Cacería de ONG

Organizaciones civiles de Israel que se oponen a la ocupación de los territorios palestinos sufren una persecución sin precedente con el objetivo de deslegitimarlas y silenciarlas. Desde el gobierno y sectores de derecha las señalan como “traidoras a la patria”, boicotean sus actividades, espían, agreden y arrestan a sus integrantes, y hasta han solicitado al Parlamento que las declare fuera de la ley.

JERUSALÉN.- No son buenos tiempos en Israel para quien piensa diferente, levanta la voz y dice basta. Se puede querer profundamente al país y consagrar años a intentar construir “desde dentro” una sociedad más justa pero terminar siendo calificado de traidor. Es el sentimiento de Yehuda Shaul, fundador de la ONG Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio) dedicada a recoger testimonios de militares que detallan los abusos del ejército israelí en los territorios ocupados palestinos.

“Hace ya años que una parte de la sociedad nos considera poco patriotas, pero esta enorme campaña que está en marcha contra nosotros nos ha sorprendido. No se parece a los ataques que hemos sufrido desde hace cinco o seis años. Su objetivo es claramente silenciarnos y está dirigida con detalle desde altas instancias del gobierno”, lamenta Shaul en entrevista.

Nada en este exsoldado de 33 años, judío practicante que usa kipá y nunca pierde su voz pausada y aire bonachón, hace pensar en un radical exaltado o activista peligroso. Sin embargo, Netanyahu, varios ministros, ciertos medios de comunicación y una parte de la opinión pública israelí mantienen desde hace semanas que los responsables de Rompiendo el Silencio se dedican a “calumniar a los soldados israelíes por todo el mundo” y son personas “subversivas”, “mentirosas” e “hipócritas que difunden propaganda negativa” del país.

Los discursos también se han traducido en actos: videos realizados con cámaras ocultas, “espías” infiltrados durante meses en diversas ONG consideradas de izquierda, arrestos y agresiones físicas de activistas, nuevas leyes, un boicot minucioso de las actividades de varias organizaciones y hasta peticiones en el Parlamento para declararlas fuera de la ley.

Rompiendo el Silencio, Btselem, Paz Ahora, Taayush y otras organizaciones humanitarias israelíes bien conocidas dentro y fuera del país y convertidas desde hace años en la piedra en el zapato de colonos y de la derecha más nacionalista y radical, no dudan en denunciar públicamente esos ataques y en mostrar que no lograrán su objetivo de acallarlos.

Rompiendo el Silencio fue fundada en 2004 por un grupo de soldados veteranos que habían servido en el ejército desde el estallido de la segunda Intifada, en 2000. De regreso a la vida civil decidieron dar testimonio, denunciar e informar de las actuaciones del ejército en los territorios ocupados.

Han publicado informes sobre operaciones militares basadas en testimonios de cientos de soldados, organizan conferencias, planifican visitas a zonas sensibles de Cisjordania para explicar el “día a día de la ocupación” y acuden a centros educativos para explicar a los jóvenes israelíes la realidad de los territorios palestinos.

“Hasta que el pasado 15 de diciembre el ministro de Educación, Naftali Bennett, nos prohibió el acceso a las escuelas, que era una parte muy importante de nuestro trabajo. En estos momentos aunque haya profesores que quieran invitarnos, reciben tal presión por parte del ministerio de que no pueden. Es increíble que los responsables educativos de este país, donde hay tantos problemas, se reúnan durante horas para ver cómo pueden cortarnos las alas”, explica Shaul.

Netanyahu, el responsable

El pasado 11 de enero un incendio devastó gran parte de la oficina de la ONG israelí Btselem, un emblema de la lucha contra la ocupación. El ambiente de hostigamiento contra la organización es tal que muchos israelíes, medios de comunicación e incluso los propios responsables de la organización pensaron que se trataba de un acto criminal. Sin embargo, pronto quedó claro que el fuego lo provocó un cortocircuito.

Tres semanas después, a las puertas de la oficina arrasada por las llamas, Sarit Michaeli, portavoz de Btselem, señaló a Netanyahu, que lidera desde 2014 un gobierno compuesto por partidos de derecha, nacionalistas y religiosos, como responsable del creciente rechazo que su organización provoca en Israel.

“Netanyahu construyó toda su carrera sobre el desprestigio y el hostigamiento de la izquierda y de los que piensan diferente. Él no es sólo responsable de la situación de las ONG. Todo el que abra la boca contra él va a tener problemas, aunque sea un ministro o un consejero cercano. En este país, y las elecciones lo dejan muy claro, hay mucha gente que no está de acuerdo con el primer ministro, pero tiene miedo”, explica Michaeli a Proceso.

Btselem fue creada por un grupo de académicos, diputados y trabajadores de derechos humanos en 1989 con el fin de documentar y transmitir al público israelí las violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados. Es reconocida por el rigor de sus informes, que han sido incluso tomados en cuenta por los gobiernos israelíes.

Después de 11 años trabajando en Btselem y de haber conocido periodos difíciles, Michaeli considera que en los últimos meses el gobierno rebasó un nuevo límite en su “acoso contra las ONG de derechos humanos”.

En primer lugar por presentar un proyecto de ley sobre transparencia que obligará a todas las organizaciones no gubernamentales que reciben más de 50% de sus fondos de entidades públicas extranjeras a detallarlo de manera oficial. Esta normativa afectará sobre todo a las ONG adversas al gobierno.

“Esta ley intenta sobre todo avergonzarnos y crear un clima hostil contra las ONG al obligarnos a publicar el nombre de nuestros donantes y otras informaciones, aunque realmente nosotros no tengamos nada que ocultar”, estima Michaeli.

