En 1976 la embajada de Estados Unidos en México siguió acuciosamente el golpe a Excélsior, perpetrado desde la Presidencia mediante el títere Regino Díaz Redondo. La legación envió una docena de cables confidenciales a Washington informando del ataque, según reveló WikiLeaks en 2013. En ellos se asentó que Díaz metió a hombres armados a las asambleas en las que buscaba destituir a Julio Scherer de la dirección de aquel diario, y que desde el primer momento se percibió la mano de Luis Echeverría tras la embestida.
“Mientras esto es redactado, hemos recibido reportes de que los miembros disidentes en la reunión de la cooperativa (de Excélsior) están armados y buscarán una decisión para remover a (Julio) Scherer García y a sus principales colaboradores”.
Eran las 00:25 minutos del 9 de julio de 1976 cuando el embajador de Estados Unidos en México, Joseph John Jova, envió el cable “confidencial” 1976MEXICO08783_b para informar sobre “los nuevos desarrollos de los problemas de Excélsior” al Departamento de Estado de su país.
Regino Díaz Redondo, “quien como presidente del Consejo de Administración de Excélsior tenía la responsabilidad de checar las credenciales de los miembros de la cooperativa, trajo una docena de matones armados, los cuales tuvieron éxito en intimidar a los por mucho tiempo apolíticos miembros de la cooperativa, quienes de otra manera habrían favorecido (en la asamblea del 8 de julio) a Scherer y sus asociados”, señala el cable 1976MEXICO08888_B enviado por Jova a Washington el 12 de julio de 1976, el cual consigna algunos detalles de dicha asamblea proporcionados por un “apoyador de Scherer” que no identifica.
“Cuando Scherer vio matones armados –agrega el cable–, hizo un desesperado intento por obtener vigilancia policiaca”. Pero el jefe de la Policía de la Ciudad de México “no quiso aceptar sus llamadas telefónicas”. Luego intentó hablar con el presidente Luis Echeverría, pero el secretario privado de éste “se rehusó a ponerlo en contacto” con él.
“Estos dos esfuerzos confirmaron en la suspicaz mente de Scherer que el presidente estaba detrás de su expulsión” del diario, agrega el despacho.
Los citados cables diplomáticos ejemplifican el seguimiento puntual que la embajada de Estados Unidos hizo al “golpe a Excélsior”, tal como lo calificó en diversos despachos el propio embajador Jova. Son parte de un lote de 1 millón 707 mil 500 documentos que las embajadas estadunidenses en el mundo enviaron a Washington entre 1973 y 1976, cuando la política exterior de ese país era dirigida por el controvertido Henry Kissinger. En abril de 2013 el portal WikiLeaks puso a disposición esos documentos en un micrositio que nombró “cables Kissinger”.
De ese lote, 51 mil 642 documentos hacen referencia a México y una docena de ellos abordan el conflicto que derivó en la expulsión de Julio Scherer García como director de Excélsior. Partes sustanciales de dichos cables fueron reseñados por el periodista Alejandro Navarrete en las páginas de este semanario (Proceso 1902).
“Métanlo en cintura”
A las 17:35 del 8 de julio de 1976 –el mismo día en que se llevó a cabo la asamblea de cooperativistas de Excélsior–, Jova envió a Washington el cable 1976MEXICO08735 en el que analiza “qué es lo que está detrás de la invasión” que ejidatarios efectuaron el 10 de junio de ese año en los terrenos de Paseos de Taxqueña, propiedad de Excélsior. Se remite al editorial que el diario publicó el 7 de julio y a un artículo escrito por Enrique Maza –a la postre jefe de información de Proceso– en el que sugieren que dicha invasión tenía “motivaciones políticas” con el propósito de “frenar la independencia” del periódico.
Jova dice que esas denuncias “concuerdan” con un “informe confidencial” recibido “semanas atrás” (al parecer en febrero de ese mismo año), según el cual “el presidente Echeverría está harto de los ataques de Excélsior (entre otras ofensas percibidas) sobre el gobierno y sobre (el presidente electo) José López Portillo”, por lo que “habría determinado meter en cintura” al diario y a su director, Scherer García.
“El reporte confidencial –continúa Jova– sugiere que el gobierno buscaría desalentar la publicidad en Excélsior y quizá aplicar otras medidas de presión financiera.”
Jova vuelve a referirse a ese mismo “reporte confidencial” en un cable que envío un día después, el 9 de julio:
“¿Por qué el presidente desearía atacar a Excélsior?”, se pregunta el embajador estadunidense en ese cable. Y en seguida apunta: “El reporte confidencial atribuye al presidente la creencia de que Excélsior ha roto ‘las reglas no escritas del juego’, atacando al presidente, al gobierno en general, al PRI y al presidente electo López Portillo”.
Recuerda que en febrero de 1975 Excélsior se “involucró en una polémica” con López Portillo cuando éste era secretario de Hacienda y cuando se creía que “había quemado” sus posibilidades de ser candidato presidencial. En ese entonces –señala Jova–, el periodista Gastón García Cantú escribió en el diario un artículo en el cual afirmó que la nominación de López Portillo sería “una traición a los intereses de los trabajadores y de los campesinos”.
