El mayor poder fáctico de la comarca

Por estos días, los jeques que controlan a la UdeG desde hace más de un cuarto de siglo volvieron a demostrar que incluso perdiendo ganan. Pese a que en las elecciones del año pasado salieron derrotados los candidatos identificados con ese grupo político –encabezados por el exrector Raúl Padilla, quien junto con sus allegados vio cómo adversarios políticos suyos llegaban a los principales cargos municipales y legislativos de la entidad–, la cúpula padillista ha conseguido que esos adversarios, que en la actualidad ya no parecen serlo tanto, les hagan concesiones muy superiores a las que los propios jeques udegeístas hubieran podido imaginar.

Entre esas concesiones o negociaciones, tácitas o explícitas, que las autoridades emanadas del Partido Movimiento Ciudadano (PMC) les han hecho a los mandarines universitarios se encuentran: el reciente nombramiento del exrector José Trinidad Padilla como titular de la Procuraduría de Desarrollo Urbano (Prodeur), y la designación como presidente de El Colegio de Jalisco de Javier Hurtado, quien entre otras cosas ocupó de manera efímera la rectoría del Cucsur de la UdeG.

Asimismo, hay que incluir el reiterado subsidio anual por varios millones de pesos que las administraciones municipales (tanto del PRI como del PAN y ahora de PMC) de los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan –a los que se acaba de sumar Tlajomulco– han venido entregando anual y puntualmente a la cúpula padillista para chifladuras tan frívolas y costosas como el llamado Festival Internacional de Cine en Guadalajara, esa suerte de Hollywood totonaca que en sus 30 años de existencia ha dejado muy pocos beneficios a la vida cultural.

Todo hace pensar que este colaboracionismo de las nuevas autoridades de la comarca –que por momentos pareciera rayar en la obsequiosidad–, se debe fundamentalmente a que las autoridades del PMC también ven en la cúpula padillista a un desmesurado poder fáctico de la región. Temen se pueda convertir para ellas en un escollo que dificulte sus tareas municipales y legislativas. Para ello, de ser preciso, los líderes del PMC no sólo están dispuestos a hacerles concesiones económicas y administrativas a ese poder fáctico, sino que parecieran estar convencidos de que esas gracias y cortesías están más que bien empleadas.

Con ello, los gobiernos municipales pemecistas de la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) calculan que no sólo estarían consiguiendo (algún malicioso podría decir que “comprando”) condiciones de “gobernabilidad”, sino también estableciendo negociaciones e intercambio de favores con la cúpula padillista, ventajosos para ambas partes, aunque no necesariamente para la sociedad jalisciense.

Así es como han entendido algunos enterados el hecho de que el rector de la UdeG, Tonatiuh Bravo Padilla, haya anunciado la creación de un centro universitario en los límites entre Tlaquepaque y Tlajomulco, ambos municipios gobernados por PMC, aparte de una preparatoria en el segundo de ellos, cuando hace poco, durante el rectorado anterior (el que formalmente encabezó Marco Antonio Cortés Guardado, luego del desafuero del finado Carlos Briseño Torres), la solicitud pemecista de dicho centro universitario fue rechazada tajantemente y el proyecto para el nuevo centro universitario en ZMG se terminó concretando en otro municipio, en Tonalá, que entonces como ahora era gobernado por el PRI.

También habría que entender así el acuerdo “casi unánime” entre los diputados de la presente legislatura local (con 37 votos a favor y sólo un par en contra) para elegir al exrector José Trinidad Padilla López como nuevo titular de la Prodeur, no obstante que el hermano menor del mandamás de la UdeG (¿eres tú, Raúl?) no reunía los requisitos, pues ni cuenta con “título o cédula profesional de licenciatura en derecho, arquitectura, urbanismo o alguna carrera relacionada con el desarrollo urbano, o bien un posgrado en la materia” ni tiene una “experiencia mínima de cinco años en ordenamiento y regulación de asentamientos humanos” (Mural, martes 8 de marzo).

Y a pesar de lo anterior, los coordinadores del PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista y del propio PMC les dieron línea a sus “coordinados” para que votaran a favor del menor de los Padilla López, algo que mansamente acataron todos los legisladores, con una sola excepción, pues el otro voto en contra provino del diputado independiente Pedro Kumamoto, quien denunció la mascarada, diciendo que fue un acuerdo cupular, hecho en “lo oscurito” (Mural, viernes 4 de marzo).

Por más que el coordinador del PMC, Ismael del Toro, haya querido justificar los 14 votos de su fracción a favor del exrector de la UdeG, con el argumento balín de que Trino Padilla era “el más viable” de los candidatos que habían revisado para ocupar la Prodeur, lo cierto es que la decisión estaba tomada de antemano por los mandarines de su partido como parte de un acuerdo, concesión o negociación con la cúpula padillista.

Es un secreto a voces que este grupo político que controla a la UdeG y sus recursos desde 1989, se ha ido convirtiendo en un suprapoder con el paso de los años y no obstante el frecuente cambio en las distintas administraciones que se han dado tanto en el ámbito del gobierno estatal como en los municipios de Jalisco. El grupo de marras ha llegado al extremo de convertirse en uno de los principales poderes fácticos de la región, si no es que en el principal de todos, con capacidad para poner en un predicamento a los poderes constituidos del estado como lo experimentaron en su momento los gobernadores panistas Alberto Cárdenas Jiménez y Emilio González Márquez.

Por principio de cuentas, vale decir que la permanencia de ese grupo en el mando de la UdeG ni siquiera depende del consentimiento de su propia comunidad universitaria, pues si en alguna institución pública de nuestro país han prevalecido de manera exitosa las prácticas antidemocráticas es precisamente en el seno de la universidad jalisciense que opera con el dinero del erario.

Así, mientras las distintas administraciones estatales y municipales, incluidos los legisladores de la comarca, requieren del consentimiento de la sociedad para llegar al cargo, del que luego se deben separar, una vez concluida su gestión, la permanencia en el poder de los jeques de la UdeG no depende de ningún veredicto popular ni tiene fecha de caducidad. En el primer caso, porque las personas que llegan a ocupar los más altos cargos en el organigrama de la universidad pública de Jalisco, incluidos los mandos sindicales, son “candidatos de unidad” (léase candidatos únicos), previamente palomeados por el jeque de jeques de la UdeG (¿eres tú, Raúl?). Y en el segundo, porque hay un incesante reciclaje en los cargos públicos que la cúpula padillista mantiene dentro y fuera del campus de la UdeG.

Y porque, vale subrayarlo, no contentos con usufructuar los recursos de la casa de estudios, repartiendo prebendas –entre ellas, becas al extranjero– entre sus colaboradores, aduladores y favoritos, los tentáculos del pulpo padillista hace muchos años que salieron del campus universitario y han alcanzado a los distintos órdenes de gobierno, así como a los partidos políticos con presencia en la comarca. Hasta ahora, la única excepción habían sido las autoridades y los mandos del PMC. No obstante, a partir de varios hechos recientes, como los aquí consignados, ya no se puede afirmar lo mismo. l