Llevan años de lucha para que la sociedad jalisciense venza la transfobia y los reconozcan como son. Hoy, las personas transexuales y transgénero representan 3% de la población jalisciense y exigen su derecho a cambiar de identidad de género y a que se respete su decisión. Entrevistados por Proceso Jalisco, Zack y Erick cuentan sus experiencias de vida y piden apoyo para quienes, como ellos, intentan cambiar de sexo.
Tiene 35 años y es originario de Tequila. Desde hace un lustro comenzó a luchar por el reconocimiento de los derechos de las personas transgénero y los transexuales. Se llama Zack Alberto Zacarías Najar y se graduó como ingeniero industrial, pero recientemente comenzó a estudiar leyes para tener más herramientas jurídicas y defender a ese núcleo poblacional estigmatizado, al que pertenece.
La lucha no ha sido fácil, comenta Zack, quien preside la asociación civil Impulso Trans, antes conocida como Transforma–T, la cual ofrece ayuda jurídica, médica y psicológica a la población trans de Jalisco y de otras entidades que busca vivir plena y legalmente bajo una nueva identidad de género.
Pese a haber nacido mujer, hace 10 años Zack entendió que su identidad de género siempre fue la de un hombre. Más allá de las críticas sociales y morales, relata, empezó a investigar sobre cómo iniciar con su proceso de transición.
En las redes sociales encontró el respaldo que necesitaba en grupos de apoyo de Argentina, España y la Ciudad de México. Ellos le hicieron ver que no tenía que vivir encorsetado en un cuerpo de mujer si eso lo hacía infeliz. Una vez, Zack vio el video en Youtube en el que un trans español contaba su experiencia. De inmediato comprendió que asumirse como mujer no iba con su identidad del género.
“En 2013, cuando empecé mi transición, me di cuenta que en Jalisco no había información sobre el tema; sólo había grupos de apoyo para gays y lesbianas. Lo poco que se sabía era sobre la transición femenina, pero no sobre la transición masculina. Recurrí a las redes para saber qué hacer”, comenta Zack.
Sin ayuda médica ni psicológica, Zack comenzó su proceso de masculinización. Sus amigos de otros países le recomendaron ir con un endocrinólogo y se sometió a un tratamiento hormonal. Su voz se hizo gruesa y comenzó a salirle vello facial. Después visitó a varios cirujanos y al final encontró apoyo en Familias por la Diversidad (Fadis) y se sometió a una mastectomía como parte de la reasignación sexogenérica.
Zack compartió su experiencia a jovenes trans que vivían en Jalisco a través de las redes sociales. Luego fundó la organización Transforma-T para brindarle apoyo a quienes quisieran cambiar de sexo.
Uno de los primeros en someterse a una transición de género fue Erick Owen Ramírez.
Erick, un adolescente delgado y sonriente, recibe a la reportera y acepta la entrevista mientras saborea su café. Cuenta que desde los 16 años decidió cambiar de sexo, pues desde su infancia solía vestir prendas de hombre, pese a los regaños de su madre.
Antes de someterse a la operación, psicólogos y psiquiatras le diagnosticaban depresión, pero nunca detectaron qué la provocó. Erick decidió esperar a cumplir su mayoría de edad y compró sus primeras hormonas a escondidas.
“Pagué 190 pesos por un fármaco llamado Testoprim-D y me lo inyecté. Noté los cambios al día siguiente; mi mamá se dio cuenta seis meses después, cuando me vio la panza y el vello corporal. Como es enfermera, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Se encabronó, pero yo estaba decidido a seguir con mi transición”, cuenta.
A los dos meses, dice Erick, su voz se hizo más gruesa, una reacción que en la mayoría de las personas es mucho más lenta. También advierte sobre los riesgos de inyectarse testosterona, pues cada cuerpo es diferente y un exceso puede provocar un efecto reversible de feminización, pues la testosterona aumenta el estrógeno.
El siguiente paso fue la mastectomía y posteriormente la histerectomía, una operación quirúrgica costosa a la que muchos no recurren por falta de dinero. Según sus cálculos, la aplicación de hormonas se debe hacer cada quincena durante un tiempo prolongado. Luego viene la cirugía, que oscila entre 30 mil y 80 mil pesos.
