Viviana Garcia (sic) y Griselda Moreno recorrieron 19 países de Latinoamérica con un proyector para exhibir cine independiente en español. Pararon por comunidades donde no hay acceso a la cultura audiovisual. En total, efectuaron 143 proyecciones donde acudieron 27 mil espectadores. Y de esa experiencia surgieron un documental y un libro.
Las dos argentinas, Garcia (cineasta y fotógrafa) y Moreno (periodista y fotógrafa), cuentan que viajaron juntas 52 mil kilómetros en dos años y cinco meses y difundieron 500 filmes, donados por cineastas e instituciones del séptimo arte de cada país. Cine a la intemperie, instantáneas de dos mujeres por Latinoamérica es el título del documental y el libro que presentaron en el marco del encuentro Contra el Silencio Todas las Voces, efectuado del 8 al 15 de abril pasado en las más de cien sedes de la República Mexicana, incluyendo la capital.
Ellas iniciaron el proyecto titulado Cine a la intemperie de llevar películas a otras latitudes hacia 2007, con la finalidad de “descentralizar y democratizar” la cinematografía, “sin fin de lucro y totalmente autogestionado”, señalan ambas realizadoras en entrevista durante breve visita a México.
Decidieron proyectar películas desde Córdoba, Argentina, hasta Tijuana, México, por rutas desconocidas, en camioneta (una se les descompuso y tuvieron que adquirir otra); les robaron dos cámaras y, en consecuencia, perdieron material grabado, enfrentaron climas extremosos, en fin. Lo destacable es que no contaron con un equipo de colaboradores ni vehículos de apoyo.
Narran que bajo el eslogan “Por una exhibición alternativa de nuestra cultura audiovisual”, convivieron con diferentes comunidades, pueblos y ciudades, mostrando películas al aire libre en calles, plazas, canchas de juegos, y en lugares cerrados como escuelas, cárceles, orfanatos, asilos, correccionales, centros culturales y jardines de infantes.
En el documental, producido por Magoya Films, Universidad del Cine y Cine a la intemperie, se aprecia desde cuando se reúnen Garcia y Moreno –quienes no se conocían físicamente–, para iniciar el recorrido. Ahí, muestran pinceladas de sus desventuras y experiencias positivas durante el viaje; incluso, cómo aprendieron mecánica automotriz para arreglar sus vehículos. Transitan por Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, México, Panamá, Perú y Venezuela, entre otras naciones.
Garcia recuerda que el filme, el cual ella misma dirigió, surgió cuando empezaron a armar el “sueño” Cine a la intemperie:
“Entonces participó otra compañera, Verónica Rocha, y ya sabíamos que aparte del cine móvil queríamos crear una película para registrar todo lo que íbamos a vivir en esa andanza por Latinoamérica y además que publicaríamos un libro, porque suponíamos que íbamos a tener vivencias muy ricas. Al principio íbamos a contar con el apoyo de una productora que después no pudo seguir con nosotras, pero quisimos de todas formas filmar.”
La parte económica fue lo más difícil.
“Contábamos con muchos avales, pero no económicos. Eso causó que el equipo fuera muy reducido, sólo Griselda y yo filmamos; aparte, hacíamos más actividades para proyectar las películas en cada lugar donde parábamos. Tenemos 80 horas grabadas.”
La edición estuvo a cargo de Miguel González Messenio, y la música original es de Inti Huayra.
Gira con el filme
Moreno indica que la película y la publicación poseen una misma columna vertebral:
“La cinta debía basarse en instantes, de ahí el subtítulo Instantáneas de dos mujeres por Latinoamérica. Aunque a veces no poseíamos una cámara para filmar momentos; por ejemplo, en Sudamérica no pudimos rodar porque no tuvimos recursos para comprar una cámara. El libro conserva la misma metodología: son 73 capítulos que ofrecen 63 instantes que nos permiten entender cómo fue el recorrido.”
Al ser ellas las protagonistas del documental, aclaran que no han sido críticadas por salir a cuadro en los países donde han exhibido la cinta.
“Al contrario, ¡nos alaban porque pudimos lograr todo!”, resaltan.
Desde el 2013 iniciaron una gira con el largometraje por distintas naciones. A la pregunta de si el objetivo de la película era también reflejar la situación de Latinoamérica, Garcia responde:
“Eran varios ejes a seguir. Las proyecciones, todo lo que pasaba en torno a ellas, nosotras como personajes y reflejar la situación social y económica de Latinoamérica. En Ecuador, se ven las carencias. Y otra cosa importante era reflejar si las personas de esos lugares habían visto cine de su país. En Ecuador preguntamos si habían visto cine nacional y nos decían las niñas y los niños que no.”
Moreno argumenta que hubiera sido más fácil atravesar Latinoamérica por sus grandes ciudades, “pero quisimos involucrarnos con otras zonas, subiendo por el oeste y bajando por el este”.
Las dos realizadoras coinciden que Latinoamérica está muy violenta en todos lados, “pero éramos prudentes”.
Contenta, la periodista expresa que de Córdoba salieron con 30 cortos de su país, y en cada lugar los cineastas y las instituciones de cine les proporcionaban sin ningún problema material:
“Logramos juntar cortos de Panamá, Nicaragua, México, en fin, y de acuerdo a la zona a la que llegábamos, buscábamos el documental que íbamos a proyectar. Es decir, si era un sitio muy violento, rastreábamos un filme relacionado para reflexionar con el público sobre el tema.”
Mostraron cortometrajes, documentales y animaciones como: Fábrica sin patrón (Daniel Incalcaterra, 2005), Otro gallo cantará (Movimiento Nacional Campesino Indígena, 2004), Campesinas, semillas de cambio (Joaquín Zuñiga, 2008) y Cuando el río suena (Verónica Rocha, 2003), entre otros.
Así, abordaron tópicos en torno a los derechos humanos, la situación de los infantes y adolescentes, el medio ambiente, las mujeres y los pueblos originarios. Vivieron movimientos sociales importantes durante su viaje:
“Nuestro primer encontronazo fue el referéndum de Evo Morales en 2008; en Honduras estábamos justo cuando se desató la crisis social; en Nicaragua, el 13 aniversario de la revolución sandinista.”
Y en Cuba, los 50 años de la revolución fidelista. Ahí, por ejemplo, el “sueño” ya estaba cumplido: Desde los orígenes de la revolución hubo un programa, “Cine en mulo”, que llevaba cine a las comunidades más apartadas, precisamente en mula, cuando ya no había caminos pavimentados.
“Todo esos movimientos nos generaron un impacto distinto y repercutieron en un aprendizaje y crecimiento importante para nosotras.” l








