La ciudad de Cuernavaca, Morelos, también tiene su Chapultepec. Fue la primera área natural protegida del estado por decreto en tiempos de Lázaro Cárdenas (17 de noviembre de 1937). Pero después de diversos usos, se descuidó y se abandonó. Se trata de una de las 200 barrancas de la ciudad, y la única no contaminada. Hoy, tras su rescate, aspira a ser un modelo de conservación ecológica, pero se planeó también que el paseo de la gente por la barranca desembocara en una oferta cultural con el centro El Amate, donde se dan talleres, conciertos, funciones de cine, y hay foros, teatros y galerías.
Cuernavaca, MOR.- Pese a que las barrancas son elementales para la conservación de la biodiversidad de esta capital y a ellas se debe el clima que la ha hecho ser llamada “La ciudad de la eterna primavera”, la pésima educación ambiental consiguió convertirlas en sinónimo de tiradero de basura.
Es decir, espacios para desechos de todo tipo, una especie de patio trasero para las casas aledañas e incluso drenaje.
Pero Barranca Chapultepec ya es una excepción, pues desde hace tiempo la ha funcionado como un parque de diversiones. Y es objeto del rescate que busca devolverle su carácter de zona natural protegida –otorgada por decreto presidencial de Lázaro Cárdenas–, reutilizando algunos de sus espacios para actividades culturales.
Durante un recorrido realizado por Proceso, en esta Barranca de aproximadamente 11 hectáreas de terreno y 1.5 kilómetros de largo, los secretarios de Cultura del estado, Cristina Faesler; de Desarrollo Sustentable, Topiltzin Contreras MacBeath; y el director general de Participación Ciudadana de esta última secretaría, Ernesto Salvador Cobos, expusieron los avances en la recuperación del sitio, llamado Parque Estatal Urbano Barranca de Chapultepec o más popularmente Parque Ecológico Chapultepec.
Frente a lo que fuera una jaula de monos que se han enviado ya a Catemaco, Veracruz, Cobos recuerda que durante décadas este lugar tuvo, si no propiamente un zoológico, sí varios animales en cautiverio ajenos al entorno natural de Cuernavaca, lo que resultó en perjuicio de la fauna endémica y de las propias especies foráneas. Es el caso de un par de cocodrilos que serán donados a otro sitio, porque no obstante provenir de clima cálido. Viven en el paso de agua helada del manantial que alimenta la barranca.
El parque, privado en una época, se llamó Jungla Mágica, y además de los monos tenía aves rapaces, patos, focas, un delfinario y hasta una ballena orca. En el río se había introducido la carpa koi, pez de agua dulce conocido también como carpa europea, que ha llegado a ser considerada como una de las cien especies exóticas más dañinas del mundo (https://es.wikipedia.org/wiki/Cyprinus_carpio).
Este pez puede llegar a medir hasta 80 centímetros de largo y estaba terminando con dos especies nativas, pero se ha reintroducido para repoblar el río que atraviesa la barranca: el cangrejito barranqueño y la carpita morelense, ambas entre entre 8 y 12 centímetros de longitud.
Igualmente se está haciendo una campaña de concientización para que los vecinos controlen a sus animales domésticos, como perros y gatos, y evitar no escapen a la barranca, donde está prohibido ingresar mascotas pues sus parásitos y enfermedades pueden ser transmitidas eventualmente a las especies que tradicionalmente habitan ahí.
Cobos resume que al parque se le estaba dando un uso ajeno al que la normatividad señala para el caso de áreas naturales protegidas:
“Ésta es quizá la primera área natural protegida del estado, el decreto es de tiempos de Cárdenas (17 de noviembre de 1937) y tradicionalmente había sido utilizado como un espacio recreativo, había tirolesas en algunos puntos, comercio de todo tipo, se vendía toda clase de alimentos.”
La rehabilitación de la barranca comienza con el retiro de animales exóticos, se regeneran los espacios verdes, se siembran nuevos ahuehuetes que son especies locales, y se retiran ciertas instalaciones pues “había demasiado concreto”.
Ahora está prohibida la venta de botanas, pastelitos y refrescos industrializados. Hay locales que ofrecen productos como los tradicionales raspados de frutas y agua natural embotellada. Además no se permite dentro del parque el uso de algunos materiales, entre ellos el unicel.
Una vez al mes, en la explanada ubicada afuera del parque, se pone el llamado Mercado Verde donde alrededor de 120 productores locales ofrecen sus mercancías realizadas con sistemas sustentables: Artesanías, arte, diseño, herbolaria, productos orgánicos y servicios de ecoturismo, entre otros. El próximo será el viernes 17 de julio.
