Los esfuerzos de la Secretaría de Salud del estado para combatir la propagación del mosquito transmisor de dengue, zika y chikungunya se han concentrado en rociar plaguicidas en las zonas que se consideran de mayor riesgo: las colonias populares. Sin embargo, los componentes químicos de esos productos pueden estar inmunizando al insecto y, lo peor, afectan gravemente a las personas expuestas a las “nebulizaciones”.
La campaña de la Secretaría de Salud Jalisco (SSJ) para reforzar mediante nebulizaciones el combate al mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue, zika y chikungunya, puede ser letal porque utiliza componentes químicos de alta toxicidad, cancerígenos y abortivos, de acuerdo con investigadores consultados por este semanario.
Durante 2015 la autoridad sanitaria invirtió casi 95 millones de pesos en equipo y en pesticidas tóxicos que no logran acabar con el mosquito. Esa especie es negra o parda, tiene dos alas, así como bandas blancas y plateadas en el dorso, tórax y patas. Se reproduce en poco más de una semana y vive alrededor de un mes. Las hembras ponen hasta 500 huevos en cada descarga y suelen poner cuatro en su ciclo de vida.
Según estadísticas del Sistema Único de Información para la Vigilancia Epidemiológica (SUIVE) de la Secretaría de Salud federal, durante 2013 se registraron en Jalisco 3 mil 98 casos de dengue y al siguiente año disminuyeron a mil 446, pero en 2015 se elevaron a 3 mil 13.
Hasta la octava semana epidemiológica de 2016 se reportan mil 840 casos probables y 97 confirmados, con lo cual la entidad ocupa el tercer lugar a nivel nacional, después de Guerrero y Tabasco.
En tanto, la SSJ aceptó que durante enero y febrero pasados aumentaron los casos locales de dengue, chikungunya y zika, lo que obligó a tomar medidas drásticas ante la alerta sanitaria a nivel mundial. Además, la dependencia admitió que en lo que va del año se han registrado en el estado 98 casos de dengue –incluida una muerte–, siete de chikungunya y dos de zika.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que el año pasado se triplicó el número de incapacidades a sus afiliados que padecieron dengue. En Jalisco, hasta octubre de 2015, se otorgaron 6 mil 127 incapacidades, mientras en 2014 fueron 2 mil 411 (El Informador, 4 de enero de 2016). Además, el instituto otorgó 121 incapacidades por casos de chikungunya.
Supertóxicos
Los plaguicidas que aplica la SSJ para combatir el Aedes aegypti comúnmente son utilizados para proteger de los insectos a los cultivos del maíz, sorgo y soya, a pesar de estar prohibidos por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).
Este semanario solicitó a la SSJ, mediante la Ley de Transparencia, un listado de los compuestos químicos del insecticida que utilizó durante 2015 en las nebulizaciones –también llamadas abatizaciones– para atacar al mosquito. La respuesta fue: Clorpirifos, Propoxur y Malathión.
De acuerdo con los documentos entregados, tan sólo en 2015 la SSJ gastó 94 millones 622 mil pesos en la compra de insecticidas y equipos para realizar las nebulizaciones en la zona metropolitana de Guadalajara. Sin embargo, la estrategia de reforzamiento no evitó que Jalisco cerrara el año pasado con un caso de zika en Guadalajara, 2 mil 998 casos de dengue y más de 70 reportes de chikungunya, de acuerdo con la página de la propia dependencia. Los datos difieren a los publicados por el SUIVE, que reporta 15 casos más de dengue.
Las nebulizaciones se aplican de manera periódica en colonias populares como Villas de Guadalupe y Mesa de los Ocotes, en Zapopan; la colonia Jalisco, Basilio Badillo y Constancio Hernández, en Tonalá; San Martín de las Flores, Ixtlahuacán de los Membrillos y el Órgano, en Tlaquepaque; además de la colonia Oblatos, El Retiro, La Penal, Blanco y Cuéllar, Talpita, Las Huertas y San Vicente, en Guadalajara.
A mediados de 2015, el organismo ambiental Greenpeace publicó un informe sobre los agrotóxicos en México, en el cual se establece que se ha incrementado el uso de plaguicidas como parte de campañas sanitarias. Sin embargo, el Catálogo Oficial de Plaguicidas autorizados por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) no ha sido revisado ni actualizado desde hace más de 10 años, por lo que incluye sustancias ya prohibidas en otros países.
La Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM) ha señalado que 186 pesticidas altamente peligrosos han sido autorizados indebidamente por la Cofepris para su uso y comercialización. Uno de estos componentes letales son los clorpirifos que utiliza la SSJ en sus nebulizaciones.
La EPA describe a los clorpirifos como un insecticida tóxico que se usa para controlar las garrapatas del ganado y las plagas en los cultivos. También, para combatir cucarachas, pulgas y termitas, y se encuentra por ejemplo en los collares antipulgas de los animales domésticos. Sin embargo, la EPA considera que los clorpirifos son peligrosos y en Estados Unidos únicamente se permite un mínimo uso agrícola.
El motivo de tal regulación es que la EPA clasifica esas sustancias químicas como potencial cancerígeno en seres humanos expuestos por contacto directo a través de piel, boca y pulmones.
