ÁLAMOS, SON.– Dentro del FAOT 32 (Festival Alfonso Ortiz Tirado) que se realiza cada enero en esta entidad, se presentó el singular espectáculo Ópera para niños que consistió básicamente en la representación de la obra del compositor español don Manuel de Falla (1876-1946) El retablo del maese Pedro (1923).
Se trata de una pequeña ópera para marionetas basada en un pasaje de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (capítulos 25 y 26) de Miguel de Cervantes (1547-1616). El impulsor de este proyecto fue el director escénico Oswaldo Martín del Campo, quien atinadamente homenajea a Cervantes en su año y demostró lo mucho que se puede hacer con poquísimo presupuesto. La obra tuvo cinco representaciones en Sonora, tres en esta ciudad, una en Hermosillo y otra en Navojoa a las que asistieron niños de las escuelas de esos municipios.
Por tratarse de una obra de muy breve duración, 28 minutos, antes de la representación se les explica a los niños qué es una voz grave y una aguda y cada uno de los cantantes interpreta un aria de ópera: O mio babbino caro la soprano, Una furtiva lágrima el tenor y La calumnia el bajo.
Por falta de presupuesto se tuvo que hacer a dos pianos en vez de con orquesta sinfónica. Otro factor en contra fue la falta de tiempo, pues este Festival se comenzó a organizar en septiembre pasado cuando entró en funciones la nueve administración estatal.
“Para colmo –nos comenta Martín del Campo– nos habían prometido prestarnos unos títeres para realizar la película que se proyecta al fondo del escenario, pero nos los negaron y los sustituimos con otros recursos y mucha imaginación.”
El resultado fue, a pesar de la evidente falta de recursos económicos, de lo más gozoso.
Esta ópera requiere de tres cantantes: la soprano que interpreta al niño Trujumán, fue la joven de Aguascalientes Martha Llamas, de estupendo desempeño; el bajo, que caracteriza a don Quijote, fue José Luis Reynoso, originario de la Ciudad de México y ganador del concurso Carlo Morelli 2014, una voz extraordinaria. Y maese Pedro, el titiritero, correspondió al joven tenor Juan Felipe Gallegos, oriundo de Guadalajara, muy buen cantante también. Los demás personajes de la obra: Sancho Panza, el estudiante y el paje, sólo hacen mímica.
El retablo del maese Pedro es una pequeña joya que hace mucho que no se le ve representada en los principales foros operísticos del país, por lo que la propuesta escénica, además de acertada, es oportuna para homenajear a Cervantes.
Los pianistas fueron Sergio Guillermo Ruiz (de Zacatecas) e Israel Barrios Barrera (de la Ciudad de México), verdaderos profesionales en la materia.








