“¿Qué culpa tiene Fatmagül?”

Una serie turca doblada a un español cuyo tono que parece brasileño se exhibe en el Canal 13 de TV Azteca en horario estelar. Su título es ¿Qué culpa tiene Fatmagül? El desenlace está próximo, pues salió al aire en septiembre de 2015.

Consta de dos temporadas y un total de 80 episodios. Se grabó en un pueblo de pescadores cerca de Esmirna, así como en Estambul, entre septiembre de 2010 y junio de 2012. En su país de origen y la región de los Balcanes, su éxito ha sido enorme. Incluso se dice que las telenovelas latinoamericanas serán desplazadas por los productos turcos en la zona, ya que los habitantes de ese lugar se identifican con los personajes; las historias rememoran una forma de vida familiar y unos valores que están por desaparecer.

En efecto, Fatmagül (nombre de mujer) representa un retroceso en el trato a las mujeres. Después de sufrir una violación múltiple, el novio la repudia y la familia la obliga a casarse con uno de los agresores. Sólo después de muchas peripecias se desposará con quien de verdad la ama, Kerim. Éste había participado en el asalto, aunque drogado, por lo cual no recuerda nada.  Otro de los criminales le indica que él se mantuvo al margen, pese a lo cual fue encarcelado como autor.

Sin grandes recursos de producción, la serie se apoya en los rostros de los actores, todos muy bien parecidos, en sets construidos como escenarios teatrales por cuyas puertas entran y salen los personajes. Los exteriores son escasos.

La serie es en realidad una telenovela por su estructura dramática, sus personajes, su desarrollo. El desempeño de los actores es terriblemente simplista, lo que se corresponde con los diálogos. Los protagonistas tienen siempre la misma expresión para cada evento: de enojo, de sorpresa o de drama con lágrimas a granel. Avanzan apenas los hechos por capítulo. Azteca se encarga de hacerla más cansada al incluir tantos cortes comerciales.

No obstante, la serie no sólo ha sido favorecida por el público en aquella parte del mundo, ésta se ha difundido en Asia, en Europa y en nuestro continente con buena audiencia. La exhibieron canales comerciales de Perú, Uruguay, Colombia, Brasil, Chile, Argentina y ahora México.

El declive de los productores mexicanos de melodramas es cada día más patente. Se manifiesta en una baja del número de obras realizadas por las televisoras nacionales, que recurren de manera creciente a la compra de piezas elaboradas en otras latitudes. En lugar de exportar, las empresas nacionales importan. Es más barato y cómodo, aunque el género que nació en América Latina, se extendió por el mundo, sirvió de base para crear historias sentimentales, hoy da la vuelta para fundar nuevas ofertas.