Guillermina Higareda fue –sigue siendo a través de sus muy, muy pocas grabaciones–, una de las más grandes cantantes mexicanas de ópera. Los que tuvimos el privilegio de escucharla más de una vez, recordaremos por siempre el timbre incomparable de su voz.
Ella, con más de treinta papeles protagónicos, perteneció a la generación que llenó toda una época en la ópera de Bellas Artes durante la segunda mitad del siglo XX. Fallecida repentinamente el 23 de noviembre del 2005, ni Bellas Artes ni ninguna otra institución se ha cuidado de rendirle así sea un mínimo homenaje, por lo que resulta significativo que, por fin, gracias a la insistencia de su hija, la también buena soprano Lorena von Pastor –miembro del Solistas Ensamble del INBA–, este muy buen coro haya realizado un concierto en su memoria en la sala principal de Bellas Artes, en el que estuvo acompañado además por la Orquesta Sinfónica de Coyoacán que dirige el maestro Rodrigo Elorduy.
Efectuado el día 4, el concierto se integró con arias, dúos y fragmentos corales de algunas de las óperas que Guillermina interpretó en su momento, como Las bodas de Fígaro de Mozart, Bohemia de Puccini y Rigoletto de Verdi, por ejemplo, aunque, claro, se incluyeron varias más, lo que permitió el despliegue de las voces solistas que dan lugar al nombre del grupo.
Como no podía ser de otra manera porque se trata de justamente “abrir” el concierto, fue una obertura (apertura), la escogida para el inicio del programa, la de la ópera Los maestros cantores de Nüremberg de Wagner, ópera que quién sabe si algún día se escenificará aquí. Siguió el trío “Soave sia il vento” de Cosí fan tutte de Mozart, y luego la picaresca aria “Non piú andrai” de Las bodas de Fígaro, y se continuó con “Cruda sorte! Amor tiranno” de La italiana en Argel de Rossini, adecuadísima para la voz de la mezzo Grace Echauri que fue quien la interpretó, y dio paso a la guapérrima y buena soprano Violeta Dávalos, quien recreó a la Mimí de La Bohemia con, justamente, el aria “Si, mi chiamano Mimí”.
Previo al intermedio escuchamos el famosísimo cuarteto de Rigoletto de Verdi, que cantaron la impulsora del homenaje a su madre, Lorena von Pastor, la mezzosoprano Norma Vargas, el barítono Oscar Velázquez y el tenor Ángel Ruz.
La segunda parte del concierto prosiguió de la misma manera, es decir, alternando piezas puramente orquestales con arias, dúos y más, lo que es una modalidad característica del Ensamble ya que, teniendo todos sus miembros capacidad para actuar como solistas, se ensamblan para ofrecer conciertos como el de comento pero, también escenificaciones más teatrales como La ópera de 3 centavos y otras, algunas de las cuales, por lo bien que estuvieron hechas, hemos reseñado en este espacio.
Grata sorpresa nos ofreció la Orquesta Sinfónica de Coyoacán, a la que teníamos largo tiempo sin escuchar, y nos mostró los avances hechos con su actual director. El Solistas Ensamble actuó con su calidad reconocida y se logró así un digno homenaje a la en verdad gran Guillermina Higareda.








