Empresarios “vampirizan” al Hospital Civil

El seguimiento de un complejo entramado empresarial de proveedores de servicios e insumos de laboratorio clínico para el Hospital Civil de Guadalajara revela que empresas privadas están usando para su provecho el costoso equipo de la institución médica y contratos a modo. Según empresarios y empleados del nosocomio, un personaje central en este negocio es la directora de Regulación de Bancos de Sangre de la Secretaría de Salud estatal, Guadalupe Becerra.

Mientras usuarios del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara (HCG) Fray Antonio Alcalde deben comprar los insumos para practicarse exámenes de laboratorio, María Guadalupe Becerra Leyva, directora de Regulación de Bancos de Sangre, hace negocio particular con el material y equipo del nosocomio, acusan empleados y proveedores.

Además, apuntan que la funcionaria, también exjefa del Banco de Sangre del HCG, exige a los proveedores que le vendan los insumos para su Laboratorio Santa Clara al mismo precio que al HCG, a pesar de que adquiere volúmenes ínfimos.

Los quejosos piden que se realice una auditoría, pero no del nosocomio ni de la Contraloría del estado, “pues son tapadera, sino por un despacho externo que conozca del tema. Ahí va a salir cómo hace negocio, sobre todo con la sangre”, señalan.

Además del negocio que hace la actual directora de Regulación de Bancos de Sangre –dependencia a cargo de la Comisión para la Protección de Riesgos Sanitarios de Jalisco (Coprisjal)– a costa del HCG, Becerra Leyva todavía cobra en esta institución de salud a pesar de que ya no labora ahí.

De acuerdo con la página de Transparencia del HCG, la funcionaria todavía está adscrita al banco de sangre del Fray Antonio Alcalde como médico especialista C, con un sueldo mensual de casi 42 mil pesos brutos.

Por ser directora de Regulación de Bancos de Sangre, recibe una percepción de 50 mil 400 pesos brutos, según se publica en el sitio web de la nómina de los Organismos Públicos Descentralizados.

Becerra Leyva es propietaria del Laboratorio Santa Clara, que tiene tres sedes: la matriz se ubica en el Sanatorio San Francisco de Asís, en la avenida Américas 1946; una filial a espaldas del Antiguo Hospital Civil, en Tenerías 736-A, y la otra en Santa Teresita, en Herrera y Cairo 1716.

La empresa se constituyó el 18 de diciembre de 2008 mediante la escritura 24420, ante el notario público número 55, Juan Enríquez Reyes. De acuerdo con el folio mercantil 46359 inscrito ante el Registro Público de Comercio, los otros socios del laboratorio son: Leticia Oscos Álvarez, la religiosa Josefina Elva del Real Luna y el presbítero Manuel Plascencia Sánchez.

En el acta constitutiva quedó asentado que Oscos Álvarez es gerente de diagnósticos, pero no se especifica de cuál empresa. Proceso Jalisco encontró el contrato L06/2010/09 de compraventa de materiales y suministros de laboratorio que el HCG estableció el 1 de enero de 2010 con Instrumentos y Equipos Falcón, cuya representante legal es Oscos Álvarez.

La compra fue por un monto mínimo de 8 millones 665 mil 992 pesos y un máximo de 21 millones 673 mil 337. El contrato fue firmado por el entonces director general del HCG, Jaime Agustín González Álvarez, actual titular de la Secretaría de Salud Jalisco (SSJ).

En una de las cláusulas del contrato se estipula que el proveedor tiene la obligación de proporcionar al nosocomio, en calidad de comodato, “los equipos y/o aditamentos cuando éstos se consideren necesarios e imprescindibles para la correcta y segura aplicación y uso de los materiales y suministros de laboratorio, además de hacerse responsable del mantenimiento de dichos equipos”.

En cada uno de los contratos que firma el laboratorio con el HCG se maneja una cláusula similar, que Becerra Leyva aprovecha para sacar del nosocomio los aparatos para llevarlos a su laboratorio, por ejemplo para hacer los estudios de aféresis a sus usuarios.

El procedimiento de aféresis consiste en conectar por vía venosa, a través de uno o dos accesos al paciente con una máquina separadora, mediante un equipo de bolsas y tubos de recolección estériles. El procedimiento puede durar hasta dos horas.

Uno de los testigos de las anomalías señala que Becerra Leyva, “sin llenar ningún formato, se lleva la máquina a la hora que quiera. Hace el procedimiento usando la máquina que está en comodato en el Civil y cobra como particular”, señala uno de los testigos que pidió el anonimato.

Detalla que si se trata de una aféresis terapéutica, el precio por sesión en un laboratorio particular oscila entre los 25 mil a 40 mil pesos y se requieren mínimo tres.

“Para justificar la salida de la máquina (Becerra Leyva) les pide a los proveedores que se la presten en demostración, como si fuera a comprarla o que digan que no está funcionando, cuando no es cierto. Ya nada más compra los desechables, vende el servicio y regresa la máquina”, afirma el entrevistado. El precio del aparato para realizar las aféresis alcanza los 40 mil dólares.

