Plástica brasileña en el Munal

Es decepcionante que el Museo Nacional de Arte (Munal) anuncie una exposición con un título que no corresponde totalmente a lo que se ofrece en las salas. Si bien como recurso mercadológico la imprecisión puede resultar eficaz, un museo nacional financiado con recursos públicos debería destacar por su rigor, seriedad y confiabilidad.

Organizada por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Argentina (MALBA-Fundación Costantini), la exposición Antropofagia y Modernidad. Arte brasileño en la Colección Fadel. 1908-1979, no sólo carece de una propuesta curatorial que desarrolle y profundice en el interesante movimiento artístico brasileño denominado Antropofagia, sino que tampoco plantea una interpretación expansiva de modernidad que permita homologar las estéticas nacionalistas de las primeras décadas del siglo XX con las abstracciones geométricas de los años cincuenta y las figuraciones  pop de los sesenta.

Curada por  la coordinadora ejecutiva de Xuraduría del MALBA, Victoria Giraudo, la exhibición, concebida como una relectura de la colección de los brasileños Hecilda y Sérgio Fadel, se suma a la tendencia contemporánea de interpretar acervos privados para mostrarlos en instituciones de presencia pública.

Al margen de la manipulación de su título y aun cuando en el conjunto no se encuentran obras emblemáticas o espectaculares, la muestra es atractiva porque permite ubicar la construcción del arte moderno y contemporáneo brasileño. Incisivo en la búsqueda de un lenguaje propio en el que se fusionaran estéticas vernáculas-nacionalistas con estéticas provenientes de las vanguardias europeas, el arte brasileño se caracteriza por el protagonismo de mujeres artistas que, desde la primera década del siglo XX, se impusieron por la valiente, rebelde e inteligente osadía de sus propuestas. Con artistas como la expresionista Anita de Malfatti (1889-1964),  la antropófaga Tarsila do Amaral (1886-1973), la surrealista Maria Martins (1894-1973), y las neoconcretas Lygia Clark (1920-1988)  y Lygia Pape (1927-2004), el arte brasileño manifiesta un seductor equilibrio entre sensualidad y racionalidad.

Organizada museográficamente en módulos que coinciden con el desarrollo cronológico del arte brasileño durante el siglo XX, la muestra se inicia con antecedentes impresionistas, continúa con poéticas expresionistas,  enfatiza interpretaciones cubistas de temáticas urbano-tecnológicas, señala las exploraciones con influencias de Léger del movimiento Pau-Brasil, se detiene en la utopía vanguardista del Movimiento Antropofágico que intentaba deglutir conocimientos europeos y vernáculos para crear una propuesta nacional particular, menciona las tentaciones surrealistas, se expande en las poéticas concretas y neoconcretas de los años cincuenta y sesenta, se detiene en las espléndidas xilografías –Tecelares– invadidas de luz de Lygia Pape, incorpora los vocabularios políticos de estéticas pop de los años sesenta, y termina con una sugerente intervención gráfica de óleo sobre papel arroz de Mira Schendel.

Ante tanto exceso creativo, ¿para qué depreciar con un título inexacto la identidad de la muestra?