Documental de El Prado sobre “El jardín de las delicias”

MADRID.– El jardín de las Delicias, el icónico tríptico pintado por El Bosco hace casi cinco siglos, es una obra que al ser apreciada atrapa al espectador sin ser comprendida, porque encierra, además de colores brillantes, infinidad de misterios en su acción compleja, comedia, tragedia, pecado, vida, muerte y, quizá, incluso, redención.

En una primera imagen de la película-documental El Jardín de los Sueños (90 minutos), coproducida por este Museo del Prado –donde se conserva el mayor contenido de originales de su obra– en colaboración de la Fundación BBVA, el historiador del arte Reindert Falkenburg observa la pintura y dice a cuadro:

“En cuanto lo miras empiezas a soñar.”

El filme forma parte del amplio programa de actividades para conmemorar los cinco siglos de la muerte de Jerónimo Bosch y es dirigido por José Luis López Linares. Parte de la tesis del narrador Falkenburg – especialista en arte medieval y renacentista– de que la obra maestra de El Bosco fue concebida como “un elemento de conversación en la corte de Nassau”, hace cerca de 500 años, cuando se cree que la pintura le fue encargada al artista.

El también autor del libro Hieronymus Bosch: The Land of Unlikeness (2012), concluye antes de retirarse:

“Al final de la novela, el escritor desvela el misterio, pero en este caso, el autor no quiere que resuelvas el misterio. Quiere que permanezcas en el misterio.”

El músico estadunidense William Christie le dice a Falkenburg mientras se lleva las manos a la cara:

“Es uno de los más grandes enigmas. ¿Tiene usted una explicación? Me siento muy afortunado de poder estar contemplando la obra.”

El documental, que se estrenará el 9 de junio, es el punto de partida de una conversación que comenzó hace 500 años en Bruselas y de la que ahora participan, además del narrador, protagonistas del panorama cultural internacional del siglo XXI, historiadores del arte, artistas, escritores, filósofos y músicos sobre la enigmática creación del pintor flamenco.

El escritor británico Salman Rushdie observa el tríptico de 220 X 389 centímetros y señala que “no se puede explicar de manera sencilla, es una pintura para discutir. Y quizá fuera ése su propósito: provocar la discusión”.

En todo caso, añade el propio escritor:

“Es el caos. Y duele. Y da miedo.”

El músico y director de orquesta Ludovico Einaudi dice que el cuadro “está pidiéndote participar, investigar en tu mente”, y señala los detalles de la pintura como si de una orquesta se tratara.

El filósofo Michael Onfray explica que “es una invitación a pensar lo impensable”.

Pero para el dibujante MAX “es como un cómic condensado”.

Cada uno de los 24 personajes que lo observan tiene la impresión de estar contemplando un sueño en imágenes, como el propio Bosco. Al menos así opina la fotógrafa Isabel Muñoz, quien dice:

“Muchas de estas cosas las ha soñado el pintor, pero yo creo que muchas las ha vivido y muchas las ha deseado vivir.”

El artista hispano Miquel Barceló trata de encontrar en el óleo varios conejos que aparecen en la obra, y empieza a descubrir la metamorfosis de algunas figuras que le recuerdan mucho “a los sueños de fiebre, es como un gran día de fiebre”.

El escritor holandés Cees Nootenboom señala por su parte:

“La pintura lleva ahí desde hace muchos años emanando su fuerza, su alma. Antes de la Revolución Francesa, después de la Revolución Francesa, antes del marxismo, después de Auschwitz.”

La escritora brasileña Nélida Piñón observa el cuadro y concluye que “para aclarar lo que eso quiere decir, hay que inventar palabras”.

Para Falkengurg el elemento central es tener claves para comprender tanto al pintor como a su composición. Dice en tono de súplica en la película:

“¿Por qué no tengo claves? Por favor que alguien me ayude a comprender esta pintura.”

El documental podrá verse desde el 9 de junio en 70 salas en España, además de Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Polonia, Hungría y la República Checa.