Sarah Minter (1953-2016)

Relevante por ser pionera del videoarte en México y debido a su propuesta creativa y actividad docente, Sarah Minter destacó en las prácticas cinematográficas experimentales con una estética que no sólo borró los límites entre el documental y la ficción, sino que también se caracterizó por la búsqueda permanente de visiones de la realidad provenientes de diferentes perspectivas.

En la segunda mitad de la década de los años ochenta, su presencia se hizo notoria a partir del excelente largometraje Nadie es inocente, en el cual, sin juzgar ni compadecer, describió la cotidianidad de un grupo de jóvenes, marginado de cultura punk. Concentrada en los años noventa en dejar que sus personajes se expresaran, a partir del 2000 se incluyó a sí misma en sus videos incursionando en una intimidad etérea que, a través del tratamiento de la imagen –iluminación, desvanecencias, color–,  mantuvo la tensión entre lo real y lo ficticio. La vinculación entre los territorios íntimos y sociales se concretó exitosamente en la video-escultura Háblame de amor de 2010.

Invitada por la Galería Traeger y Pinto para participar en la colectiva Agua que se inauguró el pasado miércoles 13, la videoasta incursionó en una nueva propuesta que se basa en imágenes fijas obtenidas del ensamble digital de varios videogramas. Construidas en la técnica denominada de alto rango dinámico (HDRI), las piezas adquieren una brillante y contrastante iluminación que enfatiza la oscilación entre lo real y lo irreal. En cuanto a las diferentes vistas o percepciones del entorno, sorprende que, al final de su vida, Sarah Minter haya sustituido la expansión por la fusión. A diferencia de sus videos y videoinstalaciones, las nuevas imágenes no despliegan las perspectivas de la mirada: las contraen generando una unidad que se fuga en la luminosidad del infinito.

Interesada en lograr la presentación simultánea de varias vistas del entorno o acción seleccionada, la videoasta desarrolló, para la instalación Ojo en rotación que presentó el año pasado en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad de México, un dispositivo en forma de casco que contenía en la parte superior seis cámaras GoPro que le permitían, al cargarlo en la cabeza, obtener imágenes del entorno en 360º. Entre los videos que conformaron la videoinstalación, se encontraba uno de la playa Mermejita de Oaxaca que, al ser su playa favorita, sirvió de matriz para la actual exposición.

Inaugurada a cinco días de su fallecimiento, la muestra Agua exhibe el casco y tres imágenes de alto rango dinámico del Universo Mermejita que, profundas y brillantes, no pueden ocultar que el espacio y el tiempo han dejado de existir.