Señor director:
El martes 10 fue detenido por la policía el profesor Heriberto Magariño, representante de casi 14 mil maestros en el Istmo de Tehuantepec. Se le acusa de cometer más de 10 delitos federales, algunos tan absurdos y denigrantes como tentativa de homicidio y robo.
En realidad el encarcelamiento de Magariño se debe a que es un activo opositor de la falsa reforma educativa del gobierno federal. El 15 de este mes el magisterio oaxaqueño y el de otras entidades iniciará un paro indefinido contra esta política, y los gobiernos federal y el de Gabino Cué pretenden descarrilar tal protesta encarcelando a quienes se les oponen. Además, Peña Nieto nunca le perdonará a Magariño el haber movilizado en su contra en febrero de este año a unos 4 mil 500 docentes cuando se presentó en el Istmo de Tehuantepec a inaugurar una empresa eólica.
Desgraciadamente la represión estatal va más allá del magisterio. En Michoacán existen unos 350 presos (encabezados por el doctor Mireles) por defender a sus comunidades y familias y enfrentar valientemente a la delincuencia organizada. En Guerrero ocurre algo parecido, y las listas de presos las encabezan los policías comunitarios Gonzalo Molina y Arturo Campos. En Puebla se cuentan unos 156 presos políticos, como el líder de los vendedores ambulantes Rubén Sarabia Simitrio, y activistas defensores del medio ambiente. Las cárceles de México vuelven a llenarse de luchadores sociales, de presos políticos.
Heriberto Magariño tiene casi 30 años de docente. Comenzó dando clases muy lejos de su ciudad natal, Juchitán, en lugares de difícil acceso y a muchas horas de su hogar. Impartió clases en comunidades en las que se hablan lenguas distintas a su idioma materno, el zapoteco, y en otras con fuerte presencia del narco. Desde hace años es dirigente del Partido Obrero Socialista.
El profesor Magariño es un digno preso político del gobierno que encalló en la Casa Blanca y en Ayotzinapa.
Atentamente,
Ángel Cuauhtémoc Ruiz Ortiz








