De humor caustico (como lo recuerdo), simpático pero también huraño y no creo que igualmente simpático para muchos, el maestro Carlos Jiménez Mabarak (CDMX, 31 de enero de 1916- Cuautla, Morelos, 21 de junio de 1994) es uno de los grandes compositores mexicanos del siglo XX que, habiendo incursionado en múltiples géneros (desde la música de cámara hasta la ópera y el cine), no es sin embargo reconocido y valorado en todo lo que su obra merecería.
Por eso fue particularmente importante el Concierto-Ópera-Homenaje que en ocasión del primer centenario de su nacimiento le ofreciera Ópera de Bellas Artes el pasado último domingo de junio.
Sin embargo, no puede dejar de sentirse un poco sacado de la manga; como que de pronto alguien se acordó del centenario porque, en principio, se hizo con un desfase de varios meses respecto a su fecha de nacimiento, y sin ninguna presencia ni declaración oficial que magnificara el hecho; debe reconocerse no obstante que la función se inició con la presentación de un video sobre la vida y obra del maestro en la que él mismo participa, con material proporcionado por el operópata mayor de México, Manuel Yrízar.
La obra de Jiménez Mabarak no ha sido justamente valorada, en primer lugar, por nuestras propias autoridades culturales, que son las quedeben insuflar en la sociedad la apreciación de los personajes que son realmente trascedentes y no producto momentáneo. La NO presencia oficial y, vaya, ni siquiera unas cuantas palabras en off ofreciendo el Homenaje-Ópera-Concierto, abonan esta apreciación.
Jiménez Mabarak, entre muchos otros premios, ganó el concurso para la creación de la Fanfarria Olímpica de los juegos realizados en nuestro país en 1968, de la Diosa de Plata por la música que compuso para la película Los recuerdos del porvenir basada en la novela de Elena Garro, y el Ariel que otorga la Academia de Ciencias Cinematográficas por la música a la cinta Veneno para las hadas. Su ballet Balada del venado y la luna contó con la coreografía de la también grande Ana Mérida, y fue estrenado en Bellas Artes. En base a su gran trayectoria, en 1993 se le otorgó el mayor reconocimiento del Estado mexicano, el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Pese a ello, con excepción de su ópera La güera Rodríguez, el resto de su obra sigue siendo prácticamente desconocida, y su otra única ópera, Misa de seis, que cuenta con libreto de uno de los más grandes dramaturgos mexicanos de todos los tiempos, Emilio Carballido, se estrenó en Bellas Artes el 21 de junio de 1962, y de entonces para acá sólo tuvo otras dos presentaciones, el 1 y 4 de julio de 1965, según datos que nos aporta José Octavio Sosa.
Por esa razón fue bueno que este desangelado homenaje (apena decirlo pero así fue) se compusiera con la escenificación, en versión de ópera-concierto, de Misa de seis, presentada íntegramente (dura poco menos de una hora), y selecciones de La güera Rodríguez, interpretada por la Orquesta y Coro de la Ópera de Bellas Artes con Christian Gohmer en la batuta y las voces de María Luisa Tamez, Rosa Muñoz, Mariano Fernández, Graciela Morales, Andrés Carrillo, Marcela Chacón, Carlos Galván, Carlos Sánchez, Dhyana Arom, Ángel Macías y Octavio Pérez Busamente, citados en orden de aparición.