Representantes diplomáticos de varios países europeos ya han manifestado de manera oficial sus reservas ante esta futura ley, impulsada por la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, miembro del partido nacionalista religioso Hogar Judío.

Según la ministra, organizaciones como Rompiendo el Silencio presentan una “fotografía distorsionada” del país y reciben dinero de Estados concretos “por testimonios que manchen la imagen de Israel, sean verdaderos o no”.

“Si el gobierno aprueba esa ley se pondrá a la altura de países como Rusia o China, donde las condiciones de trabajo de las ONG son muy complicadas”, responde la portavoz de Btselem.

En segundo lugar, numerosos activistas israelíes consideran que el gobierno ha dado un peligroso paso adelante en el acoso a las ONG antiocupación al apoyar y financiar “directa o indirectamente” a grupos radicales cuyo único objetivo es desprestigiarlos a ojos de la sociedad y en última instancia hacerlos desaparecer.

Nombres como Regavim, Ad Kan o Im Tirtzu, todas ellas organizaciones de extrema derecha, provocan un rictus de preocupación en los activistas.

“Están acosando a activistas, infiltran espías y pagan a detectives privados para robar documentos de abogados que defienden a estas organizaciones con el fin encontrar algo que los haga culpables de un delito”, enumera la abogada israelí Lea Schemel, que ha defendido a varios activistas.

Según la letrada, organizaciones como Ad Kan están en parte financiadas por el llamado Consejo de Colonos de Samaria (denominación bíblica de una parte de Cisjordania, actualmente territorio palestino), el cual recibe dinero público.

“No son grupúsculos de extrema derecha, son personas muy bien organizadas que reclutan gente, apoyo gubernamental y dinero. Y es inaceptable que el gobierno esté financiando a estas entidades”, estima la abogada israelí Anu Peuelle-Lusky.

Gracias a un video de una de estas organizaciones, grabado con una cámara oculta y difundido posteriormente en un programa de televisión de máxima audiencia, tres activistas, dos israelíes y un palestino que trabaja para Btselem, fueron detenidos a mediados de enero.

En el documento, filmado por militantes de derecha infiltrados desde hacía meses en una ONG, Ezra Nawi, un conocido activista israelí afirmaba que denunció a las autoridades palestinas a un palestino que intentó vender tierras a israelíes, lo cual pudo ocasionar su encarcelamiento o incluso su muerte.

La policía los acusó de conspiración y de participación en la muerte de un ciudadano árabe. Pasaron varios días detenidos y fueron finalmente liberados sin cargos porque las acusaciones no se pudieron demostrar.

“Es una cacería de brujas. Este caso es político y está vacío”, corrobora Schemel, también encargada de la defensa del ­activista.

Goteo de víctimas

Esta campaña contra las ONG coincide con una ola de violencia que desde octubre ha dejado un saldo de 164 muertos palestinos, una buena parte de ellos agresores, y 26 israelíes. El goteo de víctimas es prácticamente cotidiano. A diferencia de la primera y segunda Intifadas, estos ataques no son cometidos por miembros de movimientos palestinos armados, sino por ciudadanos sin militancia política ni antecedentes, muchos de ellos muy jóvenes.

“Y ante la ola de violencia, la única respuesta del gobierno es más agresividad. Por eso no van a acallarnos, porque en 50 años de ocupación vemos cómo la situación se deteriora, cómo nuestros líderes no atienden los verdaderos problemas y angustias de los ciudadanos”, afirma Michaeli.

Btselem cuenta con 40 trabajadores y una importante red de voluntarios en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental. Su particularidad es que a menudo son familias que viven en situaciones extremas: sus casas están rodeadas de colonias israelíes, corren el riesgo de ser expulsadas o residen en una zona donde hay enfrentamientos a menudo. Todos ellos tienen cámaras prestadas por la ONG con las que graban situaciones complicadas de su vida cotidiana, abusos o arrestos.

“Aún tenemos la libertad de actuar y de decir públicamente lo que queremos decir, aunque el gobierno no nos lo ponga fácil. Hemos recibido mensajes odiosos, la gente viene a insultarnos a la oficina y en algunos casos hemos sufrido ataques físicos, pero han sido hasta ahora hechos aislados”, explica Michaeli.

Hace años que, por seguridad, las oficinas de muchas ONG israelíes ya no tienen ninguna placa indicativa en la puerta. En las últimas semanas han tenido también que modificar otros aspectos de su manera de trabajar y prestar más atención a la seguridad, a sus movimientos, a las conversaciones telefónicas o a la gente que intenta ganarse su confianza.

“Los teléfonos de varios compañeros han sido publicados en las redes sociales y están recibiendo llamadas amenazadoras. Dos miembros de la organización fueron atacados y también nuestra oficina. Por primera vez tenemos guardias de seguridad en la puerta 24 horas al día, siete días por semana”, explica Shaul.

En la cabeza de estos activistas israelíes una idea está clara: la campaña contra las organizaciones humanitarias continuará, pero sin duda fracasará.

Y concuerdan en que el lado positivo de este hostigamiento ha sido recibir apoyos nuevos e inesperados. “¡Antiguos responsables de los servicios de seguridad del Estado respaldando a Rompiendo el Silencio! ¿Quién lo hubiera pensado? Y en diciembre, cuando la campaña contra nosotros arreció, recibimos una cantidad récord de donativos. Hay gente en Israel que siente que hay que actuar porque el futuro de este país está en juego”, confía Shaul.