Señor director:
Es una ley de la historia que todo movimiento social de envergadura es injuriado y denigrado por sus enemigos. Las clases dominantes necesitan enlodar a los pueblos levantiscos. Así pasó con los zapatistas hace casi cien años, acusados de criminales y bandoleros, y es lo que pasa hoy con el levantamiento magisterial popular, satanizado por la mayoría de medios y escritores.
Lo sorprendente es leer en una revista como Proceso (2070) que alguien se haga eco de las mentiras e insultos con que los maestros son calumniados. Es lo que ha hecho Héctor Tanojar en su artículo “Educación, cerrazón y tragedia”. Refiriéndose a las ejecuciones habidas en Nochixtlan, dice que “aún no se aclara la posible participación de grupos de choque –ajenos o vinculados a la CNTE, o ‘halcones’ contratados por el propio gobierno– que pudieron haber provocado la matanza”. Ésta es también una acusación sin pruebas contra la CNTE, que la palabra “posible” no aminora. La Coordinadora ya cumplió 36 años y nunca fue acusada de organizar “grupos de choque”. Mucho menos de asesinar personas. Tajonar está obligado a presentar pruebas de sus acusaciones o a retirarlas públicamente.
Lo mismo decimos de su afirmación de que la CNTE humilló a los maestros de Chiapas que a fines de mayo fueron rapados. Oportunamente algunos medios nacionales y uno local recogieron las declaraciones de dos de los docentes vejados, Armando Castellanos y María Dolores Guillén Ruiz. El primero, entrevistado por Ciro Gómez Leyva, de manera enfática aseguró que entre los ofensores no había ni un solo maestro. “Nadie de la CNTE, ningún profesor, ni uno”. Algo parecido dijo la maestra a Fredy Martín Pérez, del portal Chiapas Paralelo, que aclaró que la agresión que sufrió provino de “una organización ligada a un partido político progubernamental” y que “forma parte de las consecuencias de la política gubernamental por imponer la reforma, y de las presiones de la Secretaría de Educación para imponer una falsa lucha entre maestros”. Todo esto fue recogido por Julio Hernández López, en La Jornada, el 2 de junio.
Por último, el articulista toma partido a favor de la “reforma”, al apoyar la resolución de la Suprema Corte que sostiene que no transgrede el derecho constitucional a la estabilidad laboral. La lucha del magisterio en 2013 consiguió que a última hora se hicieran cerca de cien modificaciones al proyecto de ley, el 1 de septiembre de ese año. Una de ellas es la que cita don Héctor, que quedó como octavo transitorio de la Ley de Servicio Profesional Docente y que establece que el personal reprobado en la tercera evaluación “será readscrito” a otras tareas. Esa fue una conquista parcial de los maestros, como hemos dicho. Pero Tajonar miente cuando dice que en este caso los maestros no pierden su plaza. El artículo citado dice expresamente que sus nombramientos como profesores quedarán “sin efectos”. Es decir, los maestros en esta circunstancia (que podrían ser decenas de miles, pues las evaluaciones son reprobadas por un alto porcentaje) serán degradados a tareas no docentes, se quedarán sin plaza y lógicamente recibirán un sueldo menor. ¿No es esto punitivo? No se necesita ser maestro para contestar que sí. (Carta resumida)
Atentamente,
Maestro Ángel Cuauhtémoc Ruiz Ortiz
Respuesta del articulista
Señor director:
El reclamo del maestro Ángel Cuauhtémoc Ruiz Ortiz por la publicación de mi artículo “Educación, cerrazón y tragedia” (Proceso 2070) revela una lectura apresurada del texto y, por tanto, una falta de comprensión del mismo.
1. Al no distinguir entre un supuesto y una afirmación, el profesor Ruiz considera “mentiras”, “insultos”, “calumnias” y “acusación sin pruebas” lo que desde el principio de mi escrito está planteado como dudas y posibilidades sin aclarar. Dichas hipótesis siguen en pie y no deben ser descartadas hasta que se realice una investigación independiente, rigurosa y certera sobre la tragedia de Nochixtlán, como lo ha pedido el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
2. Respecto al rape de maestros considerados “traidores”, el profesor Ruiz Ortiz menciona entrevistas radiofónicas con dos maestros que sufrieron dicha humillación, el testimonio de otra profesora vejada, así como un artículo publicado en La Jornada, como pruebas de que la CNTE no tuvo responsabilidad en los hechos. Sin embargo, el profesor Ruiz tampoco leyó bien el texto de Julio Hernández López. Sea por distracción u ocultamiento, el docente decidió no referir dos elocuentes comentarios del columnista, que conviene citar: a) “…aun cuando los indicios disponibles exentan a la CNTE sureña de responsabilidad en este episodio específico, prácticas y actitudes parecidas se han observado en ocasiones anteriores…” b) “Lo sucedido con los profesores trasquilados no pudo haber sido ignorado por el liderazgo de la resistencia…” Ello significa que, al menos, sí hubo conocimiento aquiescente del asunto y que esos métodos forman parte de los usos y costumbres de los miembros de su gremio.
3. En mi texto expreso la necesidad de debatir si la reforma educativa es o no punitiva. De manera muy sintética contrasto la posición de Manuel Gil Antón con la resolución de la Suprema Corte sobre la Ley General del Servicio Profesional Docente. En este caso, el profesor Ruiz Ortiz tampoco distingue entre el significado de enunciar y el de “tomar partido” o “apoyar”. Además, me acusa de mentir por decir que los maestros no pierden su plaza. Por favor, lea usted con mayor cuidado, profesor Ruiz Ortiz. Después de exponer muy brevemente las tres oportunidades que se ofrecen a los maestros al ser evaluados, concluyo: “…sólo si el resultado es insuficiente en la tercera evaluación será separado del servicio público”. El debate sobre este controvertido tema sigue abierto.
Maestro Ruiz Ortiz: soy un admirador de la vocación magisterial y tengo un profundo respeto por los profesores que han dedicado su vida y su mayor esfuerzo a brindar una educación de calidad a sus alumnos. Desconozco si usted esté en ese caso. Reconozco el derecho de los docentes a defender sus legítimos intereses laborales, pero condeno sin ambages los agresivos y destructivos métodos de protesta de la CNTE. Asimismo, rechazo la sinrazón, la cerrazón y la imposición, provengan de donde provengan.
Ha ignorado usted lo esencial de mi texto que pretende ser, ante todo, un exhorto a la sensatez y responsabilidad de los liderazgos magisteriales (SNTE y CNTE) y de las autoridades gubernamentales para resolver el desastre educativo, que afecta a más de 30 millones de alumnos y amenaza la paz social de la nación.
Atentamente,
Héctor Tajonar