“El tratamiento de la testosterona hace que el útero pierda su función y se atrofie, por lo que debe extirparse. Sin embargo, al llegar al ginecólogo lo primero que nos dicen es: Y la novia, ¿dónde está? Y como muchas veces por pena a explicarles que cambiamos de sexo, dejamos de acudir. Si hubiera médicos más sensibilizados, otra cosa sería.”
Las personas trans decidieron crear la asociación que hoy preside Zack para dar asesoría jurídica gratuita a quien la solicite para el cambio de documentos; psicológica, y médica, tanto en endocrinología, urología y ginecología, así como para la cirugía de reasignación de género.
La transfobia
El sexólogo Édgar Ramón Rosales Galarza comenta a Proceso Jalisco que los prejuicios han impedido que los cirujanos atiendan a las personas que quieren cambiar de sexo, sobre todo a las mujeres.
El cuerpo de la mujer es idealizado para ser feminizado, por lo que los médicos se niegan a realizar cirugías sexogenéricas a personas trans. A ello se suma que el sector salud del estado carece de especialistas para atender a personas transgénero y transexuales, que, según estimaciones, es 3% de la población jalisciense.
Tan sólo en la zona metropolitana de Guadalajara hay alrededor de 300 personas trans que buscan un tratamiento médico y psicológico especializado para tener las herramientas necesarias y vencer la transfobia que se vive en Jalisco, sostiene Rosales Galarza.
“Sólo la Ciudad de México tiene un protocolo para brindar ayuda especializada a las personas trans. Vemos que, ante la falta de información, en Jalisco es común la automedicación, lo que puede desencadenar enfermedades a largo plazo, así como alteraciones psicoemocionales entre los trans, incluido el suicidio”, comenta el sexólogo.
Lo peor es que en Jalisco la población transgénero y transexual no está reconocida por la ley, como en la Ciudad de México, donde el Código Civil autoriza la expedición de actas de nacimiento de quienes adquieran nueva identidad de género, aunque no hayan nacido ahí.
En 2014 entró en vigor el reconocimiento de identidad de género, gracias a una reforma del Código Civil del Distrito Federal. Ahora cualquier persona cuya identidad no concuerde con el sexo asignado al nacer, puede cambiar sus documentos oficiales. Quienes nacieron fuera de la capital del país cambiaron de sexo y sacaron un acta con su nueva identidad, así como una nueva credencial de elector, licencia de conducir y pasaporte, entre otros documentos oficiales.
El problema para los trans de Jalisco es que las autoridades locales no reconocen los documentos expedidos fuera del estado, únicamente validan la primer acta de nacimiento emitida en los registros civiles de la entidad. Eso provoca que las personas trans cuenten con dos identidades.
El abogado Luis Guzmán, de la organización civil Cohesión de Diversidades para la Sustentabilidad (Codise), explica a Proceso Jalisco que eso, además de ser discriminatorio, es ilegal. Indica que en las dos últimas legislaturas locales, grupos de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Trans e Intersexual (LGBTI) han pugnado por una ley estatal de identidad sexo genérica similar a la de la Ciudad de México.
“La realidad es que no hay una voluntad en los legisladores de reformar el Código Civil y pugnar por los derechos de las personas. No debiera ser un problema que el estado garantizara el derecho a la identidad, pues es un derecho que marca la propia Constitución. Lo único que se pide es que las personas trans puedan acceder a la expedición de documentos en el estado con su nuevo nombre y género, conservando sus antecedentes. Pero el costo político y moral pesa más en aquellos que nos gobiernan”, refiere.
Y concluye: “Si bien se aprobó a finales de 2015 la Ley Estatal para Prevenir y Erradicar la Discriminación, Jalisco sigue siendo uno de los estados más atrasados en esta materia”.
Y aunque el abogado descarta que en los ámbitos laboral y educativo haya más discriminación, admite que ahí también hay acoso. Es el caso de un maestro de la Secundaria Mixta 4 que cambió de sexo, por lo que fue expulsado del plantel.
El afectado, que ahora se llama Andrea Carolina, acudió a la Comisión Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación, por lo que la Secretaría de Educación Jalisco tuvo que reinstalarlo en su puesto después de varios años de litigio. l








