La dolorosa “normalización” del conflicto

Jerusalén.- Este domingo 24 se cumplen dos años de que se rompieron las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Desde entonces han pasado muchas cosas: una sangrienta guerra en la Franja de Gaza, un avance notable de la colonización israelí en Cisjordania y Jerusalén Este, elecciones en Israel que acentuaron el giro a la derecha del gobierno, una nueva ola de ataques calificada por algunos como la Tercera Intifada y una cierta y dolorosa indiferencia de la comunidad internacional –más preocupada por Irán o Siria– hacia el conflicto palestino-israelí.

El conflicto parece estancado. Los líderes israelíes, palestinos y los mediadores internacionales no muestran demasiada voluntad y no ofrecen soluciones. Los ciudadanos por su parte intentan acostumbrarse a vivir inmersos en la violencia, el miedo y, en el caso de los palestinos, la ocupación.

“Me preocupa esa normalización del conflicto. Aquí la gente habla cada vez menos de liberación y nos preocupamos más bien por sobrevivir. Es muy frustrante, porque la derecha israelí se ha salido con la suya. Siempre dijeron que era una cuestión de tiempo que el mundo se acostumbrara a la ocupación y la aceptara como un hecho, y al final están teniendo razón”, explica Meir Margalit, activista israelí y exconcejal de Jerusalén.

Dos sondeos mostraron en estos días una fotografía bastante desalentadora del estado de ánimo de palestinos e israelíes. La interrupción del proceso de paz es negativa para 59% de los israelíes y 57% apoya la creación de un Estado palestino tomando como base las fronteras de 1967, es decir sin colonias, y con Jerusalén Este como capital, concluyó una encuesta realizada en marzo por el New Wave Research Institute.

Todo ello, siempre y cuando los palestinos reconozcan la existencia de Israel y garanticen unas mínimas condiciones de seguridad. Sin embargo, sólo 13% de los israelíes cuestionados considera que un acuerdo global pueda alcanzarse en la próxima década y 59% cree que el actual statu quo continuará.

Del lado palestino, el optimismo no es mayor: 51% de los encuestados apoya la solución de dos Estados, pero 65% cree que una Tercera Intifada ayudaría a las aspiraciones palestinas, según el sondeo realizado en marzo por el instituto de investigación palestino PSR; 61% considera además que la creación de un Estado no es físicamente posible debido al avance israelí de las colonias y 82% cree que Israel desea en el largo plazo anexionarse todos los territorios palestinos.

Colonias vs. paz

“Mucha gente habla de las negociaciones como si fueran a salvar al mundo: las negociaciones son solamente el instrumento civilizado para resolver un conflicto, pero si las partes no concuerdan en cuál es el fin de esas conversaciones, no sirven de nada, y lo que ocurre aquí es que Israel no cree en la solución de dos Estados ni en terminar la ocupación. Y las colonias y la paz no van de la mano. Podríamos negociar 50 años más para nada”, apunta Xavier Abu Eid, portavoz de la Organización para la Liberación de palestina.

La expansión de las colonias israelíes en Cisjordania y en Jerusalén Este, ilegal según la comunidad internacional, sigue siendo uno de los principales obstáculos para reiniciar cualquier negociación de paz. Cada nuevo anuncio del gobierno israelí sobre la construcción de varios centenares de casas en asentamientos provoca el disgusto de Estados Unidos y las críticas de la Unión Europea y la ONU, cuyo secretario general Ban Ki-moon recordó recientemente que las colonias “son ilegales y un obstáculo para la paz”.

“Pero nadie hace nada para poner freno a esta situación y los palestinos sienten que Israel siempre se saldrá con la suya”, lamenta Abu Eid.

Según los más recientes datos de la Oficina de Estadísticas israelí, de 2009, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu regresó al poder, a 2014 los colonos de Cisjordania aumentaron 23% y llegaron a 355 mil. A ellos se suman los cerca de 300 mil colonos que viven en el este de Jerusalén, ocupada por Israel en 1967 y posteriormente anexada pese a las condenas internacionales. Especialmente revelador es el dato de que en los últimos 21 años, cuando se iniciaron las conversaciones de paz entre las partes, el número de colonos israelíes se ha duplicado.

“Ya nadie cuestiona el derecho de Israel a existir en 78% de la Palestina histórica, el problema es que está queriendo existir en el 22% restante y construyendo colonias. Entonces no hay espacio físico para un Estado palestino”, agrega Abu Eid.

Para el exgeneral de brigada israelí Shlomo Brom, que participó en conversaciones de paz con los palestinos en los noventa y hoy es investigador en el Instituto Israelí para Estudios de Seguridad, en este momento no hay cómo negociar bilateralmente ni cómo tomar decisiones que conduzcan a un acuerdo duradero.

“Falta la confianza mutua: (El presidente palestino Mahmud) Abbas no cree que se pueda negociar con este gobierno israelí pero tampoco apoya la lucha armada de los palestinos. Por su parte, Netanyahu no considera a Abbas un interlocutor válido. El primer ministro le tiende la mano, pero enseguida lo acusa de instigar la violencia, presionado por la derecha más radical que forma parte de la coalición en el poder. Este gobierno israelí no cree en la resolución del conflicto y apuesta más bien por gestionarlo”, estima el experto.

Diplomacia multilateral

Ante este panorama, las autoridades palestinas decidieron en los últimos años cambiar de estrategia y acudir a la comunidad internacional, convencidos de que las negociaciones cara a cara con Israel son estériles.

Desde principios de este mes, un borrador de resolución redactado por los palestinos que condena los asentamientos en Cisjordania circula entre los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Parece ser la última carta de Abbas, muy desgastado internamente, quien ha iniciado esta semana una gira internacional que terminará el miércoles 20 en Nueva York.

Su viaje está destinado a defender esta resolución y una negociación multilateral de paz que tenga como garantes a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, a países árabes, al Cuarteto de Oriente Medio (Estados Unidos, Rusia, la ONU y la Unión Europea) y a países emergentes como Brasil, India y Sudáfrica.

“La tercera parte es decisiva en la resolución de este conflicto. Sobran ejemplos de problemas que no hubieran podido resolverse sin la comunidad internacional: Kosovo, Timor Oriental, Sudáfrica… Pero no queremos que Estados Unidos siga monopolizando el proceso de paz, lo queremos en la mesa, pero no sólo a él”, explican consejeros de Abbas.

En 2011, una resolución parecida impulsada por los palestinos obtuvo 14 votos a favor y el veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. En esta ocasión, comentaron consejeros de Abbas, se trata de un texto “más suave” que reafirma “posiciones que Estados Unidos sólo puede aceptar”. No está claro si el texto podría ser presentado a votación este mes, durante la visita de Abbas, o después.

“No hay garantías de que Estados Unidos proteja esta vez a Israel, ya que la comunidad internacional siente que la obstinación de nuestro gobierno es el primer obstáculo para progresar hacia un acuerdo”, estima Brom.

Netanyahu dejó también entrever su preocupación ante estos movimientos en el tablero diplomático. “Abbas está dando un paso que alejará las negociaciones. La única forma para avanzar son negociaciones directas y él está impidiéndolas”, dijo en un comunicado.

Además del proyecto de resolución, los responsables palestinos cuentan con la iniciativa presentada por Francia, que desearía organizar una conferencia internacional de paz en los próximos meses, y en el deseo de Barack Obama de dejar un legado en Medio Oriente antes de abandonar el poder.

“Obama puede al menos reactivar el proceso e imponer de nuevo la idea de dos Estados, una premisa esencial que se ha ido olvidando en los últimos dos años”, confían consejeros de la presidencia palestina. l