Las maniobras del equipo de policía del veterano detective Hwang (Sol Kyung-gu) y su asistente novata Piggy (Han Hyo-joo) para pescar al criminal, y los trabajos del maleante James (Jung Woo-sung), se desarrollan sobre líneas siempre paralelas, o superpuestas, como si nunca se fueran a cruzar; una forma de desarrollo de la acción que incomoda el esquema acostumbrado de Hollywood de saturar y explicar todo.
En realidad, la yuxtaposición narrativa es un arte en el cine extremo oriental, como lo ilustra la magna secuencia de Vigilancia extrema (Corea del Sur, 2013) dentro de un túnel con dos pares de vías de tren.
No sólo se trata de un buen remake de un thriller de Hong Kong; esta película, dirigida por Jo Ui-seok y Kim Byung-seo, comprueba la capacidad del cine coreano para asociar acción y estilo hasta caminar por el filo de la navaja; cada detalle en la malla urbana –calles, automóviles y transeúntes, trenes y pasajeros– son claves de una sola pieza musical. Los lugares comunes del género –persecuciones y peleas– componen coreografías donde cada actor se da a conocer por la acción, el movimiento que realiza desde cómo maneja las armas hasta la manera de mover los ojos.
Para los aficionados al género, Vigilancia extrema es el tipo de películas que nunca cansan por más que se vuelvan a ver: el suspenso aquí no depende de un secreto, sino de una danza; no de lo que ocurre, sino cómo.
El cine coreano también forma parte del imperio de los signos donde el signo es un fin en sí mismo. Y, claro, los signos son también síntomas. El título en inglés de la original, Ojo en cielo (Eye in the Skye, 2007), dirigida por Yau Nai-hoi, brazo derecho de Johnny To, expresa la inquietud que se vive actualmente en la ciudad estado bajo la amenaza del control total de la China continental. El título coreano es Cold Eyes; la red de cámaras urbanas y métodos de espionaje sobre los ciudadanos, por parte de la policía y el estado, con la que juega Vigilancia extrema, asustan porque nadie escapa al control y al rastreo.
La dependencia a la que pertenece el detective Hwang no encarcela a los delincuentes; los deja sueltos en el laberinto urbano, las cámaras se dedican a rastrear rostros y comportamientos. El encuentro entre Ha y James, el criminal, es parte del diseño de una gráfica disfrazada de accidente.
La sorprendente memoria fotográfica de Ha, que la equipara a los superhéroes de Hollywood (la capucha que lleva es señal clara), sería la respuesta humana, la mutación necesaria para adaptarse y defenderse del ojo que está en el cielo. Vigilancia extrema no sanciona la posibilidad de abuso de la vida privada, se conforma con explotar la ambigüedad entre la alta tecnología de defensa americana y la amenaza constante del Norte, el precio que el ciudadano paga para sobrellevar el miedo.
Por eso el epílogo, posible secuela, apunta a un ataque terrorista. a