Sin embargo, en ese mismo cable Jova aventura “otra explicación” del ataque: “las propias ambiciones periodísticas del presidente de México”
Explica: “Se cree que Echeverría ha comprado acciones para controlar dos periódicos de la Ciudad de México (El Sol y El Universal), cuya influencia combinada probablemente no iguale a la de Excélsior y quizás así estaría atacando a la competencia mientras aún tiene el poder y el aparato de seguridad para hacerlo”.
“Motivos”
Consumado el golpe, Jova envió por la noche del 9 de julio dos despachos a Washington. En el primero –clasificado como 1976MEXICO08820_b– informa que tras la decisión de la asamblea de “suspender de manera temporal” a Scherer como director general, abandonaron el diario 48 escritores, académicos, periodistas e intelectuales. Menciona a Miguel Ángel Granados Chapa, Gastón García Cantú, Jorge Hernández Campos, Carlos Monsiváis, Alejandro Avilés, Abelardo Villegas y Ricardo Garibay, entre otros.
En el segundo –1976MEXICO08849_b– señala directo: “Tenemos buenas razones para creer que la expulsión (de Scherer) fue organizada de manera secreta por los principales asesores en materia de seguridad del presidente Echeverría y podría resultar en una modificación sustancial de la política editorial de Excélsior”.
En varios cables, el embajador Jova pone en duda que el golpe al periódico fue a causa de las críticas que éste lanzaba contra el gobierno de Echeverría.
Subraya un hecho: cuando el diario publicaba artículos y editoriales en los que sugería que detrás de la invasión a los terrenos de Paseos de Taxqueña había “motivaciones políticas” de “obscuras fuerzas” que no identificaba, sugería al mismo tiempo que “los ataques a Excélsior eran de facto ataques al propio presidente Echeverría para desacreditar un régimen que ha promovido la libertad de prensa”.
Añade: “Los columnistas de Excélsior –seguramente con la aprobación de Scherer– han evitado ponerse en ruta de colisión con el presidente. Excélsior se ve determinado a resistir los ataques, pero sin señalar al presidente o a alguien relacionado de manera cercana con él”.
Tras el golpe, Jova se entrevistó con un “apoyador de Scherer”. No lo identifica. Sólo comenta que es politólogo especializado en política interna de México. Esta “fuente” le aseguró que el enojo que causaba Excélsior con sus críticas a la política gubernamental no tuvo que ver con el golpe en su contra, “por el contrario –le dijo el politólogo–, Excélsior le daba un sentido de legitimidad a la administración de Echeverría con sus críticas frecuentes a varias políticas públicas. A pesar de la independencia del diario, el liderazgo de Excélsior había estado, en su conjunto, apoyando genuinamente al gobierno”.
El motivo del golpe –según la fuente de Jova– habría sido otro: “Los deseos de Echeverría de retener el control político después de dejar la Presidencia de la República”.
Explicó: “Se viene una inevitable lucha por el poder (entre el presidente saliente y el entrante). Echeverría tendría consigo prácticamente todo el Congreso, al menos tres o cuatro puestos clave en el gabinete, muchos en el PRI y fuertes puntos de apoyo en la prensa para promover sus ambiciones”.
En ese escenario, Scherer –a pesar de que mantendría su independencia y sus críticas al gobierno de López Portillo– “se hubiera opuesto fuertemente a los esfuerzos de Echeverría de retener su influencia y poder político”.
El embajador y el periodista
El 17 de agosto del 1976 Jova envió el cable 1976MEXICO10575_b en el cual refiere que cinco días antes había sostenido una conversación con Scherer García durante una cena a la que también asistió Enrique Maza. “Era la primera vez que nos veíamos después del golpe a Excélsior”, comenta el embajador.
Cuenta que logró conversar brevemente en privado con Scherer, quien le confirmó que el grupo que salió de Excélsior “tenía planes de establecer un semanario primero y luego un diario”.
Dice que le preguntó “si había algo de cierto en los rumores que decían que había sido reclutado por la cadena del diario El Sol, en la cual Echeverría habría adquirido una mayoría de acciones.
“Scherer confirmó que había sido abordado con tal oferta por Mario Vázquez Raña, el empresario mexicano que maneja aspectos financieros de El Sol y El Universal en representación de Echeverría”, apuna Jova en el cable.
Señala que la reacción de Scherer a la oferta –aparentemente hecha no mucho después de su expulsión de Excélsior– “fue todavía emocional: ‘Jamás haría eso. Nunca trabajaría para esa gente. No soy una prostituta’”, le contestó el periodista.
Al final de la conversación con Scherer, Jova aludió al intento de asesinato o secuestro de la hermana de López Portillo. Entonces “le pregunté si veía problemas en los cuatro meses previos a la toma de posesión de López Portillo.
“Scherer dijo: ‘Odio admitirlo, pero sí, me temo que veo problemas, incluyendo posibles problemas para López Portillo. Echeverría es capaz de todo’.”








