurrido en numerosas agresiones así como transgresiones a la ley laboral. Por ejemplo: tiempo después de habernos inscrito y habiendo pagado las cuotas correspondientes a los cursos, fuimos obligados a firmar un “reglamento” –del cual no tuvimos conocimiento al inscribirnos– en el que se nos prohíbe pasar a las aulas si no está presente el maestro; no podemos ingresar a clases si llegamos más de 10 minutos tarde; no podemos beber ni tomar ningún alimento en las aulas, siendo que tenemos compañeros con problemas de diabetes que requieren tomar algún alimento cada cierto tiempo. Cabe señalar que la escuela no tiene cafetería, lo que nos obliga a los alumnos a llevar algún refrigerio, mismo que literalmente nos es quitado de las manos a la entrada de las aulas y confiscado en la recepción hasta que nos retiremos del plantel.
Muchos de nosotros tomamos transporte público para llegar a la Universidad, que está a un lado de la estación Mixcoac del Metro, llegamos cansados y tenemos que esperar de pie hasta que ella autorice que se abran los salones.
A nuestro profesor de inglés, Noé Martin Gabriel Esparza, lo despidió el pasado 30 de junio con el argumento de: “Usted deja que sus alumnos coman en clase y además llega siempre tarde y no fue capaz de aumentar la matrícula escolar en su clase”, hecho absolutamente falso dado que él siempre llega puntual y tiene grupos con promedio de 12 alumnos. Otros maestros tienen grupos de menos de seis personas.
Sabemos que ninguna ley puede ser retroactiva; no se nos puede aplicar un “reglamento” una vez que ya estamos inscritos.
De igual suerte, antes de un despido la ley señala que primero se debe hacer un llamado verbal al empleado; si continúa incurriendo en la supuesta falta, se le hace una amonestación por escrito, y posteriormente se le puede suspender, pero nunca de buenas a primeras y obedeciendo sólo a la intransigencia de una persona.
Norma Hernández López pretende cubrir con autoritarismo su incapacidad y carencia de liderazgo, por lo que no permitiremos que gente así estropee con su negligencia un programa tan efectivo y con tanto arrastre entre los adultos mayores, como lo es la creación de las Universidades de la Tercera Edad.
Es importante señalar que la coordinadora Hernández López siempre menciona que lleva una excelente relación con la licenciada Karina Ibeth Tarango Ramírez, jefa de la Unidad Departamental de Apoyo a Personas de la Tercera Edad de la delegación Benito Juárez, y además se jacta de que su hijo trabaja en la citada delegación, por lo que ella se dice intocable.
Somos adultos responsables, capaces, competentes y no merecemos que nos traten como párvulos o elementos de escuela militarizada, dejándonos de pie, sin comer o beber por el capricho de una persona intolerante.
Exigimos ser tratados con respeto y dignidad, así como la restitución inmediata de nuestros profesores.
Atentamente,
Carmen Ruiz Haro (responsable de la publicación) y 22 firmas.








