Mónica Mayer en el MUAC

Un gran acierto tuvo el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la Ciudad de México, al organizar la primera muestra antológica de Mónica Mayer.

Defensora apasionada de las estéticas conceptuales que vinculan las experiencias cotidianas con la creación artística y el compromiso político, Mayer merecía, desde hace muchos años, una exposición que recordara y pusiera en valor su participación en el escenario del arte contemporáneo mexicano.

Pionera –o más bien fundadora– del arte feminista mexicano, Mónica Mayer (1954, México) ha desarrollado una propuesta artística que se expande en diversos géneros –neográfica, performance, arte participativo y archivo– fusionando creación con medios alternativos, conectividad con el espectador y crítica al sistema patriarcal. Con poéticas humorísticas que oscilan entre la irreverencia y la ironía, la artista ha abordado temas que vinculan condición femenina y vida doméstica. Entre ellos, la vida en pareja, la maternidad, la sexualidad y rituales como el matrimonio o la fiesta de 15 años.

Centrada siempre en su propia fisonomía, Mayer ha denunciado el absurdo de los valores culturales impuestos a las mujeres de su generación. Oscilante siempre entre la confrontación social y la reflexión personal, la artista ha utilizado su imagen y cuerpo para evidenciar el absurdo valor de la virginidad, la monotonía de los trabajos caseros, la incomodidad física del embarazo, y la experiencia de una vida en pareja –la suya con el también artista Víctor Lerma– que ha compartido complicidades por más de 30 años.

Diseñada curatorial y museográficamente de manera cronológica, la retrospectiva titulada Si tiene dudas…pregunte, presenta obras realizadas de 1977 a 2016. Especialmente interesante en el periodo que comprende los años setenta y ochenta, la muestra permite conocer no sólo la obra de la feminista sino, también, las exploraciones y expansiones conceptuales del arte emergente de esa época. Atrevida y audaz en sus temáticas, Mayer desarrolló un lenguaje basado en la neográfica –reproducciones múltiples realizadas con medios populares y baratos como la fotocopia y el mimeógrafo– que utilizó la iconografía religiosa como metáfora de los estereotipos femeninos.

En los últimos años setenta y primeros ochenta la artista abordó valientemente la maternidad de la virgen, la violación disfrazada, la doble moral de los estereotipos y la liberación femenina, como en una obra donde  cubre la cabeza con un manto que, sin ser explícito, remite a las representaciones de la virgen María.

Obras centrales de su trayectoria como la serie de dibujos Nuestra Señora (1977-1978) –metamorfosis de una figura femenina que empieza vestida como virgen y termina desnuda–, los collages Rape (Violación) de 1978 y el Diario de las violencias cotidianas de 1984, y la acción Madre por un día –en que disfrazaron de embarazado al comunicador Guillermo Ochoa en su programa de televisión Nuestro Mundo en 1987–, la exposición culmina con una reinterpretación de la instalación interactiva El tendedero de 1978. En esta pieza, las mujeres escriben en un papelito sus experiencias sobre el tema tratado y lo cuelgan con una pinza en un tendedero. En la versión 2016, el tema del acoso sexual sorprende y lacera por la cantidad de testimonios.  l