Contreras MacBeath explica que Cuernavaca cuenta con unas 60 barrancas (investigadores de la UNAM registran 200) y “todas contaminadas” cuando deberían ser como Chapultepec. Plantea que si las casas alrededor de la barranca (ubicada en medio de la mancha urbana) se hubieran construido con el frente hacia ella y no a la calle “sería otro tipo de ciudad”.
Éste es su modelo a seguir para el rescate de otras barrancas, y la muestra de cómo deben mantenerse las áreas naturales en toda la ciudad:
“Ahorita estamos rescatando una llamada Chalchihuapan, que viene desde Santa María, que es la parte del bosque, y llega hasta la glorieta de Tlaltenango… En unos meses esa va a ser la primera barranca cien por ciento libre de contaminantes. Estamos recuperando también la que pasa a un lado del Mercado Adolfo López Mateos, en donde estamos conduciendo las aguas negras hacia una planta de tratamiento.”
Asegura el biólogo que es una planta de “primer mundo” con capacidad para tratar 750 litros por segundo, y ahora le llegan 250 litros. Además se están haciendo los colectores “aunque la gente se enoja porque estamos abriendo las calles, pero eso va a ayudar a que no se usen las barrancas como desagües. Ninguna ciudad civilizada de este planeta usa las barrancas o ríos como desagües. Tenemos un plan para que las barrancas tengan agua viva, no limpia, viva, con especies, que sean nuestros corredores de biodiversidad”.
Del horror a la cultura
Parte de la infraestructura con la cual contaba la Barranca Chapultepec se ha ido retirando. En otros casos se decidió reutilizarla. Así, por ejemplo, la construcción que fue una Casa de los Horrores en la Jungla Mágica, es ahora la Galería la Barranca. Dice la secretaria de Cultura, Cristina Faesler:
“Estamos trabajando con la Secretaría de Sustentabilidad en habitar de nuevo los espacios. La Galería la Barranca será para el arte joven, arte emergente, y se vincula con el Centro Morelense de las Artes (Cema), pero no será la galería del Cema, hay jóvenes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, artistas que no están en escuelas, o de la Ciudad de México, es un espacio interesante y parte de los escalones que el artista va caminando hasta llegar al Jardín Borda.”
Dice la funcionaria que se plantearon que la gente camine por la barranca y se encuentre con una oferta cultural. Sobre el mismo andador se dan conciertos, hay una carpa abierta donde se ofrecen funciones de teatro o de circo. Se tiene el foro El Ahuehuete, un domo digital, y el Teatro Tlahuica, cuya construcción evoca las pirámides prehispánicas, en donde se presentan conciertos sinfónicos, de coros y funciones de cine.
Frente a esta Galería está la Casa Ecológica donde se imparten talleres relativos al tema de la sustentabilidad, separación de desechos, medicina tradicional, y uno sobre el agua.
Cuenta Cobos que el parque de diversiones se manejó al antojo del administrador y por eso tenía una granja:
“Nosotros pensamos que es de los pocos espacios públicos de este tipo que tiene Cuernavaca y que debemos darle el enfoque que tuvo en su origen como área natural protegida. Que la gente venga a aprender sobre nuestros ecosistemas, sobre la importancia de las especies de flora y fauna, de la conservación de su aprovechamiento responsable… Y por la relación tan estrecha con la Secretaría de Cultura, se están llevando a cabo estas actividades como los conciertos, las exposiciones, los talleres.”
Menciona que algunas generaciones crecieron con el Parque Mágico, y quizá no estuviera mal que se divirtieran en el trenecito y las otras ofertas, pero luego todo se abandonó, los recintos se llenaron de murciélagos, los delfines murieron llenos de hongos, y “por veinte años no pasó nada”.
Faesler abona en este sentido que en el 2016, siglo XXI, ya no se pueden fragmentar o separar los conceptos de la cultura y medio ambiente, y el tema de la vida en el planeta requiere de una atención urgente.
Coinciden en que en este momento de la historia tener un delfinario es prácticamente una locura. Recalca Faesler que los changos y cocodrilos estarán en lugares donde vivan mejor. Eso hará que se establezca una relación distinta entre la gente y su entorno y los niños crecerán con una idea de respeto a los animales y las plantas:
“Es como en el patrimonio inmaterial, yo sé que la conversación de los toros es enorme pero, efectivamente, hoy en siglo XXI no puede entrar a patrimonio de la humanidad de la UNESCO la fiesta brava porque no avanza históricamente a esto que queremos del respeto a las especies, del respeto a la diversidad. A nosotros nos toca ya la idea del respeto a los animales y a las plantas, nuestra vida depende de ellos totalmente.”
