Veinte y cinco años debieron de pasar para que el público mexicano pudiera apreciar de nueva cuenta la estupenda ópera de Gaetano Donizetti, Roberto Devereux, escenificada la última vez en Bellas Artes en 1991.
Y esta nueva ocasión no se dio en ninguno de nuestros escenarios, sino nos llegó desde el famoso MET de Nueva York. La cuestión es importante porque aunque se dicen pronto, 25 años significan que un par de generaciones de nuestros jóvenes no había tenido oportunidad de verla aquí y, también, muy pocas en el extranjero.
De hecho, la presentación del MET fue un estreno en ese teatro, lo que agrega importancia a la ocasión de verla aquí al mismo tiempo. Es hora de decir, por lo tanto, que se trata de la trasmisión que, en vivo, directo y a todos los colores se hace desde ese gran teatro y nos llega a la pantalla gigante del Auditorio Nacional. Es oportuno agregar que no todas las óperas escenificadas en el MET son trasmitidas, sino tan sólo una selección de toda su temporada anual. Así, de la temporada 2015-2016 que concluye el próximo 30 de abril con la Electra de Richard Strauss, tuvimos oportunidad de tener aquí únicamente diez títulos, lo cual no es nada malo pues en los últimos quince años las temporadas de Bellas Artes se han constituido con siete.
Empero, vayamos ahora a lo bello del asunto que fue el realmente espléndido montaje que de Roberto Devereux hizo el MET. Encargada la producción al escocés Sir David McVicar, ésta fue magnífica por saber combinar una escenografía sencilla pero funcional al extremo, que semejó perfectamente las distintas locaciones en que las acciones se desenvuelven, con un vestuario deslumbrante plenamente apegado a la época, y un diseño de luces perfecto que crearon la atmósfera adecuada en cada momento y circunstancia. A esto se agregó la utilería cuidadísima y, en fin, una concepción de arte que logró la conjunción y efecto total de situarnos allá y entonces.
El elenco, de primera, encabezado por la soprano estadunidense Sondra Radvanosky, quien hizo una Elisabeth 1 de antología, indescriptible por lo extraordinariamente bien actuada; seguida por la mezzosoprano letona Elina Garanca (Sara), de igual estupendo desenvolvimiento escénico y vocal; el tenor norteamericano Matthew Polenzani en un Roberto Devereux digno de sus compañeras, y el buen barítono polaco Mariusz Kwiecien encarnando al Duque de Nottingham. La dirección musical corrió a cargo del maestro italiano Maurizio Benini. Un elenco internacional que no podríamos tener aquí dado su costo.
Una recomendación (o sugerencia, si se prefiere): montar el año entrante la “Trilogía Tudor” de Donizetti, es decir, Ana Bolena (1830), Maria Stuarda (1835) y Roberto Devereux (1837). Dada la similitud de época se puede hacer una sola producción que, con los ajustes adecuados, serviría para las tres óperas y esto significaría bajos costos. Los elencos no serían problema y se daría trabajo a varios de nuestros buenos cantantes.