Otra sustancia considerada también cancerígena, que pone en riesgo el ciclo reproductivo y el desarrollo neurológico, es el uso del Malathión (Malation) también utilizado por la SSJ como un plaguicida. En la investigación académica titulada Informe sobre los riesgos sanitarios y ambientales del Malathión, escrita en 2001 por el profesor y biólogo Raúl A. Montenegro de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, se advierte sobre los efectos irreversibles del uso del Malathión en la salud humana.
El Malathión se usa principalmente para el control de arácnidos y otro tipo de insectos. Aquí se utiliza en dosis baja para combatir al mosquito Aedes aegypti en los programas de salud pública. Sin embargo, en su investigación Montenegro afirma que, aun si se utiliza una cantidad mínima, se considera un agente perjudicial para el medio ambiente y para la salud humana, ya que es cancerígeno y puede causar cambios permanentes en el material genético, provocar malformaciones fetales, así como dañar el hígado, el sistema nervioso central, la vista y el sistema reproductor.
Desde los años noventa las organizaciones civiles han protestado contra el uso del Malathión en Estados Unidos, pero sólo en 2000 la EPA reconoció los efectos cancerígenos de este compuesto. Además, el Departamento de Salud de ese país lo asoció con la muerte fetal y con la disminución en la ganancia de peso del feto.
Este semanario buscó a toxicólogos del Colegio de México, de la Universidad de Veracruz, del Colegio de Michoacán y de la Universidad Autónoma de Nayarit, entre otras instituciones académicas, pero más de 10 investigadores se negaron a ser entrevistados sobre los efectos en la salud de los componentes químicos que utiliza la SSJ para combatir el Aedes aegypti.
Mujeres en riesgo
En entrevista, Ruth de Celis Carrillo, investigadora de la División de Inmunología del Laboratorio de Patología Ambiental del Centro de Investigación Biomédica de Occidente (CIBO) del IMSS en Jalisco, confirma que los pesticidas son un riesgo para niños y mujeres embarazadas.
En su estudio El riesgo a la salud por exposición crónica a plaguicidas en trabajadores agrícolas de Nextipac, Jalisco, publicado en 2009, demuestra que desde hace dos décadas se ha elevado la incidencia de leucemia por el uso y exposición de estos pesticidas.
Celis Carrillo concuerda en que los clorpirifos se utilizan para fumigar cultivos agrícolas y tiene compontes químicos nocivos para la salud. Señala que para el control del mosquito que transmite dengue, zika y chikungunya se deben utilizar piretroides, un grupo de pesticidas de origen vegetal y baja toxicidad.
“Los pesticidas en general tienen una repercusión sobre la reproducción, no solamente para que una mujer se pueda embrazar sino también para el desarrollo del feto. Los niños de madres que están expuestos a pesticidas nacen con bajo peso y con problemas en el desarrollo neuromotor, además de un sistema inmune muy débil”, expone.
Indica que las mujeres expuestas al contacto con pesticidas y aquellas que los manejan se ven afectadas hormonalmente en sus ciclos de ovulación. Sin embargo, el mayor daño por exposición a plaguicidas puede ocurrir durante la gestación, cuando los tóxicos limitan o bloquean las señales naturales de los sistemas hormonales de la madre al feto y envían su nocividad a las células y órganos que guían su desarrollo.
Explica que los plaguicidas pueden penetrar la piel de la mujer embarazada, llegar a la sangre y por medio de ésta atravesar la placenta y llegar al feto, ocasionado la muerte del embrión, o malformaciones, abortos espontáneos, bajo peso de los niños al nacer, retardo en el crecimiento fetal, alteraciones en sus cromosomas, reducción del tiempo de lactancia y contaminación de la leche materna.
Es el caso de Mónica Berenice Zúñiga, de 26 años, quien el pasado febrero perdió a su bebé en el séptimo mes de gestación. La habitante de la colonia Blanco y Cuéllar, en Guadalajara, está convencida de que fue un efecto del pesticida que constantemente aplica la Secretaría de Salud en su rumbo.
Zúñiga relata que la segunda nebulización en aquella colonia se realizó el 2 de febrero y los empleados de la SSJ dejaron fuera de su casa una nube de pesticida que le ocasionó dolor de cabeza, oídos y garganta. Dos días después el corazón de su hijo en gestación dejó de latir debido a un infarto placentario.
Sostiene que los médicos que le realizaron la cesárea confirmaron que el feto había muerto por la exposición de pesticidas, pero ninguno se atrevió a asentarlo en el certificado de defunción por temor a perder su trabajo en la Secretaría de Salud. La causa de la muerte en su acta de defunción sólo reporta una “interrupción de la circulación materno fetal”.
“Me siento en un estado de impotencia. Me da mucho coraje saber que perdí a mi hijo y buscar justicia sería como ponerme con Sansón a las patadas”, expresa la joven.
Además, la investigadora De Celis precisa que las nebulizaciones no garantizan la muerte del mosquito, que se vuelve cada vez más inmune a los plaguicidas.
“No se debe dejar todo a la nebulización. Hay cosas sencillas que se pueden hacer para prevenir la epidemia, como el uso de mosquiteros, tener plantas limpias en el hogar y privilegiar las áreas verdes”, concluye.
Por su parte, el miércoles 9 la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuestionó la efectividad de los métodos de rocío de insecticida para reducir el dengue, por lo que queda la interrogante de cómo las autoridades pueden detener la propagación del zika. La funcionaria de la OMS Marie-Paule Kieny señaló que falta evidencia de que la forma clásica de combatir el dengue tenga algún impacto sustancial en la reducción de casos. l