Darwin a la bicicleta
Las secretarías de Cultura y de Desarrollo Sustentable decidieron no demoler el espacio que ocupó el delfinario, sino hacer las adecuaciones necesarias para convertirlo en el Centro Cultural El Amate, que abrió sus puertas el 20 de marzo de 2015, con la exposición Darwin, la cual estuvo hasta el 7 de julio de ese año.
El lugar fue intervenido con recursos del Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE) y la Secretaría de Cultura de Morelos. En conjunto se destinaron 20 millones de pesos a la recuperación del Parque Chapultepec.
El delfinario estaba al descubierto y se le hizo una cubierta con bambú para no romper la armonía con el parque. La intención de este espacio para exposiciones es mostrar que la ciencia, la tecnología y la innovación integran la cultura y son parte también de las artes.
Desde el pasado 8 de mayo y hasta el 25 de septiembre próximo, El Amate presenta la exposición La vuelta a la bici, proveniente del Museo Franz Mayer de la Ciudad de México. Es una selección de 52 bicicletas mexicanas y extranjeras, pertenecientes a 18 coleccionistas y 9 marcas contemporáneas.
Se muestran las primeras bicicletas que fueron sustituyendo a los animales como medio de transporte. Hay una bicicleta hecha de madera, la famosa con la rueda del frente desproporcionadamente mayor que la trasera o a la inversa, que debían ser así por la carencia del mecanismo de impulso que le da a las actuales bicicletas la cadena.
José Valtierra, director de Museos y Exposiciones, y Samara Guevara, coordinadora de exposiciones de la Secretaría de Cultura, explican que se quiere dar cuenta del impacto que ha tenido la bicicleta en las sociedades, por ejemplo, en la obtención del voto para la mujer por el uso que le dieron las sufragistas, o en la liberación femenina pues su uso exigía ropa más cómoda que los estorbosos vestidos con crinolinas o las zapatillas de tacón, y las mujeres comenzaron a vestir con pantalón.
Está el viejo triciclo Apache, hasta modernísimas bicicletas para las competencias internacionales como el Tour de Francia o el Giro de Italia. Las bicicletas que niños y jóvenes usaron en las décadas de los años setenta y ochenta, algunas que se han habilitado para el trabajo, como las de los afiladores de cuchillos y tijeras y hasta una que, puesta en fijo, sirve para echar a andar una licuadora con su fuerza mecánica.
Hay documentos, carteles, fotografías y videos. Una imagen muestra a Cantinflas en una de las primeras bicicletas, en la película La vuelta al Mundo en 80 días (1957). A su vez, un video presenta, en blanco y negro, la ruta que sigue el panadero con su enorme canasto en la cabeza, hasta llegar a la esquina de la entonces avenidas San Juan de Letrán (hoy Lázaro Cárdenas) y Juárez, en la Ciudad de México donde se reconocen la Torre Latinoamericana y el Banco de México.
En otros se presentan los grupos y clubes de bicicleteros y ciclistas, se habla de las rutas y paseos en bicicleta que se llevan a cabo en Cuernavaca, algunos de los cuales tienen como fin recuperar los espacios para la ciudadanía; entre ellos pueden mencionarse Las Intrépidas, Mochila Rodante, Los Escorpios (de Cuautla):
El fin es demostrar que otros mundos son posibles, que el peyorativo término de “pueblo bicicletero” debe tener ahora una connotación positiva. Se lee en un tríptico:
“En la segunda mitad del siglo XX, concebir la bicicleta como una opción real de movilidad era una utopía en muchas ciudades del mundo occidental. Hoy, en buena medida gracias a la acción de las organizaciones civiles y de algunos visionarios tomadores de decisión, el impulso de un nuevo paradigma de movilidad desde la política pública es una tendencia global.”
El parque Chapultepec termina en un pequeño lago, que requiere constantemente de trabajos de desazolve. Julián Moran, director general de Áreas Naturales Protegidas, explica que cuando la gente lo ve al límite de los lodos, los acusa de tenerlo sucio, pero no toma conciencia que parte de esa suciedad se debe a que aún hay colectores de la gente que vive en las partes altas y llegan ahí.
Se suma el hecho de que se están realizando obras en la autopista Cuernavaca-Chilpancingo, y el agua de las obras se ha acumulado con las de las lluvias, eso provocó el derrumbe de algunas bardas y el agua llegó hasta el lago arrastrando lodo y otros materiales. Se está buscando que los colectores no desagüen ahí.
Morán y Cobos destacan que la gente a veces exige la conservación de estos espacios sin considerar sus responsabilidades como ciudadanos. Basta, invitan, con comparar cómo se encuentra la misma barranca, que continúa más allá del parque para notar cómo la gente las utiliza como tiraderos, y tienen serios problemas de contaminación.