Agrega esa misma persona que a Becerra Leyva “le vale gorro impactar al Hospital Civil al comprar los montos máximos. Sabemos realmente que no consumían los máximos. Por ejemplo, para el procedimiento de la aféresis se necesitan dos horas por paciente si son plaquetas. Si el personal labora ocho horas, harían cuatro procedimientos por día y 80 al mes, pero no hacen cuatro, realmente hacen dos diarios cuando mucho, si acaso hacían 55 por mes”.

Cuando se le pregunta qué pasa con el resto de los desechables, responde que una auditoría reflejaría a dónde se van, “pero te aseguro que en el Hospital Civil no se aprovechan”.

Entramado irregular

Proveedores de tubos de ensayo, de reactivos y de desechables, consultados por Proceso Jalisco, aseguran que Becerra Leyva les pide precios especiales para su laboratorio. “Nos comentaba: ‘Te estoy consumiendo en el Civil, yo te consumo los máximos y sabes que no se hacen todos los procedimientos’. Esto lo hacía para convencernos de darle al mismo precio que vendemos al Hospital Civil y teníamos que acceder”.

Obtener los insumos a un precio menor al que compran el resto de los laboratorios particulares es una ventaja para el negocio de Becerra Leyva. Este semanario comprobó que en el Laboratorio Clínico Santa Clara se ofrece el servicio de banco de sangre al mismo precio que en el Seguro Popular.

Mientras que en el sector privado una unidad de sangre tiene un costo máximo de 4 mil 700, Becerra Leyva la ofrece en 2 mil pesos en el hospital de especialidades Santa Catalina, que se encuentra en la calle Pablo Valdez 715, en la colonia de clase media baja La Perla, y en 3 mil pesos en el Sanatorio San Francisco de Asís, cuyos usuarios son de clase media alta. En ambos nosocomios tiene un banco de sangre.

“Ella usa el equipo y material del Hospital Civil, mueve las unidades de sangre y luego lucra con las unidades”, reiteran los inconformes.

Por su parte, los empresarios del ramo se quejan de que “no se puede competir contra esos precios que logra gracias a los proveedores, es competencia desleal”. A la vez cuestionan que al ser titular de Regulación de Bancos de Sangre, Becerra Leyva es “juez y parte. ¿A ella quién le audita que su banco de sangre realmente cumpla con la norma oficial?”.

Cuando se constituyó la sociedad del Laboratorio Santa Clara quedó asentado que Becerra Leyva era médico responsable del banco de sangre del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Dio como su domicilio particular el de la calle Nicolás Bravo 110, colonia Atemajac del Valle, Zapopan. La misma dirección proporcionó Sara Cristina de la Cruz Becerra –al parecer su hija–, quien es la representante legal y administradora del laboratorio.

Estas mismas funciones las tiene Josefina del Real, a la vez directora general del sanatorio San Francisco de Asís. En el acta constitutiva se identificó como enfermera especialista y jefa de quirófanos, con domicilio en avenida Américas 1946, colonia Lomas del Country, es decir, donde se encuentra el sanatorio San Francisco de Asís.

Según se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 16 de febrero de 2010, ante la Secretaría de Gobernación quedó registrada la asociación Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio, de la cual forma parte la hermana Josefina Del Real.

También proporcionaron el mismo domicilio Oscos Álvarez y el sacerdote Manuel Plascencia. Afirmaron que viven en la calle Isla Sumatra 2395-306, en la colonia Bosques de La Victoria, en Guadalajara. En ese lugar está registrada la empresa Central Distribuidora de Reactivos Para Laboratorios.

En el acta constitutiva de esta compañía se asentó que cada socio aportó un capital de 100 mil pesos y su objeto social es la prestación de servicios profesionales de análisis clínicos, radiológicos, de ultrasonido toppler color, 4D y convencional, radiología convencional, mastografía, electrocardiogramas, ecocardiología, densitometría ósea, holter, colposcopia y tomografías.

Según el instrumento mercantil 27481, del 14 de noviembre de 2011, los titulares ampliaron el objeto de la sociedad ante el notario número 14, Alberto Farías González Rubio: “Implementar, operar, administrar y prestar el servicio de banco de sangre, así como todos los servicios y actividades inherentes al mismo. Además, prestar el servicio de biología molecular y las actividades conexas al mismo”.

A los ocho meses de constituida la empresa, los socios obtuvieron buenas ganancias y acrecentaron el capital social a 760 mil pesos, “por lo que las partes sociales se distribuyeron, en partes iguales cada uno, 190 mil pesos”, según quedó registrado en la escritura pública 25245, del 25 de agosto de 2009. En este documento se aprobaron los estados financieros de enero a agosto de 2009 que presentó la entonces representante del laboratorio, Guadalupe Becerra.

El presupuesto que asignó el Ejecutivo al HCG en 2015 fue de 2 mil millones 995 mil 881 mil 298 pesos. De ese monto, 461 millones 322 mil 875 pesos se destinaron a materiales y suministros.

De 2013 a la fecha, por ese concepto se le asignaron casi 208 millones de pesos al proveedor Instrumentos y Equipos Falcón, representado por Oscos Álvarez, también socia del Laboratorio Santa Clara.

