De la Riva incursiona en el cine de terror

El cine de terror mexicano está de regreso. Así lo manifiesta Juan Antonio de la Riva, quien tras su éxito dirigiendo películas rurales como Pueblo de madera y El gavilán de la sierra, se lanzó a abordar el género en su nueva cinta Ladronas de almas. El guión de Christopher Luna está ambientado en una hacienda durante la guerra de Independencia, donde aparecen zombies pero no al estilo de la serie gringa The Walking Dead, “sino de la tradición del vudú que llegó a América a través de los esclavos de África”.

Desde la primera lectura al guión Ladronas de almas, escrito por Christopher Luna, Juan Antonio de la Riva se entusiasmó por dirigirlo:

“Me enganchó porque se ubica durante la guerra de la Independencia de México y además, soy un aficionado al cine de terror.”

De la Riva, conocido por sus filmes rurales Pueblo de madera y El gavilán de la sierra, aceptó sin dudarlo y “sin buscar un receso para pensarlo o negarme porque no es mi género, dije sí; la historia aborda un tópico y una época poco tratada de este género en México”, argumenta en entrevista.

La cinta se desarrolla en una desolada y recóndita hacienda de la Nueva España, en el año de 1815, donde una afligida familia, que ha padecido los estragos de la guerra, brinda refugio a un grupo de supuestos insurgentes que trata de quitarles su riqueza; pero las hermanas Cordero se defienden. Los actores son Tizoc Arroyo, Nathasha Dupeyron, Ana Sofía Durán, José Enot, Javier Escobar, Juan Ángel Esparza, Luis Gatica, Arnulfo Reyes, José Luis Moreno y Sofía Sisniega.

Ladronas de almas, de 90 minutos, se proyectó el viernes 20 en el Teatro Victoria, durante el Festival de Cine Mexicano de Durango. La produce Prende y Apaga Films y Cucuy Odriozola. Daniel Alonso es el director de producción. El largometraje ganó cuatro premios en el Festival Feratum 2015, el cual está dedicado al horror, fantasía y la ciencia ficción. Lo distribuirá Alfhaville.

Filmar, “un privilegio”

El realizador acepta que dicho relato fílmico contribuye a las leyendas de las haciendas mexicanas. Enseguida refiere:

“El tema y la época son un gran acierto de Luna y contiene todos los elementos del género para ofrecer un material muy atractivo. Daniel Alonso me dio a leer el proyecto y pensé que era para una asesoría, lo cual es muy frecuente. Lo leí y me gustó. Le manifesté mi entusiasmo al productor y también al autor, y en ese momento me lo ofrecieron para dirigirlo.

Entusiasmado, argumenta:

“Realizarlo me pareció un desafío interesante y nos dimos a la tarea de empezarlo a promover. Fue un año de buscar las posibilidades económicas y otro de rodaje y demás. La película tuvo un costo razonable, desconozco la cifra exacta, pero no excedió los veinte millones de pesos. Se cuidaron al máximo los pocos elementos que hay de escenografía, la ambientación, el vestuario y los escasos efectos especiales para que tuviera credibilidad todo el asunto.”

Destaca que  el filme lo elaboró en digital, siendo la primera vez que así filma:

“Rodarlo en ese formato nunca me causó conflicto ni extrañé rodar en 35 milímetros. Lo importante es poder seguir contando historias en el medio que tengas a tu alcance. Filmar me parece un privilegio y estudié cine para hacer cintas durangueñas, por ejemplo Pueblo de madera, cine mío, digamos; pero trabajar otros géneros (y), me ha enriquecido. Se ha mezclado mi trabajo como autor y por encargo.”

Nació en Durango. Hijo de un proyeccionista de cine itinerante, pasó su niñez en la compañía de su padre, quien ofrecía funciones en los aserraderos de la sierra de Durango y después se asentó en el pueblo San Miguel de Cruces y colocó el único cine de ahí. Hacia 1975, De la Riva se trasladó a la Ciudad de México para estudiar realización en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), y cuatro años más tarde presentó como tesis el cortometraje Pueblo vencedor del sol, el cual obtuvo el Gran Premio del Jurado por Cortometraje de Ficción en el Festival de Cine de Lille, Francia, y el Ariel en la misma categoría.

Dirigió los documentales Xochitlalis  y  Huastecos de Veracruz en 1984, y en ese mismo año creó su ópera prima, Vidas errantes, la cual fue galardonada en España. En 1999 se desempeñó como secretario general de la Sección de Directores del STPC. Ha impartido diversos cursos de cine en el Instituto Ruso y en el CUEC, donde ocupó la Secretaría Académica en 2004. Fue director del Instituto de Cultura del Estado de Durango de  2009 a 2010. Y presidió la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas durante 2013.

