Nuestros últimos acontecimientos locales revelan datos tristes que no podemos presumir. Actuamos con infantilismo que no se agradece. Nos comportamos basados en esquemas pueriles, con escasa o nula reflexión y análisis, lo que distingue el actuar de los adultos. Si en otros estados andan igual o peor, es comparación que de nada sirve. Nosotros demostramos fehacientemente que el adjetivo cruel de “jalisquillos” con el que nos vituperan los que nos quieren ofender, lo tenemos bien ganado. Esta vez hay que concederles la razón.
No va esta referencia a la confrontación entre la policía y los soterraños del “crimen organizado”, que sigue viva y actuante. Va a cumplirse ya el año de aquella jornada cruenta en la que un helicóptero del ejército fue abatido en Villa Purificación, circunvalada luego con una treintena de bloqueos. De esa página no hablan más las fuerzas castrenses ni los medios. Secuela de fondo para los habitantes del estado es la militarización de nuestros espacios domésticos. El discurso justificador de tales despliegues no se mueve un renglón más allá de lo dicho en el momento en que se salió la tropa del cuartel a la calle.
Antes del duro encontronazo en Purificación se vivió la masacre de una decena de policías en Ocotlán. Luego fue la emboscada de Mascota. El choque armado en Purificación cerró la pinza del despliegue de fuerza total instaurado como secuela en todo el territorio del estado. La fuerza militar se abrió de capa para enfrentar a los sicarios embozados y poner orden. Es su proclama legitimadora. Se supone que no ha habido cambios de relevancia en el año transcurrido. Sin embargo tenemos que registrar el incremento sordo de hechos cruentos, que han tomado cuerpo a últimas fechas.
Hace apenas cosa de semanas se reportó intranquilidad creciente en la zona de Los Altos, concretamente en Lagos de Moreno. Se registró enseguida el ajusticiamiento de tres mandos policiacos en Tlaquepaque. Luego vino el acribillamiento sufrido por el alcalde de Ahualulco, en la zona Valles. Esta semana repite dosis el jefe de seguridad de Zapotlanejo, municipio al que se planea integrar a la zona metropolitana. Por fortuna los blancos de estos dos atentados salieron ilesos. Pero la fuerza bruta, la presencia criminal, los dictámenes de muerte volvieron a levantar la mano. No se retira de entre nosotros la mente necrófila que toma decisiones de exterminio. No la inhibe la presencia castrense abierta.
La referencia a las niñadas en nuestros actos públicos viene por otro carril. Supuso nuestra gente que al votar por equipos distintos a los priistas y panistas el trato en las oficinas del gobierno iba a cambiar. No sólo eso, supuso que el cambio iba a ser opuesto a lo soportado por décadas. Poco a poco va despertando todo mundo de los frentazos que sigue recibiendo. Una vez sentado en la cátedra de la alcaldía tapatía, Enrique Alfaro hizo gala de baño de pueblo. Como en campaña se ganó a la amplia masa de descontentos, el polvo de los caminos recorridos le sirvió para salirse de la torre de marfil y situarse en medio de los inconformes para entablar diálogo. Tenía enfrente a la monserga de los comerciantes informales que le hicieron crisis al gobierno de Ramiro, una herencia incómoda que había que zanjar.
De pronto los apapachó y la promesa de resolver el problema inundó el ánimo de las partes. Ya pasaron seis meses o más. Eso de que antes ustedes eran comerciantes informales tricolores y ahora podrán seguir invadiendo las calles, sólo que con uniforme naranja, viene a ser un mero simulacro de solución. Es obvio que si se quiere buscar una salida seria, habrá que conmover los cimientos de nuestra economía deforme. Ella es la que genera miserables y desocupados a borbotones. No podía entonces el equipo del MC ofrecer una solución de fondo. Hacerlo era soltar a retozar un paquete demagógico. Hubo tales promesas y hay tales desencantos. La plantilla de Alfaro está recibiendo taches en su expediente de gobierno recién estrenado. Recibe improperios y no las estrellitas en la frente que salió a buscar.
Vamos al mercado Corona. No se estrena del todo, aunque muchos locatarios ya se están trasladando a él. Mas sigue estando inacabado el edificio. Basta con dar un breve paseo por dicha instalación para constatarlo. Las calles que se improvisaron como locales para expendios siguen sin desocuparse; los nuevos locales no terminan de ser recibidos y el tráfico en la zona experimenta el mismo desastre de hace dos años, cuando se desató toda esta parafernalia y que no tiene para cuando terminar. Ramiro, el alcalde anterior, se quiso vestir de gala y entregar una obra inconclusa. Es historia pasada. Hizo bien Enrique Alfaro en desmontar el teatro mendaz de los priistas y volver a la obra, al ruido, a las perforadoras, a los trascabos.
Era lo que correspondía. Una obra se entrega terminada, para pasar a la siguiente etapa. El problema presente reside en que no se han resuelto a fondo sus daños estructurales. Los edificios de la calle Zaragoza siguen apuntalados. Probablemente vayan a ser demolidos. Durante la obra fueron visibles hundimientos y grietas en vías y banquetas por el lado de la acera norte. Abierta la circulación la acera sur, se ve que es lo mismo. Lo peor de todo es que el piso inferior del estacionamiento está completamente inundado de agua. A todas las dificultades e incomodidades que generó esta obra, por si hubieran sido pocas, se les vinieron a sumar los estropicios por la construcción de la tercera etapa del tren ligero. Ya concluirá este baile y se harán los recuentos.
Pero donde nuestro infantilismo se lleva el palmarés es en las decisiones que toman nuestros nuevos representantes. ¿Cómo nos van a explicar los diputados del MC el hecho de haberse pronunciado en pleno a favor de Trinidad Padilla López, hermano de Raúl, para procurador de desarrollo urbano? Que quede a un lado lo de que no llena los requisitos para el cargo. ¿No fue bandera que le valió simpatía y aceptación a Alfaro, y por tanto a sus paniaguados del MC, su declarada decisión de ya no dar más juego en las instancias públicas a los vividores del establo del padillaje, pues ya nos han demostrado hasta la saciedad que el único interés que les mueve es el de sólo rezar para su santito?
El día de la mujer, el Congreso invitó de orador oficial a Leo Schwebel, un informador local conocido. En su perorata dividió a nuestras doñas en dos grupos: las mafaldas y las susanitas. Luego lanzó la chicana de afirmar que el único mérito de las edecanes es el de estar bien formadas. Derrapó pues. Algunas doñas reclamaron airadas, ofendidas en sus banderas vindicativas de género. Alejandro Hermosillo, diputado del MC presidiendo el Congreso local, propone, para zanjar el daño, que las vistosas muchachas de los eventos ya no sean llamadas edecanes, sino que se les contrate bajo el rubro de “auxiliares de protocolo”. ¿Dónde comprarán su materia gris todos estos representantes populares nuestros? ¿O cómo será que los escogemos tan inanes y obtusos, que no rebuznan porque hasta la tonada se les olvida? En fin. l