En el portal de Transparencia también se encontró que el 14 de junio de 2012 el HCG emitió un cheque para el Laboratorio Santa Clara por 372 pesos. Aunque el monto es ínfimo, lo relevante es que en ese tiempo Becerra Leyva era jefa del banco de sangre del nosocomio.

Llama la atención que, según la relación de pagos de 2012, se emitieron varios cheques para cubrir gastos de pasteles, taxis, tiendas como Soriana, Walmart, Oxxo, Costco, estacionamientos, librería Gonvill, servicios aéreos y restaurantes, uno de ellos de sushi. Sin embargo, se informaba escasamente de la emisión de cheques para la compra de insumos médicos.

Por otro lado, destaca que en plena escasez de insumos en el HCG se contrató a la empresa Centurión Alta Seguridad Privada, cuyo propietario es el secretario de Movilidad, Servando Sepúlveda. El año pasado se le pagaron 25 millones 284 mil 861 pesos por los servicios de 189 elementos sin armas.

El HCG, sin insumos

Este semanario acudió dos veces al área de laboratorio del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara y comprobó que los usuarios son obligados a llevar su propio material, a fin de que les practiquen los análisis clínicos, sin importar que cuenten con el Seguro Popular. También encontró que en varias ocasiones los usuarios se han retirado del laboratorio sin realizar la toma médica por falta de material.

El pasado viernes 18 se colocó un letrero para avisar que el lugar “estaba cerrado por falta de material para realizar tomas de sangre”. Una de mujer que no recibió la atención el día 18 y tuvo que volver el martes 22, es Rosa María Villeda. “No había material (el viernes). Me retiré y nadie sabía nada. Ningún empleado nos supo decir cuándo nos podrían hacer los análisis”, señala.

Esa ocasión, al ver que a unos usuarios les pedían tubos de ensayo para practicarse los análisis, la señora Villeda preguntó al empleado del laboratorio que se encontraba en la puerta si necesitaba material.

“Yo le dije que había venido el viernes. La gente se hace bolas y no hay quién nos diga si compramos material o no. También otra señora le preguntó si no había material, para ir a comprar una jeringa. Él le dijo que no fuera, porque lo que necesitaba eran reactivos, que cuestan mucho dinero”, señala Villeda.

El empleado del laboratorio, a quien un compañero llamó Eloy, advirtió a los usuarios que le hacían preguntas que si no se formaban serían culpables de que el resto no pudiera realizarse sus análisis: “Se llegan las 9:30 y yo cierro –dijo, aunque según el letrero en la puerta ese servicio se debe prestar hasta las 10– y el que alcanzó, alcanzó. Si no, vénganse mañana”.

Cuando la señora Rosa María insistió en saber si tenía que comprar algún material y cuestionó que cómo era posible que no lo tuvieran, el empleado la retó: “Vaya con el director a preguntarle por qué no hay material, aquí la espero”.

Otra de las más de 200 personas que hacían fila el martes, quien se identificó sólo como Margarita, recordó que el martes 8 también se suspendió el servicio por falta de material y ella tuvo que regresar dos días después: “Tuve que venir hoy a las 5:30 para poder alcanzar ficha. La semana pasada vine y repartieron fichas, pero ahora no lo hicieron”.

Guadalupe, una persona de escasos recursos que cuenta con Seguro Popular, al enterarse que debía comprar un tubo de ensayo de entre ocho y 13 pesos, se fue porque tenía justo el dinero necesario para volver a su pueblo.

Una usuaria regular del laboratorio explica que en la orden médica se estipula qué material debe llevar el paciente para los exámenes; puede ser desde un vaso esterilizado y tubos de ensayo con tapa verde, azul, morado o naranja, hasta jeringas. Además, se les recomienda que compren en las farmacias que están frente al hospital.

Otra opción que tienen los usuarios para comprar insumos es una tienda de abarrotes que se encuentra también cruzando la calle, en la esquina de Coronel Calderón y Eulogio Parra. Debido a que la tienda de abarrotes infringe su giro con la venta de material médico, es necesario pedirlo de manera directa a las empleadas, como atestiguó este semanario.

La señora Claudia González acudió a la Dirección del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara para denunciar los malos tratos del empleado Eloy, pero le dijeron que debía presentar la queja en la subdirección. En esta oficina la canalizaron a la puerta aledaña, pero la recepcionista le dijo que ahí tampoco era.

Finalmente, González envió la queja a la oficina de la Gerencia de Calidad, frente al pasillo de salas de hospitalización. En este lugar le mencionaron que debía registrar la queja en Sidevoz (Sistema de Detección de la voz del usuario), donde le pidieron que llenara un formato explicando el motivo de la queja.

La persona que la atendió le comentó que en los últimos meses han recibido numerosas quejas de usuarios por la falta de material, no sólo en el laboratorio, sino en todo el hospital. Refirió que el nosocomio está pasando por una crisis como nunca había sucedido. También se le pidió comunicarse en 15 o 22 días para saber qué procedió con la queja. l