Zombies y sangre

A De la Riva le pareció diferente que el proyecto abordara a los zombies “y que la idea no viniera “de todas estas infecciones espaciales”, sino de la tradición del vudú que llegó a América a través de los esclavos de África, “y desde luego el tratamiento de los personajes femeninos tampoco son nada usuales”.

–¿Hubo algún agregado suyo en la pantalla?

–Fui muy fiel al espíritu del guión y a la forma en que estaba redactado porque era muy buena su construcción. En términos de realización,  está muy cercana a mi estilo de trabajo: planos secuencias, planos largos. Y sin perder de vista que es un género que debe mantener la sorpresa. Quizá efectué algunos cambios mínimos o supresión de algunas líneas precisamente para dramatizar, pero fui muy respetuoso del texto porque estaba bien escrito. Hubiera sido como un despropósito tratar de modificarlo.

“El guión se prestaba para todo tipo de efectos especiales y digitales mucho más modernos, pero buscamos siempre una solución cinematográfica y no fueron necesarios desde mi punto de vista porque lo que proponía el guión era un trabajo justamente sobre la violencia, las muertes sangrientas que podíamos lograr con elementos tradicionales del cine.”

Para el maquillaje, explica que  contó con dos jóvenes: Juan Méndez y Karina Monroy (“siempre dialogamos con ellos lo que deseábamos”):

“Se dieron a la tarea de construir las caracterizaciones, las cabezas dobles que se usan en el filme. Sus propuestas dieron resultado. Uno de los premios del Festival Feratum fue para maquillaje…”

–Usted tuvo contacto con las historias de horror desde  esa serie televisiva La hora marcada, ¿verdad?

–Sí, elaboré siete capítulos de La hora marcada, fue antes de Pueblo de madera. Ahí se me permitió experimentar y ejercitar algunas cosas que yo no sabía respecto al género de terror.

Su afición al género viene por el cine mexicano que vio de niño.

“Como espectador, recuerdo películas que me impactaron profundamente como  La llorona (1959), de René Cardona; El vampiro (1957), de Fernando Méndez, y El espejo de la bruja (1962), de Chano Urueta, y después disfruté mucho los filmes de Carlos Enrique Taboada. Siempre es algo que tienes como guardado. Y las ganas de hacer un western, una cinta de época y alguna de terror estaban por ahí guardadas hasta que apareció este guión que me ofrecía todas las posibilidades de explorar este género.”

–Las protagonistas son las mujeres. ¿Son las malas o no?

–Son las defensoras de su propiedad  y su cuidado personal. Si no se defienden ellas, están a expensas o de los insurgentes o del ejército realista. Cuando leía el guión y llegué a uno de estos arranques de violencia, no me esperaba lo que iba a ocurrir, porque yo siempre estuve pensando que ellas eran las víctimas. Cuando llegan estos tipos, pensé: “Van a arrasar hasta con la niña”, y justamente creo que es una de las vueltas muy ingeniosas que tiene el guión.

Además Christopher Luna se inspiró en un personaje de la independencia que existió: María Cordero, quien exterminó a varios invasores en sus propiedades (“¡claro que en el guión se va hacia un suceso sobrenatural, pero me pareció muy atractivo y muy inesperado!”). Resalta otro aspecto del largometraje: los esclavos de raza africana, “tema que no se aborda” en las películas mexicanas:

“Con ellos, llega todo este asunto de la santería que ha proliferado de una manera increíble en nuestros días, eso existe. Hay la posibilidad de que los zombies  hayan sido reales a través de las prácticas que ellos traían de África del vudú. Es algo que no está del todo aclarado, pero creo que en algunos tratados de historia se menciona que si existieron estos personajes creados por lo negros que llegaron a América.”

–¿Se preocupó para no ser parte de esta ola estadunidense de los zombies?

–No, ni siquiera pensé mantenerme a distancia. Sólo asumí un poco las reglas del género, y desde el guión estaba planteado que estos zombies tenían otras características.

Confirma que el género de horror en México está resurgiendo:

“En efecto, ha crecido. Es un género muy cercano al público, igual que el cine negro, el  policiaco. Para mí, también a través del cine de terror se muestra el rostro de una sociedad, aunque sea una lectura a partir de lo que ofrecen estas historias. El cine mexicano debería ser creado de cara al público y no tan hermético para festivales o muestras, sino para un espectador que va a pasar un rato agradable y en ese sentido, una película puede poseer una serie de cualidades para que sea algo más que entretenimiento.”

Ladronas de almas se rodó en seis semanas en Morelos. En junio del 2015 ya estaba lista para mostrarse. Quizá se estrene en octubre y noviembre de este año. De la Riva cierra ilusionado:

“Espero sumarme modestamente con esta contribución al cine de terror mexicano. Espero que la película logre quedar ahí, entre las referencias.”