Gustavo Araoz fue invitado a México para hablar sobre autenticidad del paisaje urbano en una mesa en el Castillo de Chapultepec. El presidente del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios explicó luego a Proceso la responsabilidad que tienen los países al inscribir un sitio a la lista de Patrimonio Mundial en la UNESCO. Se refirió al caso del Espacio Escultórico de la UNAM para señalar, contrario a la abogada general de la institución, Mónica Contró, que ésta sí incumplió con los compromisos ante el organismo internacional.
Para el presidente del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), Gustavo Araoz, la obligación de conservar y defender el Patrimonio Cultural de la Humanidad que adquieren los Estados ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) al inscribir un bien en su lista, es ineludible.
Luego de su participación en la mesa Autenticidad e Integridad en los Paisajes Urbanos Históricos, convocada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el pasado martes 21 de marzo en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, el arquitecto Araoz comenta vía telefónica que no tuvo oportunidad de visitar el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria (CU) y el edificio H de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Dicho edificio ha sido objeto de acalorados debates por haberse construido en la zona de amortiguamiento del área central de CU, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La abogada Mónica Contró dijo a este semanario que la UNAM no incumplió con los compromisos ante el organismo porque sus Directrices Prácticas para la Aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial no son jurídicamente vinculantes (obligatorias), sino meras recomendaciones (Proceso, 2062, 2063, 2065). Sin embargo, Araoz señala que a pesar de no haber ido al sitio ha estado ahí en varias ocasiones.
“Sé lo que está ocurriendo”, dice, pues también ha visto las fotografías del edificio H.
–¿El Icomos va a emitir alguna recomendación?
–Nosotros solamente podemos emitir una recomendación si el gobierno mexicano le pide al Comité del Patrimonio Mundial una opinión sobre el proyecto. Entonces el Comité casi siempre acude al Icomos para que les ayude y les haga recomendaciones sobre qué deben decir acerca del asunto. Y, por el momento, eso no ha ocurrido, así que no tenemos ningún comentario específico ni general siquiera.
Añade que durante el encuentro en el Castillo de Chapultepec, el abogado Ernesto Becerril, secretario del Icomos mexicano, aclaró “bastante bien” el tema de las Directrices (la agencia apro consignó que para el especialista los convenios internacionales suscritos por México son ley y están por encima de las leyes mexicanas y sólo por debajo de la Constitución Política).
El arquitecto de origen cubano reitera lo que explicó durante el encuentro.
“Dije que nadie obliga a ningún Estado parte a inscribir ningún sitio en la Lista de Patrimonio Mundial, pero una vez que lo hace, el Estado, todos sus organismos y los propietarios del sitio, etcétera, tienen la obligación de cumplir con todo lo que competa a la mejor protección posible del sitio.
“Quizá es una discusión, si lo quieren hacer, muy legalista, pero desde el punto de vista práctico, todas las Directrices de la Convención del Patrimonio Mundial obligan y dan una explicación bien clara de cómo se debe proteger el sitio. No soy abogado, así que no puedo decir desde el punto de vista legal si compete o no, pero desde el punto de vista moral y práctico sí competería.”
Robot sin memoria
La reunión sobre Autenticidad e Integridad en los Paisajes Urbanos Históricos tuvo como propósito analizar los problemas de este patrimonio ante el desmesurado crecimiento urbano que, en el caso de México, está impactando sitios como el Paseo de la Reforma, según se consignó en estas páginas la semana pasada.
Al respecto, Araoz advierte que se trata de un fenómeno mundial y es responsabilidad de los organismos competentes de la conservación alertar a la sociedad y a las otras instancias –que permiten este tipo de desarrollos– sobre sus efectos y evaluar de una manera más completa los proyectos.
“Una de las cosas que me sorprendió es que no se haga un uso mayor de los estudios de impacto patrimonial y de impacto cultural, como recomienda la UNESCO, y que se usa en muchas partes del mundo. Por ejemplo, cualquier proyecto del Banco Mundial debe llevar un estudio de impacto patrimonial.”
–Se dice que no se hace por la influencia de los grandes capitales.
–En todas partes los capitales se mueven de manera muy sigilosa y a veces se rompen las reglas.
A decir suyo el INAH no puede ser una entidad policial que esté buscando y vigilando qué sucede en todas partes, pues también es responsabilidad de las autoridades locales y del propio sitio, notificarle de la realización de este tipo de proyectos.
La cuestión, dice, es si se vuelve a los años cincuenta y se comienza a derrumbar todo lo posterior, como en “la propuesta de Le Corbusier para París en los años treinta, sólo dejaba la Catedral de Notre Dame”, o se opta por un desarrollo más sustentable.
–¿Debe haber un límite a ese desarrollo, por más sustentable que se diga, o estamos “condenados a ser modernos”?– se le pregunta con una frase utilizada por la directora del Instituto Nacional de Bellas Arte, María Cristina García Cepeda, para justificar que nuevos edificios ocupen el lugar de algunos históricos.
–Bueno, conservar el patrimonio es un fenómeno moderno, así que al conservar estamos siendo súper modernos.
La cuestión, insiste, es qué tipo de desarrollo se quiere (menciona el caso de la ciudad de Rotterdam, Países Bajos, destruida durante la Segunda Guerra Mundial, a la cual no se quiso reconstruir y se hizo una nueva, y es ahora “una ciudad sin pasado”).
“Eso depende de cada sociedad: Si quiere perder su patrimonio, si quiere perder su memoria, si quiere perder su identidad cultural y sus tradiciones y convertirse en un robot.”








