La semana pasada hizo crisis el equipo del gobierno municipal encabezado por la señora Ma. Elena Limón García en Tlaquepaque. Desde días antes se venía conformando el jaloneo entre su equipo, que llegó al poder del municipio por las siglas del Movimiento Ciudadano (MC), con el de los priistas desplazados, feligreses de los Barba. Éstos llevaban muchos años controlando la parcela, lo que da en pensar que se trata de un pleito anunciado o por lo menos esperado.
No está clara todavía la panorámica de si los señores del MC sortearán con felicidad esta crisis. Ni es fácil hacerle al augur sobre enredos que se vinculan al cableado de las lealtades. Pero entristece el dato que medien crímenes arteros, si es que la muerte de tres mandos policiacos lleva sus ligas a estos intereses y enjuagues. En muchos otros momentos de la vida política del país, las hebras rojas de estos asesinatos conducen a tales móviles oscuros. Ojalá esta vez no tengamos que constatar que se trata de prácticas malévolas de este tipo.
Las renuncias habidas en el equipo edilicio y en el cuerpo administrativo de la señora Limón sí apuntan a que dicha administración está haciendo agua. Destaca entre todas estas separaciones, por la calidad de su persona, la de Esteban Garaiz, en los hechos el jefe de gabinete. La alcaldesa queda, con el alejamiento de Esteban, indefensa ante la jauría de los Barba. De antiguo se conoce la fama de este grupo, que se mueven a sus anchas en las aguas de la impunidad, la corrupción y de todas las malas artes posibles de nuestra vida política. No tiene sentido insistir en esta negra página de su historial.
Me interesa hablar más bien de Esteban Garaiz, un personaje de limpia trayectoria, rozado ahora de cerca por el rumor de la discordia. Su dignidad personal le obligó a levantar un dique para evitar que la batahola de esta confrontación pedestre le arrastre consigo. Hice una primera asociación de su renuncia, con la que el panista Efraín González Morfín le presentó al gobierno de Alberto Cárdenas, a poco tiempo de desempeñar la cartera de la Secretaría de Educación en el estado.
Con la llegada del panismo al gobierno estatal, supuso don Efraín que efectivamente se presentaba una ocasión seria para trabajar por el ideal educativo que buscó plasmar en los hechos toda su vida. Aceptó el cargo de inmediato al entonces popular Bebeto. Más tardó en instalarse en el puesto que descubrir los arreglos, las complicidades y las truculencias que se arman entre el poder estatal y el SNTE, insufribles a una persona sensata. Es lo que realmente mantiene postrada a la educación en el país. Don Efraín no era persona para soportar tantas bajezas y corruptelas. Al mirar que nada o muy poco podía hacer, que resultara positivo en dicho ambiente, optó por abandonar el barco. Así fue que solicitó su renuncia al puesto.
No se entienda, por lo ahora dicho, que Esteban y Efraín se conducen por la vía de las prédicas panistas. Esteban Garaiz ha expuesto muchas veces sus convicciones públicamente. Su fidelidad política se atiene a los principios del nacionalismo revolucionario, que fluyen por los cánones del Estado de bienestar. Son posturas y banderas que tremola la izquierda de López Obrador. Ya se sabe que fue por dicha vía como se conectó Esteban con el equipo electoral de Alfaro, quien también inició su presencia intensa ante la voluntad popular de los electores jaliscienses enarbolando banderas lopezobradoristas.
Los colores de inicio en las proclamas de Alfaro y sus seguidores, ya de forma masiva, no aparecieron por la vía del PRD por la sumisión de éste a los caprichos y dictados de Raúl Padilla. Alfaro andaba en las filas del sol azteca. Pero los intereses convenencieros del padillaje se opusieron a que fuera su candidato para el gobierno estatal. En los comicios de 2012 vivimos en Jalisco el extraño espectáculo de que AMLO fuera el candidato del PRD a nivel nacional y Alfaro fuera el candidato lopezobradorista a gobernador, pero no con las siglas del PRD sino con las del MC. Hasta después de los comicios se deslindó Obrador del PRD y apareció el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Muchos esperaban que el equipo alfarista tomara el mismo derrotero y se definiera por Morena. Tal definición no ha llegado y tal vez no llegue. Ya se verá.
El hecho de que Esteban Garaiz sostuviera abiertamente en sus proclamas e intervenciones públicas los idearios lopezobradoristas no debe entonces generar confusión. Proviene de la claridad de su convicción. Y no sale del equipo de Tlaquepaque por un desajuste en estas líneas de definición política sino por razones más hondas. Se encontró de pronto en el aula regenteada por la historia, la maestra de la vida, quien le ordenó que saliera de clase, que fuera a ocupar su puesto, el que le pertenece, el que nunca debió haber abandonado.
Estudió humanidades clásicas. Obtuvo el grado en filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma, Italia. Después estudió en El Colegio de México. Logró una maestría en relaciones internacionales y otra en economía. Fue agregado cultural de la embajada de México en Costa Rica y también vocal ejecutivo en el IFE. Un día antes de su renuncia, dictó una brillante conferencia en el Tercer Congreso Jalisciense de Filosofía, sobre nuestra violencia política. Es evidente que su sitio está entre los estudiosos. Su renuncia es reconvención de la maestra de la vida por su incursión al inmediatismo de nuestros políticos fácticos.
Dice Platón, en un muy conocido pasaje de su libro la República (473d): “A menos que los filósofos reinen en las ciudades o cuantos ahora se llaman reyes y dinastas practiquen noble y adecuadamente la filosofía, de manera que vengan a coincidir una cosa y otra, la filosofía y el poder político, y sean detenidos por la fuerza los muchos caracteres que se encaminan separadamente a una de las dos, no habrá, amigo Glaucón, tregua para los males de las ciudades, ni tampoco, según creo, para los del género humano…”.
Pienso que sólo desde esta atalaya se puede entender su separación. El mal entendimiento entre las huestes de practicantes de la política municipal, estatal y nacional, tan chatos, tan burdos, con los hombres de pensamiento, con los personajes de reflexión; el divorcio entre los que reinan en las ciudades y los que practican noble y adecuadamente la filosofía genera estas rupturas.
Lo peor de esta lección no tiene que ver tanto con el hecho de que se disgreguen ambas fuerzas del ejercicio político, sino que, por mantenerse ambas a distancia, como nos lo predijo atinadamente el ateniense, tampoco hay tregua para los males de la ciudad. No parece pues haber cura para tantos males que nos aquejan, si continuamos actuando con tanta ceguera y disensión voluntaria. Pueden seguir muchos más aferrados a la tarea de advertírnoslo. Simplemente no le aprendemos ninguna lección a la maestra de la vida, aunque nos caigan a la mano las pruebas de la veracidad de sus asertos. l








